No recuerdo promesas que hice y la gente piensa que paso de ellos
Prometes algo con total sinceridad. A los dos días ni te acuerdas. Y la otra persona cree que le has mentido. Pero no le has mentido.
"Me dijiste que me ibas a ayudar con la mudanza."
Y tú la miras. Y no tienes absolutamente ningún recuerdo de esa conversación. Ni de la mudanza. Ni de haber dicho que sí. Nada.
Pero ella no te cree. Porque se lo prometiste. Y para ella, una promesa es un acuerdo que se graba a fuego. Para ti, aparentemente, fue algo que tu cerebro clasificó como spam y eliminó antes de guardar.
Y la realidad es que cuando lo dijiste, lo sentías de verdad. No era una promesa vacía. No estabas mintiendo. En ese momento querías ayudar. Querías hacerlo. Y tu intención era completamente real. Lo que no fue real fue la grabación. Tu cerebro no archivó la promesa. Y lo que no se archiva, no se cumple.
¿Cómo puedes olvidar algo que le prometiste a alguien?
Porque prometer y recordar son dos funciones distintas. Y tu cerebro puede ser muy bueno en una y desastroso en la otra.
Cuando prometes algo, estás usando tu sistema emocional. Empatía, conexión, ganas de ayudar. Todo eso funciona bien. Te comprometes desde la emoción. Sientes el compromiso. Lo dices con convicción.
Pero después, la promesa tiene que pasar de tu sistema emocional a tu memoria de trabajo. Y ahí es donde se pierde. Porque tu memoria de trabajo es pequeña. Y entre el momento en que prometes algo y el momento en que tienes que hacerlo, pasan horas, días, semanas. Y en ese tiempo, tu cerebro ha procesado 400 cosas más. La promesa se queda atrás. Enterrada bajo capas de información nueva.
No es que no te importe. Es que tu cerebro no tiene un sistema de recordatorios interno que funcione. La intención se graba. La tarea no.
El daño que no ves venir
Olvidar una promesa no es como olvidar dónde has puesto las llaves. Olvidar una promesa afecta a las relaciones. Directamente. Sin amortiguador.
Porque la persona al otro lado no piensa "se le ha olvidado, tiene mala memoria". La persona piensa "me ha mentido". O peor: "no le importo lo suficiente como para acordarse". Y eso duele. Y cuando duele varias veces, la gente deja de confiar en ti.
Y lo peor es que tú no lo ves venir. Porque no recuerdas la promesa. No sabes que has fallado hasta que alguien te lo dice. Y para entonces el daño ya está hecho.
Amigos que dejan de pedirte cosas. Parejas que dejan de contar contigo. Compañeros de trabajo que asumen que no eres fiable. Y tú te preguntas por qué la gente se distancia, sin conectar los puntos.
Si encima no puedes contestar mensajes a tiempo porque se te acumulan y se te olvidan, el patrón se amplifica. La gente siente que no estás. Que hablas pero no cumples. Que prometes pero no ejecutas.
¿Es que soy una persona de poca palabra?
No. Para. Antes de que te digas eso.
Ser de poca palabra es prometer sin intención de cumplir. Tú prometes con toda la intención del mundo. El problema no es la intención. Es la retención.
Tu cerebro tiene una capacidad limitada para mantener compromisos futuros activos. Los compromisos son tareas prospectivas: "tengo que hacer X en un momento Y". Y la memoria prospectiva es una de las funciones más afectadas cuando tu cerebro no gestiona bien la dopamina.
¿Sabes cuando te propones cosas por la mañana y por la noche no has hecho ninguna? Es el mismo mecanismo. La intención es real. La ejecución depende de un sistema que no funciona como debería.
Lo que hay detrás de las promesas olvidadas
Mira, te digo lo que yo aprendí.
Olvidar promesas de forma sistemática, no puntual. Comprometerte con sinceridad y fallar una y otra vez. Tener una relación rota entre lo que dices que vas a hacer y lo que haces. No es un problema moral. Es un problema de funcionamiento cerebral.
Se llama TDAH. Y la memoria prospectiva deteriorada es uno de sus síntomas más invisibles y más dañinos. Invisible porque no se ve desde fuera. Dañino porque destruye relaciones sin que ni tú entiendas por qué.
La solución no es prometer menos. Es externalizar los compromisos. Apuntarlo todo. Usar alarmas. Decirle a la otra persona "mándame un recordatorio". No porque seas incompetente, sino porque externalizar la memoria es la diferencia entre luchar contra tu cerebro y trabajar con él.
No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si llevas toda la vida olvidando compromisos, sintiéndote culpable, y viendo cómo la gente se distancia sin poder explicar qué pasa, quizá el problema no es tu voluntad. Quizá es algo que tiene nombre y que te hace sentir que todo te cuesta más que a los demás.
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