Tengo miedo de que me despidan por no rendir y eso me bloquea más
Sientes que no rindes lo suficiente y el miedo al despido te paraliza. Cuanto más miedo tienes, peor rindes. Y el bucle no para.
Llegas al trabajo y lo primero que piensas no es en lo que tienes que hacer. Es en si hoy será el día en que se den cuenta.
De que no rindes lo suficiente. De que tardas el doble que los demás. De que llevas semanas arrastrando cosas que deberían estar hechas. De que en algún momento alguien va a mirar tu rendimiento con lupa y va a decir "esto no puede seguir así".
Y ese pensamiento, en vez de motivarte, te paraliza.
¿Por qué el miedo al despido te hace rendir peor?
Porque el miedo no te activa. Te congela.
A ver, hay gente a la que la presión le funciona. Le dicen "esto tiene que estar para el viernes" y se ponen las pilas. Pero el miedo al despido no es presión productiva. Es una amenaza constante, difusa, sin fecha. No sabes cuándo va a pasar. No sabes si va a pasar. Solo sabes que podría pasar.
Y vivir con esa amenaza flotando ocupa recursos mentales que deberían estar dedicados a trabajar.
Es como intentar correr una carrera con una mochila de piedras. Puedes correr, sí. Pero vas más lento que los demás. Y cuanto más lento vas, más te convences de que la mochila es culpa tuya. Que si fueras mejor corredor, no notarías el peso.
Pero la mochila está ahí. Y pesa.
El bucle que no puedes parar
Esto es lo que pasa. No rindes como crees que deberías. Empiezas a preocuparte. La preocupación te distrae. Rindes menos. Te preocupas más. Rindes aún menos.
Es un bucle perfecto. Y lo peor es que eres consciente de que estás dentro del bucle, pero eso no te ayuda a salir. Porque saber que te estás autosaboteando no es lo mismo que poder dejar de hacerlo.
Y mientras tanto, el trabajo se acumula. Las tareas que no has hecho se convierten en una lista mental que te pesa cada vez que abres el portátil. Y cada tarea sin hacer es una prueba más de que no vales. De que no das la talla.
Que no es verdad. Pero tu cerebro no escucha razones cuando está en modo pánico.
¿Y si no es un problema de rendimiento sino de cómo funciona tu cabeza?
Mira, te lo digo por experiencia. Hay una diferencia enorme entre no querer trabajar y no poder arrancar.
Desde fuera se ven igual. Pero por dentro son mundos distintos.
La persona que no quiere trabajar se va a tomar un café tranquilamente. La persona que no puede arrancar está delante del ordenador, con la tarea abierta, sin poder empezar, y sintiéndose fatal por ello.
Y esto es algo que pasa mucho en personas con TDAH sin diagnosticar. Porque el TDAH no es solo distracción. Es parálisis ejecutiva. Es tener la intención clara de hacer algo y que tu cerebro no arranque. Como un coche con el motor encendido y las ruedas bloqueadas.
Según el DSM-5, la dificultad para iniciar tareas y la evitación de actividades que requieren esfuerzo mental sostenido son criterios diagnósticos del TDAH. No invento nada. Está en el manual.
Y cuando a eso le sumas el miedo al despido, tienes un cóctel que no le deseo a nadie. Porque el miedo no compensa la falta de arranque. Lo empeora.
Lo que nadie te dice sobre rendir "normal"
Que no existe.
O sea, existe un rendimiento medio. Pero la idea de que todo el mundo rinde de forma constante, predecible, lineal, es una fantasía. La gente tiene días buenos y días malos. La diferencia es que cuando tu cerebro funciona de forma estándar, los días malos son eso: días malos. Y cuando tu cerebro no regula bien la atención y la motivación, los días malos pueden convertirse en semanas.
Y eso no significa que seas peor trabajador. Significa que tu rendimiento tiene picos y valles más pronunciados. Que hay días que rindes como nadie y días que no puedes ni empezar. Y que el sistema laboral, diseñado para rendimientos constantes, no sabe qué hacer contigo.
Lo cual no es culpa tuya. Pero la solución empieza por entender qué te pasa. No para tener una excusa, sino para dejar de echarte la culpa de algo que tiene una explicación real.
Esto no es un diagnóstico. Si lo que lees aquí te suena demasiado familiar, lo responsable es hablarlo con un profesional. Un psicólogo o psiquiatra que evalúe tu caso de verdad.
¿Y qué haces mientras tanto?
Dos cosas que a mí me ayudan.
Una: fragmentar. Si tienes una tarea grande que te bloquea, pártela en trozos tan pequeños que tu cerebro no pueda decir que no. No "hacer el informe". "Abrir el documento". Solo eso. Ya luego el cerebro engancha. A veces.
Y dos: hablar. Si tienes un jefe con quien puedas tener una conversación honesta, habla. Dile que estás pasando por un momento difícil. No tienes que decir "creo que tengo TDAH" si no quieres. Pero la sensación de que todo el mundo espera algo que no puedes dar se reduce mucho cuando alguien sabe que estás luchando.
No es debilidad. Es estrategia.
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