No puedo soltar algo que me ha molestado aunque ya haya pasado

Alguien te dijo algo hace tres días y sigues dándole vueltas. No es rencor. Es un cerebro que no sabe soltar una emoción enganchada.

Hace una semana un colega hizo un comentario. Un comentario tonto. Ni siquiera era sobre mí directamente. Algo sobre "la gente que trabaja desde casa tiene mucho tiempo libre". Y desde entonces mi cerebro no ha parado de darle vueltas.

He ensayado 14 respuestas diferentes en la ducha. He reconstruido la conversación entera imaginando lo que debería haber dicho. He buscado contraargumentos. He fantaseado con destrozarle verbalmente la próxima vez que saque el tema.

Y el tío probablemente ni se acuerda de que lo dijo.

Pero yo sí. Mi cerebro no puede soltarlo. No importa que ya haya pasado, que no sea importante, que objetivamente no merezca ni un minuto más de mi energía. Mi cerebro decidió que esto es relevante y va a seguir masticándolo hasta que se aburra. Que puede ser nunca.

¿Por qué no puedo dejar de darle vueltas a algo que ya pasó?

Porque tu cerebro no tiene un botón de apagar para las emociones. Tiene un botón de encendido que funciona de maravilla. Pero el de apagado está averiado.

Lo que te pasa se llama rumiación emocional. Y no es rencor. No es que seas rencoroso ni vengativo ni que te guste sufrir. Es que tu cerebro se engancha a una emoción - enfado, frustración, ofensa - y no sabe soltarla.

Es como un perro con un hueso. Le dices "suelta". Te mira. Y muerde más fuerte. Eso hace tu cerebro con los comentarios que te molestan. Cuanto más intentas soltarlo, más se aferra.

Y esto conecta directamente con la desregulación emocional. No es solo que sientas la emoción más fuerte que los demás. Es que dura más. Mucho más. Lo que a otra persona le molesta 5 minutos, a ti te puede arruinar la semana.

¿Es normal darle vueltas a las cosas durante días?

Definamos normal. ¿Le pasa a mucha gente? Sí. ¿Es sano? No especialmente.

Lo normal - si es que existe lo normal - es que un comentario te moleste, lo proceses, y lo sueltes. Unas horas. Quizá un día. Pero no una semana. No dos. No que te acuestes tres días después todavía ensayando la respuesta perfecta que no diste.

Lo que me pasa a mí es que la emoción se queda pegada. Como un chicle en la suela del zapato. Está ahí, molesta, no se va, y cada vez que intentas quitarla se estira más.

Y lo que más me fastidia es que sé que es irracional. Sé que darle vueltas no cambia nada. Sé que el comentario ya pasó. Pero saberlo no ayuda. Porque no es un problema de lógica. Es un problema de regulación emocional. Mi cerebro no sabe bajar el volumen de lo que me molesta, y lo que no baja de volumen no se va.

Esto me pasa con todo. Con críticas que me destrozan más de lo que deberían. Con discusiones que revivo una y otra vez. Con errores míos que ocurrieron hace años y que mi cerebro saca del archivo cuando le da la gana.

¿Qué hago cuando mi cerebro no quiere soltar?

Mira, te cuento lo que a mí me funciona. Que no es lo mismo que lo que te va a funcionar a ti. Pero algo es algo.

Lo primero: escribirlo. En serio. Cuando estoy dándole vueltas a algo, lo escribo en un papel como si le estuviera contestando a la persona. Todo lo que quiero decir. Sin filtro. Sin censura. Y luego no lo mando. Lo tiro. Pero el acto de sacarlo de mi cabeza y ponerlo en papel libera algo. Es como si mi cerebro necesitara dar la respuesta para poder soltar el tema, y escribirlo cuenta.

Lo segundo: ponerle hora. Suena raro, pero funciona. Le digo a mi cerebro: "Vale, a las 7 de la tarde vamos a darle vueltas a esto 10 minutos. Ahora no." Y a veces - no siempre, pero a veces - mi cerebro acepta el trato.

Lo tercero: reconocer el patrón. Cuando noto que llevo más de 24 horas con el mismo pensamiento en bucle, me digo: "Esto no es reflexión. Es rumiación. No estoy procesando nada nuevo. Estoy masticando lo mismo."

Y lo cuarto: aceptar que actúo sin pensar emocionalmente cuando estoy en ese estado. Porque la rumiación me deja en un estado de alerta emocional que hace que cualquier cosa nueva me afecte el triple. Es un combo peligroso.

Si esto te define - si vives en bucle con cosas que pasaron hace días, semanas, meses - no es que seas dramático. Es que tu cerebro gestiona las emociones diferente. Y eso tiene explicación. Un profesional puede ayudarte a entender qué hay debajo.

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