Mi único hábito constante es quedarme hasta tarde mirando el móvil
No puedes mantener ningún hábito. Pero quedarte hasta las 3 mirando el móvil, eso sí lo haces cada noche. Tiene una explicación.
No puedo mantener una rutina de ejercicio. No puedo mantener una rutina de lectura. No puedo mantener una rutina de meditación. No puedo mantener una dieta. No puedo mantener un horario de sueño.
Pero quedarme hasta las 3 de la mañana mirando el móvil en la cama. Eso sí. Eso lo hago cada noche. Sin falta. Sin esfuerzo. Sin necesidad de apps, alarmas ni motivación. Mi único hábito real.
Y lo más absurdo es que ni siquiera me gusta. No es que esté viendo algo bueno. Es scroll infinito. TikTok. Twitter. Reddit. Nada importante. Nada que mañana recuerde. Pero ahí sigo. A las 2. A las 3. Con los ojos que me escuecen y la alarma a las 7 mirándome desde la mesilla.
¿Por qué puedo mantener este hábito y ningún otro?
Porque este hábito no necesita motivación. Necesita lo contrario: motivación para dejarlo.
Los hábitos "buenos" requieren esfuerzo para empezar. Ir al gym. Leer. Meditar. Tienes que decidir hacerlo, levantarte, prepararte, y ejecutar. Cada paso tiene fricción. Y tu cerebro odia la fricción.
El móvil por la noche no tiene fricción. Ya estás en la cama. Ya tienes el móvil en la mano. El contenido viene a ti. No decides nada. Solo deslizas. Y cada deslizamiento te da un micro-chute de dopamina. Uno pequeño. Casi imperceptible. Pero suficiente para que sigas deslizando.
No estás eligiendo quedarte despierto. Estás eligiendo no parar. Que parece lo mismo pero no lo es. Elegir algo requiere energía. No parar no requiere nada. Y a las 12 de la noche, tu cerebro no tiene energía para elegir nada. Solo tiene inercia. Y la inercia dice: sigue deslizando.
La venganza del procrastinador nocturno
Hay un concepto que se llama "revenge bedtime procrastination". Procrastinación del sueño por venganza. Suena dramático, pero es exactamente lo que pasa.
Durante el día no tuviste control. Tu tiempo fue de otros. Del trabajo, de las obligaciones, de las reuniones, de las tareas. No hiciste lo que querías. No tuviste espacio para ti. Y por la noche, tu cerebro reclama ese tiempo. "Ahora sí. Ahora es MÍO."
Y lo usa mirando el móvil. No porque sea lo que más quiere hacer. Sino porque es lo más fácil de hacer. Es tiempo libre sin esfuerzo. Es la recompensa mínima viable por un día entero de hacer cosas que no elegiste.
Y por eso no puedes parar. Porque parar es rendirte. Es aceptar que hoy tampoco tuviste tiempo para ti. Es irse a dormir sabiendo que mañana será igual. Y tu cerebro prefiere robarte horas de sueño a aceptar eso.
¿Cómo es que este hábito sí se mantiene?
Porque cumple todas las condiciones que los otros hábitos no cumplen. Tiene recompensa inmediata (dopamina con cada scroll). Tiene fricción cero (no tienes que hacer nada, solo no parar). Se hace en un momento de baja energía (cuando tu cerebro ya no puede resistirse). Y no tiene competencia (a las 2 de la mañana no hay nada mejor que hacer).
Compáralo con el gym. El gym requiere levantarte, vestirte, salir, hacer esfuerzo, volver, ducharte. Cada paso es una barrera. Cada barrera es una oportunidad para que tu cerebro diga "mejor no". El móvil no tiene barreras. Es la actividad perfecta para un cerebro que no puede mantener nada que requiera esfuerzo.
¿Se puede romper este hábito?
Se puede reducir. Romperlo del todo es difícil, no te voy a engañar.
Lo que a mí me ayuda: cargar el móvil fuera de la habitación. Parece simple. Pero si el móvil no está en la mesilla, no lo coges. Y si no lo coges, no deslizas. Y si no deslizas, en 15 minutos estás dormido. Porque resulta que tu cuerpo SÍ quiere dormir. Solo necesita que le quites la distracción.
Otra cosa: poner un modo de descanso agresivo. No el que te sale un cartelito de "llevas 1 hora". Ese lo ignoras. Uno que te deje la pantalla en blanco y negro. Porque el móvil sin colores es un 70% menos adictivo. Es feo. Y tu cerebro no quiere cosas feas.
Y la más importante: no te machaques por hacerlo. Si no puedes crear hábitos buenos pero mantienes los malos sin esfuerzo, no es un fallo moral. Es cómo funciona tu cerebro. Y se puede entender. Y al entenderlo, puedes empezar a hacer algo diferente.
Porque si tu vida es una colección de hábitos buenos que mueren y hábitos malos que sobreviven, hay una razón que va más allá de la disciplina. Y un profesional puede ayudarte a verla.
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Si tu único hábito real es el que te perjudica y quieres entender por qué, hice un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. No diagnostica, pero te puede dar una perspectiva que necesitas. Hacer el test TDAH.
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