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No sé qué hacer primero: la dificultad de priorizar con TDAH

Tienes 12 cosas urgentes y tu cerebro las ve todas a la vez sin poder elegir ninguna. No es desorganización. Es TDAH y la priorización rota.

tdah

Tienes 12 cosas que hacer. Todas son urgentes. Todas son importantes. Y tu cerebro las ve como 12 bolas de billar que se mueven solas sin que puedas apuntar a ninguna.

La factura. La llamada. El email. El médico. Comprar algo para cenar. Contestar a tu madre. Esa cosa del trabajo que no recuerdas exactamente qué era pero sabes que es importante. Y otras cinco que están ahí, flotando en segundo plano, generando ruido.

Así que te sientas. Miras la lista. Y no haces nada.

No porque seas vago. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro no sabe cuál es la primera. Y si no sabe cuál es la primera, no empieza ninguna.

¿Por qué tu cerebro no sabe elegir?

Priorizar es una función ejecutiva. Y las funciones ejecutivas son exactamente lo que el TDAH te jode.

Un cerebro neurotípico mira una lista de 12 tareas y automáticamente las ordena. Esta es urgente. Esta puede esperar. Esta la hago después de comer. Sin esfuerzo consciente. Como respirar.

Tu cerebro con TDAH mira la misma lista y ve 12 tareas al mismo nivel. Todas a la misma distancia. Todas con la misma urgencia percibida. Es como estar en un cruce de 12 calles sin semáforos ni señales. Puedes ir a cualquier lado, pero precisamente por eso no te mueves.

Y es que el problema no es que no quieras hacer las cosas. Es que tu cerebro no tiene un sistema interno de ranking. No sabe asignar niveles de importancia de forma automática. Lo que para otros es un proceso invisible, para ti es un esfuerzo consciente y agotador que se repite cada vez que miras tu lista de tareas.

Todo es urgente, así que nada es urgente

Esto es lo más paradójico.

Cuando todo parece igual de importante, tu cerebro entra en un cortocircuito. Porque si todo es urgente, no hay criterio para elegir. Y sin criterio, no hay decisión. Y sin decisión, no hay acción.

Es la misma mecánica que cuando tienes 47 tareas pendientes y no puedes empezar ninguna. La parálisis no viene de la pereza. Viene de la sobrecarga de opciones. Tu cerebro se queda mirando el menú sin pedir.

Y lo peor es que mientras no decides, la ansiedad sube. Porque sabes que deberías estar haciendo algo. Sabes que el tiempo pasa. Sabes que cada minuto que no decides es un minuto menos para hacer lo que sea que decidas. Pero eso, en lugar de ayudarte a mover el culo, te paraliza más.

Es un bucle. Ansiedad porque no haces nada. Parálisis porque la ansiedad te bloquea. Más ansiedad porque sigues sin hacer nada.

"Haz una lista y prioriza"

Gracias, genio. No se me había ocurrido.

Este es el consejo que te dan todos. Como si el problema fuera que no tienes lista. Tienes lista. Tienes tres listas. Tienes una en el móvil, una en un post-it, y una en la cabeza que es la más caótica de todas.

El problema no es que no hagas listas. El problema es que tu cerebro no sabe qué hacer con ellas. Porque priorizar no es "escribir las cosas en orden". Priorizar es un proceso mental que requiere evaluar cada tarea, compararla con las demás, asignarle un nivel de urgencia e importancia, y decidir un orden de ejecución.

Y eso, para tu cerebro, es como pedirle que haga un sudoku mientras conduce.

No es que no puedas. Es que el coste cognitivo es tan alto que tu cerebro prefiere no arrancar antes que enfrentarse a ese proceso. Y si encima la lista tiene más de cinco cosas, olvídate. Bloqueo total.

¿Y la urgencia real? Esa sí funciona

Aquí viene lo irónico.

No puedes priorizar 12 tareas a las 10 de la mañana. Pero a las 11 de la noche, cuando mañana tienes la reunión y no has preparado nada, de repente tu cerebro decide que esa es LA tarea. Y la haces. En dos horas. Concentrado como un láser.

Porque tu cerebro no funciona con importancia. Funciona con dopamina. Y la dopamina no viene de lo importante. Viene de lo urgente, lo nuevo, lo que tiene consecuencias inmediatas.

Cuando quedan 10 horas, no hay dopamina. Cuando quedan 2 horas, hay un chorro. Y tu cerebro de repente sabe perfectamente qué hacer primero. No porque haya aprendido a priorizar. Porque el pánico ha eliminado todas las opciones menos una.

Esa es la trampa. Tu único sistema de priorización es la urgencia extrema. Y vivir así funciona, hasta que deja de funcionar. Porque no todo tiene fecha límite. No todo explota si no lo haces hoy. Y las cosas sin fecha límite se quedan ahí, pudriéndose en la lista, generando culpa, ocupando espacio mental, sin hacerse nunca.

Lo que nadie te cuenta sobre priorizar con TDAH

Priorizar con TDAH no es lo mismo que priorizar sin él. Y la gente que no lo tiene no puede entender la diferencia.

Para ellos, elegir qué hacer primero es como elegir qué zapato te pones antes. No importa cuál, pero lo haces sin pensarlo. Para ti, es como elegir qué hijo salvas primero de un incendio. Todo parece igual de importante, la presión es brutal, y cualquier elección se siente como un error.

Y como cualquier elección se siente como un error, no eliges. Te quedas en el sofá mirando el móvil mientras la lista crece y la culpa se acumula y tú te preguntas por qué no puedes hacer algo tan básico como decidir qué hacer primero.

No es básico. Para tu cerebro, priorizar es una de las cosas más difíciles que existen. Y nadie te lo ha dicho porque todo el mundo asume que es fácil.

¿Hay algo que funcione?

No voy a darte una lista de 10 trucos de productividad. Si estás leyendo esto a las 2 de la madrugada buscando respuestas, lo último que necesitas es otro sistema que te va a durar tres días.

Pero sí hay una cosa que a mí me cambió la vida: dejar de intentar priorizar 12 cosas y elegir solo una.

Una. La que sea.

No la más importante. No la más urgente. No la mejor estratégicamente. La primera que se te ocurra. La que menos pereza te dé. La que puedas hacer en 10 minutos. Da igual cuál.

Porque el problema no es elegir mal. El problema es no elegir. Y cuando llevas tres horas sin moverte porque no sabes qué hacer primero, hacer cualquier cosa es infinitamente mejor que no hacer nada.

Haces una. Se te desbloquea algo. Y de repente la segunda ya no parece tan imposible.

No es ciencia. No es productividad. Es aceptar que tu cerebro no va a funcionar como dicen los libros que debería funcionar, y trabajar con lo que hay en lugar de contra ello.

Que ya es bastante.

Si leer esto te ha hecho pensar "esto es exactamente lo que me pasa", quizá merece la pena explorarlo un poco más. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero es un buen sitio por donde empezar a entender qué pasa en tu cabeza. 10 minutos.

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