Soy bueno empezando cosas y pésimo terminándolas
Todos te dicen que eres brillante al inicio. Pero nadie entiende por qué nunca llegas al final. Hay una explicación que no es falta de voluntad.
Si hay algo en lo que soy experto es en empezar. Dame un proyecto nuevo y en 48 horas tengo un plan, un esquema, tres ideas brillantes y la energía de alguien que ha dormido 12 horas aunque haya dormido 5.
El problema es la semana tres. O la cuatro. O a veces la dos. El punto exacto varía, pero el resultado es siempre el mismo: me apago. La energía se va. Las ideas brillantes se convierten en ruido de fondo. Y el proyecto se queda a medias mientras yo ya estoy empezando otro.
He sido así toda mi vida. Y durante mucho tiempo creí que el problema era disciplina. Que si me esforzaba más. Que si quería más. Que si encontraba el sistema perfecto.
Pero el sistema perfecto no existe cuando el problema no es el sistema.
¿Por qué el inicio me sale tan bien?
Porque el inicio es dopamina pura. Tu cerebro recibe novedad, posibilidad, emoción. Todo al mismo tiempo. Es como abrir un regalo. No importa lo que haya dentro. El momento de abrir es el mejor.
En el inicio no hay aburrimiento. No hay repetición. No hay tareas mecánicas. Solo hay creatividad, exploración, ese subidón de "esto va a ser la hostia". Y en ese estado, eres imparable. De verdad. La gente te mira y piensa que eres un genio.
Y lo eres. En los inicios.
El problema es que la vida no son solo inicios. La vida es mantener. Es persistir. Es seguir cuando la emoción se ha ido y lo único que queda es el trabajo del medio. Y ahí es donde tu superpoder se convierte en tu mayor debilidad.
Porque no es que seas malo terminando. Es que tu cerebro no te da el combustible para hacerlo. Los inicios vienen con gasolina gratis. El final exige que pongas gasolina de tu bolsillo. Y tu bolsillo está vacío.
La paradoja del talento sin resultados
Esta es la parte que más jode. Sabes que eres capaz. Lo has demostrado mil veces. Los inicios de tus proyectos son mejores que los proyectos terminados de mucha gente. Tienes talento, ideas, velocidad de ejecución cuando estás encendido.
Pero no tienes resultados.
Porque los resultados no vienen de empezar. Vienen de terminar. Y terminar es exactamente lo que no puedes hacer.
Imagínate un velocista que sale disparado en cada carrera pero se para a 20 metros de la meta. Cada vez. Su salida es la mejor. Su técnica es impecable. Pero nunca cruza. Y al final del campeonato, tiene cero medallas. Mientras gente más lenta pero más constante tiene el podio lleno.
Eso es frustrante a un nivel que no todo el mundo entiende. Saber que puedes. Demostrar que puedes. Y no poder.
Lo que no funciona
"Necesitas más disciplina." No. He tenido temporadas de disciplina brutal. Tres semanas. Cuatro. Y luego el apagón.
"Haz listas." Las hago. Listas que me generan más ansiedad que motivación. Listas que al tercer día ya no miro.
"Ponte recompensas." Me las pongo. Y luego me las doy antes de terminar porque mi cerebro no distingue entre "lo voy a hacer" y "lo he hecho".
Nada de eso ataca la raíz del problema. La raíz es que mi sistema de activación funciona con reglas que no son las estándar. No responde a la voluntad. Responde al estímulo. Y cuando el estímulo baja, yo bajo con él.
¿Y si no es un problema de carácter?
Te lo digo porque a mí me costó años entenderlo.
Ese patrón de ser brillante al principio y desastroso al final. Esa capacidad de empezar mil cosas y no terminar ninguna. Esa frustración de saber que tienes potencial pero no poder materializarlo.
En muchos adultos, eso tiene una explicación neurológica. Se llama TDAH. Y no se parece a lo que te enseñaron en el colegio. Se parece a esto: una persona inteligente, capaz, creativa, que no consigue sostener el esfuerzo más allá de la fase de novedad.
No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Pero si llevas toda la vida siendo el mejor en empezar y el peor en terminar, quizá el problema no es tu voluntad.
Cuando yo lo descubrí, dejé de forzar finales y empecé a diseñar proyectos más cortos. Con entregas parciales. Con puntos intermedios que sirvieran de "mini-inicios" dentro del mismo proyecto. No es perfecto. Pero es la primera vez que termino cosas de forma más o menos consistente.
Entender por qué me cuesta todo más que a los demás no me convirtió en alguien constante. Me convirtió en alguien que sabe cómo funciona su motor. Y eso vale más que toda la disciplina del mundo.
Si te reconoces en esto, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No diagnostica, pero es un punto de partida para dejar de culparte. Está aquí.
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