No sé dónde dejé algo que tenía en la mano hace un minuto

Lo tenías en la mano hace un minuto. Ahora no está. Tu cerebro no registró el momento en que lo soltaste. Tiene explicación.

Lo tenías. En la mano. Hace exactamente un minuto. Ahora no sabes si lo dejaste en la cocina, en el salón o en otra dimensión. Tu cerebro no registró el momento.

Y lo peor no es perderlo. Lo peor es que te pasa tan a menudo que ya ni te sorprende.

¿Por qué no recuerdas dónde dejaste algo hace un minuto?

Porque tu cerebro no estaba ahí cuando lo soltaste.

O sea, técnicamente estaba. Tus ojos estaban abiertos, tu mano hizo el gesto de dejar la cosa en algún sitio, y todo el proceso físico ocurrió sin ningún problema. Pero la parte del cerebro que se encarga de decir "oye, acabas de dejar el mando en la estantería del baño" estaba en otra galaxia.

Eso se llama memoria de trabajo. Y funciona como una mesa diminuta donde solo caben dos cosas a la vez. Cada vez que pones algo nuevo, se cae lo anterior. No es que seas despistado por vicio. Es que la mesa es pequeña y el cerebro no para de tirar cosas encima.

El DSM-5 lo recoge como uno de los síntomas centrales de la inatención: dificultad para mantener la atención en tareas y actividades, pérdida frecuente de objetos necesarios. No es un defecto de carácter. Es un mecanismo que funciona diferente.

La escena que se repite tres veces al día

Imagínate que estás en la cocina. Tienes el móvil en la mano. Piensas "voy a contestar este mensaje". Entonces ves que el lavavajillas está abierto. Cierras el lavavajillas. Coges un vaso de agua. Sales al salón. Te sientas. Y ahora: ¿dónde está el móvil?

En la encimera de la cocina. Al lado del lavavajillas. Donde lo dejaste sin darte cuenta porque tu cerebro ya estaba en la siguiente cosa.

Y mira, esto me pasa a mí constantemente. Las llaves, el móvil, las gafas, el boli que estaba usando hace 30 segundos. Todo desaparece. No es que los objetos tengan vida propia. Es que mi cerebro tiene la capacidad de atención de un pez en un acuario lleno de lucecitas de colores.

Si esto te suena, probablemente también pierdes las llaves, el móvil y las gafas con una frecuencia que la gente normal no entiende.

No es que seas desorganizado. Es que tu piloto automático no graba.

A ver, que sí, que probablemente también eres desorganizado. Pero eso es una consecuencia, no la causa.

La causa es que tu cerebro no codifica las acciones automáticas. La gente con una memoria de trabajo estándar deja las llaves en el mismo sitio, no porque sea más disciplinada, sino porque su cerebro registra el momento. Hace una especie de foto mental: "llaves, mesa de la entrada, listo". Tu cerebro no hace esa foto. Tu cerebro ya está pensando en qué vas a cenar, en el email que no contestaste y en si Poland es candidata al Mundial.

Todo a la vez. Y nada con suficiente profundidad como para dejar huella.

Es como si tu cerebro fuera una cámara de fotos con la tapa puesta. El momento pasa, la mano suelta el objeto, pero no hay registro. Y luego cuando necesitas la foto, la carpeta está vacía.

Y aquí es donde mucha gente se dice "es que soy muy desorganizado". Pero no. No eres desorganizado como rasgo de personalidad. Tu sistema de registro funciona distinto.

Los tres sitios donde siempre lo dejaste

Esto es lo gracioso. Porque al final, después de 15 minutos buscando como un poseso, lo encuentras. Y siempre está en uno de tres sitios:

1. Donde hiciste la última cosa antes de perderlo. 2. Donde estabas cuando tu cerebro cambió de tema. 3. En el baño. Siempre en el baño. No sé por qué, pero el baño es el triángulo de las Bermudas de los objetos.

Y cuando lo encuentras piensas "pero si es obvio, si lo dejé aquí antes de ir a hacer la otra cosa". Ya. Claro. Ahora es obvio. Antes no, porque tu cerebro no estaba grabando.

Lo que funciona (y lo que no)

No te voy a engañar: no hay un truco mágico que convierta tu memoria de trabajo en la de alguien sin este problema. Pero hay cosas que ayudan.

Lo primero: sitios fijos. Parece una tontería, pero decidir que las llaves van SIEMPRE en la misma bandeja, que el móvil se carga SIEMPRE en el mismo sitio, que las gafas tienen UN lugar y solo uno, reduce un 70% de las búsquedas. No porque tu cerebro vaya a recordar dónde las dejaste. Sino porque, si siempre van ahí, no necesitas recordar nada.

Lo segundo: narrar en voz alta. Suena ridículo, ya lo sé. Pero decir "dejo las llaves en la mesa" mientras las dejas en la mesa obliga al cerebro a registrar el momento. Es como forzar la foto aunque la cámara tenga la tapa puesta. A mí me funciona. A mi novia le parece que estoy loco. Las dos cosas son verdad.

Lo tercero: aceptar que va a pasar. Porque va a pasar. Aunque pongas sistemas, aunque narres, aunque tengas bandejas y ganchos y cajas con etiquetas. Algún día vas a dejar el mando en la nevera y vas a tardar 20 minutos en encontrarlo. Y eso no significa que el sistema haya fallado. Significa que tu cerebro hizo de las suyas y es lo que hay.

No es solo "ser despistado"

Te lo digo por experiencia: cuando esto te pasa una vez, es gracioso. Cuando te pasa cinco veces al día, todos los días, durante años, deja de hacer gracia.

Porque no es solo perder cosas. Es la sensación de que tu cabeza no funciona como debería. De que te cuesta todo más que a los demás, hasta lo más básico. Y eso pesa. Aunque no lo digas.

Si te pasa esto con frecuencia, no asumas que eres un desastre y punto. Puede que tu cerebro simplemente funcione con otras reglas. Y eso se puede gestionar. No curar. Gestionar. Que no es poco.

Esto no es un diagnóstico, que no soy médico. Pero si te suena demasiado familiar, lo que toca es hablarlo con un profesional que sepa de atención y funciones ejecutivas.

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