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Me aburro de la gente que quiero y me siento terrible por ello

Quieres a tu gente, pero tu cerebro se aburre de ellos. No eres mala persona. Es TDAH y su necesidad constante de novedad.

tdah

Quedas con tu mejor amigo. El que más quieres. Lleváis 20 minutos hablando y tu cerebro ya está buscando la salida. No es que no le quieras. Es que tu cerebro necesita novedad para sentir.

Y lo peor no es el aburrimiento. Lo peor es la culpa.

Porque tú sabes que esa persona te importa. Sabes que si le pasara algo, te destrozaría. Sabes que darías lo que fuera por ella. Pero ahí estás, en la terraza de un bar, asintiendo con la cabeza mientras por dentro piensas en si te habrás dejado la vitro encendida, en que quieres aprender a hacer pan de masa madre, y en por qué los flamencos duermen a una pata.

Todo a la vez. En 0,3 segundos.

Y entonces te odias un poco. Porque piensas que si de verdad te importara, estarías presente. Que las personas que quieren de verdad no se aburren de su gente. Que algo en ti está roto.

No está roto. Funciona diferente.

¿Por qué me aburro de las personas que más quiero?

Porque tu cerebro no funciona con cariño. Funciona con dopamina.

Y eso no significa que no quieras. Significa que la dopamina que tu cerebro necesita para mantenerse enganchado a algo no depende de cuánto lo valoras, sino de cuánta novedad tiene.

La primera vez que quedas con alguien nuevo, tu cerebro está en modo fiesta. Todo es estímulo: su forma de hablar, sus historias, sus opiniones. Hay sorpresa. Hay descubrimiento. Hay dopamina a raudales.

La vez número 47 con tu mejor amigo de toda la vida, tu cerebro ya se sabe el guion. Sabe cómo habla. Sabe qué va a decir sobre el fútbol. Sabe que va a pedir la misma cerveza de siempre. Y no es que sea aburrido. Es que tu cerebro ya ha procesado esa información y necesita algo nuevo para activarse.

Es como un algoritmo de Spotify. No te recomienda la canción que más has escuchado. Te recomienda algo que no conoces. Tu cerebro con TDAH hace lo mismo, pero con personas.

Y eso es una putada, porque las personas no son canciones.

La culpa te hace más daño que el aburrimiento

El aburrimiento en sí no es el problema. El problema es lo que te dices después.

"Soy un egoísta." "No sé querer." "Si me aburro de mi mejor amigo, no merezco tener amigos."

Ese monólogo interno es brutal. Y falso. Pero lo repites tantas veces que te lo acabas creyendo.

Y entonces empiezan los patrones raros. Dejas de quedar. Cancelas planes. Desapareces tres meses y vuelves como si nada. No porque no quieras ver a tu gente, sino porque no aguantas la culpa de estar con ellos y sentir que no estás.

Es como un bucle: te aburres, te sientes culpable, evitas quedar, te sientes solo, quedas otra vez, te aburres, te sientes culpable. Y vuelta a empezar.

No confundas aburrimiento con no querer

Esto es importante. Porque llevamos toda la vida con la idea de que el amor es atención constante. Que si quieres a alguien, cada segundo a su lado debería ser mágico. Que el aburrimiento es la prueba de que algo falla.

Mentira.

El aburrimiento no es lo contrario del amor. Es lo contrario de la novedad. Y tu cerebro con TDAH es un yonqui de la novedad. No porque seas superficial, sino porque tu sistema de dopamina está cableado así.

Piénsalo. Tú también te aburres de cosas que te encantan. Te aburres de videojuegos que te flipan después de 20 horas. Te aburres de series que son objetivamente buenas. Te aburres de todo aunque nada sea aburrido. No es que las cosas pierdan valor. Es que tu cerebro pierde interés.

Con las personas pasa exactamente lo mismo.

¿Qué puedes hacer con esto?

Primero: dejar de machacarte. En serio. El aburrimiento no es una valoración moral. No dice nada sobre lo que sientes por esa persona. Dice algo sobre cómo funciona tu cerebro.

Segundo: cambiar el formato, no la persona. Si siempre quedas con tu amigo a tomar café y siempre habláis de lo mismo, claro que te aburres. Tu cerebro necesita variación. Queda a hacer algo. Una ruta. Un escape room. Cocinar juntos algo ridículo. Dale a tu cerebro el estímulo que necesita sin cambiar de persona.

Tercero: sé honesto. No con todo el mundo, pero sí contigo. Reconocer que tu cerebro se aburre de la gente que quieres no es un defecto. Es información. Y con esa información puedes dejar de evitar a tu gente y empezar a buscar formas de estar con ellos que funcionen para tu cabeza.

Y cuarto: entiende que el aburrimiento con TDAH no es como el aburrimiento normal. No es un "bueno, qué rollo". Es físico. Es incómodo. Es casi doloroso. Y saber eso ya cambia cómo lo vives.

No eres mala persona

Eres una persona con un cerebro que necesita novedad como otros necesitan oxígeno. Y eso no te hace peor amigo, peor pareja ni peor hijo. Te hace alguien que tiene que gestionar su cerebro de una forma que los demás no entienden.

Las personas que te quieren de verdad no se van a ir porque un martes estuvieras en la luna en mitad de una conversación. Se van a quedar. Y tú, cuando dejes de culparte, vas a poder estar más presente de lo que crees.

No porque tu cerebro cambie. Sino porque la culpa ya no te estará robando la poca atención que tenías.

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