Erasmus con TDAH: libertad total y cero estructura en otro país
Otro país, otro idioma, cero rutina. El Erasmus es la experiencia más libre y más peligrosa para un cerebro con TDAH. Esto es lo que nadie te cuenta.
Otro país, otro idioma, cero rutina y toda la libertad del mundo.
El Erasmus es la experiencia que todo el mundo te vende como "los mejores meses de tu vida". Y probablemente lo sean. Pero si tienes TDAH, también pueden ser los meses en los que descubres qué pasa cuando le quitas absolutamente toda la estructura externa a un cerebro que funciona con estructura externa.
Spoiler: caos.
Yo no hice Erasmus. Pero he vivido en el extranjero lo suficiente como para saber lo que pasa cuando cambias de país, de idioma, de rutina, de supermercado, de horarios, de todo. Lo he hecho con TDAH. Y lo que aprendí es que la libertad total no es un regalo para nuestro cerebro. Es una prueba de fuego.
¿Por qué el Erasmus es tan peligroso para un cerebro con TDAH?
Porque funciona al revés de lo que necesitas.
Tu cerebro necesita rutina, estructura, recordatorios, entorno predecible. Cosas que te anclen. Que te digan "ahora toca esto". Porque tú solo no vas a decidirlo. No porque seas vago. Sino porque tu cerebro tiene un sistema de prioridades que no funciona con lógica, funciona con dopamina.
Y el Erasmus te quita todo eso de golpe.
De repente no tienes horarios fijos. Nadie te controla la asistencia. Las clases son en otro idioma y no entiendes la mitad. Vives con gente nueva que sale de fiesta entre semana. El campus es enorme y no sabes ni dónde queda secretaría. Y la burocracia del país de destino es un universo paralelo.
Tu cerebro, que ya tenía problemas para organizarse en su ciudad, con su gente, en su idioma, ahora tiene que hacerlo todo desde cero. En modo difícil.
Es como jugar al Tetris con las piezas cayendo el doble de rápido. Mientras alguien te habla en francés.
¿Qué es lo primero que se cae?
La rutina. Siempre la rutina.
En tu ciudad tenías una estructura que ni sabías que existía. Tus padres, tu compañero de piso de toda la vida, ese amigo que siempre te recordaba las cosas, el gym al que ibas por inercia, la alarma de siempre. Todo eso funcionaba como un andamio invisible que sujetaba tu día a día.
En el Erasmus, ese andamio desaparece.
Y sin andamio, tu cerebro hace lo que mejor sabe hacer: improvisar. Que suena bien hasta que te das cuenta de que "improvisar" con TDAH significa despertarte a las 12, perder una clase importante, recordar a las 6 de la tarde que tenías que entregar un trabajo, y acabar escribiéndolo a las 3 de la mañana con un café y media neurona funcional.
La primera semana es emocionante. La segunda, caótica. La tercera, empiezas a perder cosas. No solo las llaves. Las fechas, los plazos, la noción de qué día es hoy.
Las mudanzas y los cambios de entorno con TDAH
¿Cómo sobrevivir a un Erasmus con TDAH sin perder el año?
No voy a decirte "haz una agenda". Si fueras de los que hacen agenda, no estarías leyendo esto.
Lo que sí funciona es construir estructura mínima. No perfecta. Mínima. Lo justo para que tu día tenga anclas en lugar de flotar como un globo de helio en un centro comercial.
Elige tres cosas fijas al día. Tres, no quince. Puede ser: desayunar antes de las 10, ir a clase de X, cenar con tus compañeros de piso. Esas tres cosas son tus pilares. Todo lo demás puede moverse. Pero esas tres, no.
Pon alarmas para todo. Sí, para todo. Para las clases, para comer, para la lavadora, para el plazo de entrega. Tu cerebro no va a recordarlo. Tu móvil sí. Y no es vergonzoso. Es ser listo.
Busca a tu persona ancla. En tu vida de siempre tenías a alguien que te mantenía en órbita. En el Erasmus necesitas encontrar a esa persona. Alguien que vaya a clase, que te avise, que te pregunte "¿has hecho lo del lunes?". Hacer amigos en otro país con TDAH es un arte en sí mismo, pero encontrar a esa persona puede salvarte el cuatrimestre entero.
No te compares con los demás Erasmus. Ellos salen cuatro noches por semana y aprueban. Tú sales dos y suspendes. No es porque seas peor. Es porque tu cerebro necesita más tiempo de recuperación, más sueño, más rutina. No estás en las mismas condiciones. Deja de medirte con su regla.
¿Y lo bueno?
Porque lo hay. Y mucho.
El Erasmus con TDAH tiene una ventaja que nadie te cuenta: eres el tío más adaptable de toda la residencia.
Mientras otros se bloquean porque "esto no es como en casa", tú llevas toda la vida adaptándote a entornos que no están diseñados para ti. Llevas años improvisando, resolviendo sobre la marcha, sobreviviendo al caos. Esto es más de lo mismo, pero en otro idioma.
Tu cerebro, ese que te da tantos problemas con los plazos y la burocracia, es el mismo que te permite conectar con gente nueva en cinco minutos. El que te hace probar cosas que otros ni se plantean. El que te lanza a aprender el idioma por la calle en lugar de por los libros.
El TDAH te quita estructura. Pero te da algo que la estructura no puede comprar: la capacidad de lanzarte sin pensar demasiado. Y en un Erasmus, eso vale oro.
Lo que nadie te dice antes de irte
Que vas a tener días horribles. Días en los que no vas a ir a clase, no vas a salir de la cama, y vas a pensar que el Erasmus fue un error. Que no deberías haber venido. Que estás perdiendo el tiempo y el dinero de tus padres.
Eso no es el Erasmus. Es tu TDAH sin la red de seguridad habitual.
Y pasa. Le pasa a mucha gente. Solo que nadie lo cuenta porque en Instagram solo subes la foto en la Torre Eiffel, no la del martes a las 4 de la tarde llorando en tu habitación porque no entiendes nada y llevas tres días comiendo pasta con mantequilla.
Lo importante es que esos días no definen tu Erasmus. Son parte de él. Como los días buenos. Como las noches absurdas. Como la vez que te pierdes en una ciudad que no conoces y acabas cenando en un sitio que no aparece en Google Maps con gente que conociste hace cuarenta minutos.
Tu cerebro va a darte guerra. Como siempre. Pero también te va a dar los mejores momentos. Como siempre.
La clave no es ir preparado para que todo salga bien. Es ir sabiendo que no va a salir todo bien, y que eso está completamente bien.
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