Me olvido de beber agua todo el día y al final tengo dolor de cabeza
Son las 7 de la tarde. No has bebido agua en todo el día. Te duele la cabeza y no sabes por qué. Bueno, sí lo sabes.
Son las 7 de la tarde. Me duele la cabeza. Me noto raro. Cansado, pero un cansancio distinto. Tardo un rato en caer. Miro la botella de agua que tengo en la mesa del escritorio. Está llena. Exactamente igual que esta mañana cuando la llené.
No he bebido agua en todo el día.
Y no es la primera vez. Es martes y ya me ha pasado el lunes también. Y probablemente el viernes anterior. Es un patrón tan predecible que ya debería tener solución, pero no la tengo.
¿Cómo te olvidas de algo tan básico como beber agua?
Pues muy fácil. Porque beber agua no genera dopamina. No es interesante. No es urgente. No hay una notificación que te diga "oye, bebe". Tu cuerpo sí te lo dice, pero la señal de sed es tan suave que tu cerebro la descarta como spam.
Es como esos emails del dentista que ignoras. Llegan. Los ves. Pero entre eso y lo que tienes en la pantalla, pierden siempre.
Y cuando estás metido en algo, concentrado, en modo "esto me interesa", el mundo exterior desaparece. La sed desaparece. El hambre desaparece. Las ganas de ir al baño desaparecen. Eres un cerebro flotante conectado a una pantalla. Tu cuerpo es un accesorio prescindible.
Hasta que no lo es. Hasta que a las 7 de la tarde tu cuerpo dice "oye, que llevo 10 horas sin agua, ¿te importa?". Y te importa, sí, pero ya es tarde. El dolor de cabeza ya está ahí.
¿Es pereza o es algo más?
No es pereza. La pereza sería saber que tienes que beber y elegir no hacerlo. Esto es distinto. Esto es no ser consciente de que no has bebido. Es un fallo de esa sensación de que todo te cuesta más que a los demás aplicado a lo más básico que existe: mantenerte hidratado.
Porque no es que no quieras. Es que tu cerebro no te avisa. O te avisa tan bajito que no le oyes. Y cuando te das cuenta, llevas 8 horas en modo desierto.
La botella está ahí. La ves. Pero verla y recordar que tienes que usarla son dos procesos distintos. Uno visual, otro ejecutivo. Y el ejecutivo está ocupado con 47 cosas más interesantes que beber agua.
Lo que estoy probando para no acabar deshidratado
He probado alarmas. No funcionan. Las ignoro. Mi cerebro las clasifica como ruido de fondo a los 3 días. He probado apps. Igual. He probado botellas con marcas de hora. Funcionan una semana y después dejan de existir para mi atención.
Lo que sí funciona, y me da vergüenza decirlo, es la gamificación tonta. Tengo una regla: cada vez que voy al baño, bebo un vaso. No tengo que acordarme de beber. Solo tengo que vincular beber a algo que ya hago. Es un hack. Es ridículo. Pero funciona.
También pongo la botella en el camino entre mi escritorio y la puerta. Literalmente en el suelo, donde voy a tropezar con ella. Porque mi cerebro ignora lo que está en mi campo visual normal, pero no puede ignorar algo que casi le hace caer.
Y si me preguntas si es normal necesitar trucos de nivel preescolar para beber agua, te diré que no lo sé. Lo que sé es que si te olvidas de todo sin saber por qué, si las necesidades básicas de tu cuerpo te pasan desapercibidas constantemente, eso no es "ser despistado". Es un cerebro que prioriza de forma diferente.
No diagnostico. No soy médico. Pero si tu cuerpo te tiene que gritar para que le hagas caso, quizá valga la pena entender por qué.
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