No sé gestionar la frustración y exploto por cosas que no lo merecen
Explotas por una tontería y luego te sientes fatal. No es falta de control. Es un cerebro que procesa la frustración sin filtro.
Ayer tiré un boli contra la pared porque no encontraba las llaves.
Las llaves estaban en mi bolsillo.
Y lo peor no es el boli. Lo peor es la cara de mi novia mirándome como diciendo "¿de verdad?". Porque sí, de verdad. Un tío de treinta años lanzando un boli porque no encuentra unas llaves que tiene encima. Si lo veo desde fuera, es de risa. Pero cuando estás dentro, cuando la frustración te sube del cero al cien en medio segundo, no es de risa. Es como si alguien hubiera pulsado un botón de emergencia en tu cerebro y todo el sistema se hubiera puesto en rojo.
Y luego baja. Siempre baja. Tan rápido como subió. Y te quedas ahí, mirando el boli en el suelo, pensando "pero qué ha pasado".
¿Por qué exploto por cosas insignificantes?
Mira, esto es algo que he intentado explicar mil veces y nunca sale bien. Porque desde fuera parece un problema de temperamento. "Es que tienes que controlar tu carácter." Gracias, genio. No se me había ocurrido.
Pero no es carácter. No es que sea una persona agresiva o colérica. De hecho, la mayor parte del tiempo soy bastante tranquilo. El problema es que cuando la frustración aparece, no aparece como en la gente normal. No sube gradualmente. No viene con aviso. No es una escalera. Es un ascensor directo al último piso sin paradas.
Imagina un volcán que no hace esos ruiditos previos, no echa humito, no se calienta poco a poco. Simplemente explota. Sin aviso. Y cuando ya ha explotado, todo vuelve a la calma como si nada. Así funciona mi frustración. Y probablemente la tuya si estás leyendo esto.
Lo peor es el detonante. Porque nunca es algo grande. Nunca es algo que justifique la reacción. Es una tapa que no abre. Un cable que se engancha. Una app que carga lento. Cosas que un ser humano funcional debería resolver sin pestañear. Pero tu cerebro no las procesa como cosas pequeñas. Las procesa como la gota 847 que llena un vaso que ya estaba a punto de desbordarse.
¿Es posible que no sea lo que me enfada sino todo lo acumulado?
Exacto. Y aquí está la clave.
No explotas por las llaves. Explotas por todo lo que se ha ido acumulando durante horas, días, a veces semanas, sin que tu cerebro lo haya procesado correctamente. La frustración del email que no contestaste. El agobio de la tarea pendiente. La conversación que te dejó un poco raro. Todo eso se va apilando en una esquina de tu cabeza sin resolver.
Y las llaves son simplemente lo que hace que toda la torre se caiga.
Es como esas torres de bloques de madera. Le quitas una pieza y no pasa nada. Le quitas otra y sigue en pie. Pero hay una pieza que cuando la tocas, todo se viene abajo. Y la pieza no es más importante que las otras. Simplemente era la última que el sistema podía aguantar.
Yo he llegado a sentirme culpable por no ser más productivo después de estos episodios. Porque no solo pierdes tiempo con la explosión, sino que pierdes la hora siguiente recuperándote de la vergüenza. Y la hora después de esa intentando compensar lo perdido. Es un efecto dominó emocional.
¿Y después? ¿Qué pasa cuando baja la frustración?
Culpa. Eso es lo que pasa. Culpa masiva e inmediata.
"No tendría que haber reaccionado así." "Soy un exagerado." "Pobre mi novia, que tiene que aguantar esto." "¿Qué clase de adulto se pone así por un boli?" Y empiezas a machacar tu autoestima con la misma intensidad con la que hace cinco minutos machacabas el boli contra la pared.
Es un ciclo brutal: frustración desproporcionada, explosión, culpa, machaque interno, más frustración acumulada, y vuelta a empezar. Cada vez que pasa, el vaso empieza más lleno. Cada vez la torre es más inestable. Cada vez necesitas menos para explotar.
Y la gente te dice: "Respira hondo." "Cuenta hasta diez." Pues mira, cuando tu cerebro pasa de cero a volcán en medio segundo, contar hasta diez no es una opción. Cuando llegas al dos ya has lanzado el boli.
¿Por qué mi cerebro no tiene freno de emergencia?
No te voy a engañar. Esto me costó años entenderlo.
Pensaba que era un tema de madurez. Que algún día aprendería a controlarme. Que era cuestión de hacerme mayor, de meditar más, de ser mejor persona. Pero los años pasaban y seguía explotando por tonterías.
Hasta que un profesional me explicó que mi cerebro tiene una corteza prefrontal que no frena las emociones tan rápido como la de otras personas. Que hay un nombre para eso. TDAH. Y que la desregulación emocional no es un efecto secundario del TDAH. Es una parte central. Tan central como la falta de atención o la hiperactividad.
Lo llaman cerebro sin regulador de volumen emocional. Y es exactamente eso. Tu volumen emocional no tiene los números del 1 al 10. Tiene el 0 y el 10. Y pasa de uno a otro sin transición.
Cuando descubrí por qué me costaba todo más que a los demás, incluido algo tan básico como no perder los nervios con unas llaves, dejé de sentirme como un fracasado emocional. No es falta de control. Es un cerebro que funciona con reglas diferentes.
Eso no significa que no haya cosas que puedas hacer. Pero el primer paso es dejar de pensar que el problema eres tú. El problema es un sistema nervioso que no filtra la frustración como el de la mayoría.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si explotas con frecuencia por cosas que no lo merecen y luego te sientes fatal, habla con un psicólogo o psiquiatra. A mí me cambió la vida.
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