No sé lo que quiero en la vida y tengo 30 años: la brújula rota del TDAH
Tienes 30 años y no sabes qué quieres. No es falta de ambición. Es un cerebro que salta de interés en interés sin dejar huella.
Tienes 30 años. Tus amigos tienen hipotecas, planes de futuro y una carrera clara. Tú tienes 14 pestañas abiertas de cosas que podrías querer ser.
Coach de algo. Diseñador gráfico. Programador. Escritor. Quizá montar una tienda online. O estudiar psicología. O hacerte nómada digital. O aprender carpintería, que viste un vídeo la semana pasada y te pareció la leche.
El problema no es que no te interese nada. El problema es que te interesa todo. Durante exactamente 11 días.
Y al duodécimo, se apaga. Como si alguien hubiera desenchufado la ilusión del enchufe. Sin previo aviso. Sin explicación. Y vuelta a empezar con la siguiente cosa que brilla.
¿Por qué no sé lo que quiero cuando todos parecen tenerlo claro?
Porque la pregunta ya está envenenada.
"¿Qué quieres ser de mayor?" te la llevan haciendo desde los 6 años. En el colegio. En cenas familiares. En entrevistas de trabajo. Y todo el mundo parece tener una respuesta decente. "Quiero ser médico." "Quiero montar mi empresa." "Quiero estabilidad."
Y tú piensas: vale, pero ¿por qué yo no puedo elegir una cosa y quedarme ahí?
Te voy a decir algo que a mí me habría ahorrado años de frustración: tu cerebro no funciona así. Y no es porque estés roto. Es porque tienes un cerebro que necesita novedad como otros necesitan oxígeno.
El TDAH tiene un problema con la dopamina. No es que no la produzca, es que la regula fatal. Cuando algo es nuevo, interesante, estimulante, tu cerebro se enciende como una feria. Dopamina a tope. Motivación por las nubes. "Esto es lo mío, lo tengo clarísimo."
Pero cuando lo nuevo deja de ser nuevo, cuando toca la parte aburrida, la repetición, los detalles, la constancia... la dopamina se va. Y con ella, la motivación, el interés y la certeza de que eso era "lo tuyo".
No es que no sepas lo que quieres. Es que lo que quieres cambia cada vez que tu cerebro se queda sin gasolina.
¿Eso significa que nunca voy a poder elegir?
No. Significa que tienes que dejar de buscar "la cosa" y empezar a buscar el patrón.
Yo he pasado por programador, youtuber, profesor, diseñador de sistemas, escritor, vendedor de cursos. Si me miras desde fuera, parezco alguien que cambia de trabajo cada dos años y no se aclara. Si me miras desde dentro, hay un hilo que conecta todo: construir cosas, explicarlas, y que funcionen.
La forma cambia. El fondo no.
Y eso es lo que la mayoría de gente con TDAH no ve, porque está demasiado ocupada sintiéndose culpable por haber dejado otra vez algo a medias. Pero si miras hacia atrás con honestidad, probablemente tú también tienes un hilo. Algo que aparece en todos tus intereses, disfrazado de cosas distintas.
Puede ser crear. Puede ser resolver. Puede ser cuidar. Puede ser enseñar. El envoltorio cambia, pero el regalo es el mismo.
La trampa de compararte con gente que funciona distinto
A los 30, la comparación es inevitable. Instagram te muestra a gente de tu edad comprando pisos, celebrando ascensos, publicando fotos de "5 años en la empresa" con una tarta.
Y tú miras tu vida y ves un historial de intentos abandonados. Cursos empezados que no acabaste. Proyectos que ibas a lanzar "el lunes que viene" hace ocho meses. Ideas que eran geniales a las 3 de la mañana y absurdas a las 10 de la mañana.
Pero hay algo que nadie te dice: esas personas tienen un cerebro que les permite quedarse. El suyo frena cuando tiene que frenar. El tuyo no. Compararte con ellas es como comparar un monopatín con un tren. Los dos se mueven, pero el tren va por raíles y tú vas por donde te lleve la cuesta.
Eso no te hace peor. Te hace diferente. Y diferente no es lo mismo que roto, aunque lleves toda la vida sospechando que sí.
¿Entonces qué hago con mis 30 años y mis 14 pestañas?
Primero: cierra 12. No porque sean malas ideas, sino porque tu cerebro no puede con 14 a la vez y lo sabes.
Segundo: deja de buscar certeza. No la vas a encontrar. Nadie con TDAH ha dicho nunca "lo tengo clarísimo, esto es para siempre". Y los que lo han dicho, lo cambiaron seis meses después. Busca dirección, no destino.
Tercero: acepta que reinventarte no es fracasar. Es la forma en la que tu cerebro construye una carrera. No en línea recta, sino en zigzag. Cada giro te enseña algo que el anterior no podía. Y al final, ese zigzag tiene una forma que solo tú puedes hacer.
Y cuarto: deja de pedirte respuestas que ni tus amigos con hipoteca tienen de verdad. La mayoría de la gente que "sabe lo que quiere" simplemente dejó de preguntarse. Tú sigues preguntándote. Eso no es debilidad. Es un cerebro que no se conforma.
Lo cual es agotador, sí. Pero también es la razón por la que cuando encuentras algo que encaja, nadie te para.
El problema nunca ha sido que no sepas lo que quieres. El problema es que tu cerebro te da demasiadas opciones y ningún filtro.
Y eso se trabaja. No con fuerza de voluntad. No con listas de pros y contras. Con entender cómo funciona tu cabeza y dejar de exigirle que funcione como la de los demás.
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