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No sé priorizar: todas las tareas parecen igual de urgentes

12 tareas pendientes, todas urgentes. Tu cerebro con TDAH no filtra importancia. No es falta de método, es un cerebro que no distingue prioridades.

tdah

12 tareas pendientes. Todas urgentes. Todas importantes.

Contestar ese email. Llamar al dentista. Terminar el informe. Comprar leche. Preparar la reunión del jueves. Revisar la factura. Sacar al perro. Enviar el presupuesto.

Miras la lista y tu cerebro las ve todas al mismo nivel. Como si alguien hubiera cogido un rotulador rojo y hubiera marcado todas como "PRIORIDAD MÁXIMA". Incluida la de comprar leche.

Y no es que seas desorganizado. No es que te falte un buen planificador, una app de tareas con código de colores o un curso de productividad con la matriz de Eisenhower.

Es que tu cerebro no filtra urgencia.

¿Por qué con TDAH no puedes distinguir qué es realmente urgente?

Porque tu cerebro funciona con un sistema de priorización distinto al de la mayoría.

Un cerebro neurotípico tiene una especie de filtro interno. Recibe todas las tareas, las ordena automáticamente por importancia y urgencia, y te dice "esto primero, esto después, esto puede esperar". No es que esas personas sean más disciplinadas. Es que su cerebro hace el trabajo sucio sin que se enteren.

Con TDAH, ese filtro no funciona bien. Tu corteza prefrontal, la parte que se encarga de decir "esto es más importante que aquello", va con el depósito medio vacío. Y cuando el filtro no filtra, todo pesa lo mismo.

El email del cliente pesa igual que la leche. La reunión del jueves pesa igual que el dentista. El presupuesto pesa igual que sacar al perro.

Y tu cerebro, al ver 12 cosas con el mismo peso, hace lo más lógico del mundo: se bloquea. Porque elegir una significa ignorar once. Y las once siguen gritando.

Es como estar en un restaurante con 200 platos en la carta y todos cuestan lo mismo. Sin categorías, sin fotos, sin recomendación del chef. Solo 200 líneas de texto. ¿Qué hace cualquier persona normal? Se agobia y pide lo de siempre. O no pide nada.

Eso es lo que le pasa a tu cerebro con las tareas.

¿Es pereza o es parálisis?

Spoiler: no es pereza.

Lo que desde fuera parece "no hace nada" o "lleva toda la mañana mirando el móvil", desde dentro es un cerebro que está procesando 12 tareas a la vez sin poder elegir una. Eso tiene nombre: parálisis por análisis. Y con TDAH es el pan de cada día.

El cerebro neurotípico prioriza en automático. El cerebro con TDAH necesita hacerlo en manual. Cada. Vez. Cada mañana. Cada tarea nueva que entra en la lista.

Imagina tener que decidir conscientemente cuál de tus dos piernas mover primero cada vez que das un paso. Llegarías al baño en 45 minutos. Eso es priorizar con TDAH: un proceso que para otros es invisible y para ti consume la mitad de la energía del día.

Y encima, cuando por fin eliges una tarea, aparece la duda. "¿Y si debería estar haciendo la otra?" Esa vocecita te persigue como un mosquito en verano. No te deja trabajar en paz. No te deja estar presente en lo que has elegido porque sientes que estás eligiendo mal.

¿Por qué los métodos clásicos no te funcionan?

Porque están diseñados para cerebros que ya saben priorizar.

La matriz de Eisenhower te dice: "pon aquí lo urgente-importante y aquí lo no urgente-no importante". Genial. Pero si tu cerebro ve todo como urgente-importante, la matriz se convierte en un cuadro con todo en la misma esquina.

Las listas de tareas tampoco ayudan. Las haces con ilusión un lunes por la mañana. 47 elementos perfectamente escritos. Y el martes a las 10, miras la lista y sientes el mismo agobio que sin ella. Porque la lista no te dice por dónde empezar. Solo te recuerda todo lo que tienes pendiente.

Lo que funciona con TDAH es diferente. No necesitas un sistema de priorización más sofisticado. Necesitas reducir las opciones a una.

Una. No tres. No las cinco más importantes. Una.

Porque tu cerebro necesita que la barrera de entrada sea lo más baja posible. Si le das una sola tarea clara, puede arrancar. Si le das cinco "igual de importantes", se queda mirando la pared.

¿Qué hago entonces con mis 12 tareas urgentes?

Lo primero: acepta que tu cerebro no va a ordenarlas por ti. Eso ya lo sabes, pero merece la pena decirlo en voz alta. No va a pasar. No es que hoy sea un mal día. Tu cerebro funciona así.

Lo segundo: saca las decisiones de tu cabeza. Literalmente. Escribe las 12 tareas en un papel. Ahora pregúntate solo esto: "si a las 6 de la tarde solo hubiera hecho una, ¿cuál me quitaría más peso de encima?". No cuál es la más importante objetivamente. Cuál te da más alivio.

Y la haces. Solo esa. Sin mirar las otras once.

Porque el truco con TDAH no es priorizar mejor. Es eliminar la decisión de priorizar. Reducir el ruido. Que tu cerebro solo vea una cosa en lugar de doce.

¿Es perfecto? No. ¿Hay días que la tarea que eliges no era la "correcta"? Sí. Pero una tarea terminada siempre gana a doce tareas pensadas y ninguna empezada.

Porque el problema nunca fue que no supieras priorizar. El problema fue que nadie te explicó que tu cerebro necesita una forma diferente de hacerlo.

Y eso no es un defecto. Es información.

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