No puedo planificar comidas para la semana: improviso cada día

Deberías planificar comidas. Lo sabes. Pero cada día abres la nevera sin plan y comes lo primero que encuentras. Cada semana.

Domingo por la tarde. El momento en el que supuestamente deberías sentarte y planificar las comidas de la semana. Hacer la lista de la compra. Ir al súper. Volver con todo organizado.

Pero no lo haces. Nunca lo haces. Y el lunes a las dos de la tarde abres la nevera, miras lo que hay (nada), y acabas comiendo un sándwich de lo que encuentres o pidiendo comida a domicilio. Otra vez.

Y no es que no quieras planificar. Es que planificar comidas es como escalar una montaña invisible. Decidir qué vas a comer siete días seguidos, con las combinaciones adecuadas, comprando los ingredientes exactos, sin que se te pase nada. Para tu cerebro, eso no es una tarea. Es una odisea.

¿Por qué es tan difícil planificar algo tan básico como comer?

Porque planificar comidas no es una tarea. Son veinte tareas disfrazadas de una.

Primero tienes que decidir qué quieres comer. Pero para decidir, necesitas pensar en qué te apetece. Y lo que te apetece el domingo no tiene nada que ver con lo que te apetecerá el jueves. Así que estás intentando predecir las preferencias de tu futuro yo, que es un completo desconocido.

Después tienes que pensar en los ingredientes. Y para eso necesitas saber qué tienes ya en casa. Pero no sabes qué tienes porque siempre te quedas sin algo básico y nunca tienes un inventario mental actualizado.

Luego tienes que hacer la lista. E ir a comprar. Y volver. Y guardar todo. Y luego, el lunes, tienes que recordar el plan. Y ejecutarlo. Y tener ganas de cocinar lo que decidiste el domingo. Que probablemente ya no te apetece.

Cada uno de esos pasos es un punto donde tu cerebro puede desconectar. Y desconecta. Casi siempre en el primer paso: decidir qué comer.

La nevera vacía y la culpa llena

Lo peor no es no planificar. Lo peor es la culpa. Porque sabes que deberías hacerlo. Todo el mundo lo hace. Tus amigos hacen meal prep los domingos y suben fotos a Instagram con sus tuppers perfectos. Tu madre te dice "¿pero cómo no tienes comida en casa?". Y tú te sientes como un adulto fallido porque no eres capaz de algo tan básico como alimentarte con un mínimo de planificación.

Pero es que no es básico. Planificar comidas requiere memoria prospectiva (recordar algo que tienes que hacer en el futuro), estimación temporal (cuánto tarda cada receta), flexibilidad cognitiva (cambiar de plan si falta un ingrediente) y toma de decisiones secuencial (plato por plato, día por día). Todo eso junto, en una sola actividad.

Para quien tiene el cerebro organizado, esto es automático. Para quien no, es como intentar gestionar tu tiempo pero aplicado a la cocina. Cada día sin plan es un día improvisando, y cada improvisación te agota un poco más.

¿Qué hago entonces, morirme de hambre?

No. Lo que hago yo es engañar al sistema. En vez de planificar siete comidas diferentes, tengo cinco que sé hacer y roto. Siempre lo mismo. Pasta. Arroz con verduras. Pollo con lo que haya. Tortilla. Sándwich decente. No es gourmet, pero como.

La clave es quitar decisiones. No "¿qué quiero comer?", sino "¿qué toca hoy según la rotación?". Es aburrido. Lo sé. Pero ¿sabes qué es más aburrido? Estar a las dos de la tarde mirando una nevera vacía preguntándote cómo has vuelto a llegar hasta aquí.

Y la compra. La compra la hago siempre igual. Mismos productos. Misma lista. Casi podría hacerla con los ojos cerrados. No necesito pensar. No necesito decidir. Solo necesito ir al súper y comprar las mismas quince cosas de siempre. Eso sí lo puedo hacer.

Cuando el caos no es solo en la cocina

Si planificar comidas te parece imposible, apuesto a que no es lo único. Probablemente también te cuesta planificar la ropa, el tiempo, los recados, las citas médicas. Todo es un caos y cada día es una improvisación constante.

Y no es que seas incapaz. Es que tu cerebro no funciona bien con la planificación a futuro. Lo inmediato sí. Lo que tienes delante, sí. Pero pedirle que piense en el jueves cuando hoy es domingo es pedirle que mire a un sitio que no existe todavía. Y eso, para ciertos cerebros, es como pedirle a un pez que suba una escalera.

Si esto es tu pan de cada día (nunca mejor dicho), si la desorganización no es puntual sino crónica, si sientes que todo te cuesta más que a los demás, no es un defecto de carácter. Es algo que se puede entender y trabajar. Pero no solo. Un profesional puede darte herramientas que un blog no puede.

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