Me propongo cosas por la mañana y por la noche no he hecho ninguna
La lista de la mañana tenía 6 puntos. Por la noche siguen los 6 sin tachar. Te explico por qué pasa y qué hay detrás de no hacer lo que te propones.
La lista de la mañana tenía 6 puntos.
Por la noche siguen los 6 sin tachar. Y no sabes en qué se ha ido el día.
No es que hayas estado parado. Has estado ocupadísimo. Has respondido mensajes, has abierto el email, has mirado cosas en el ordenador, has tomado como cuatro cafés. Has tenido un día entero delante de ti. Y aun así, la lista sigue ahí, intacta, mirándote con cara de "¿en serio?".
Y lo peor no es la lista. Lo peor es esa sensación de que tú mismo te has fallado. Otra vez.
¿Por qué prometes algo por la mañana que no vas a cumplir?
Hay algo que pasa a primera hora de la mañana con el cerebro. Un optimismo salvaje. Un momento de claridad donde ves el día entero por delante y piensas "hoy sí". Hoy termino el proyecto. Hoy me pongo con aquello que llevo semanas aplazando. Hoy soy una persona funcional.
Y lo escribes todo. La lista queda perfecta. Ordenada. Con sus prioridades. Con sus tiempos estimados. Con ese aire de "esto está hecho".
El problema es que esa versión tuya de las 8 de la mañana no tiene ni idea de lo que le va a pasar a la versión tuya de las 10.
Porque la versión de las 10 ya tiene el email abierto. Ya ha respondido tres cosas que "eran urgentes". Ya ha caído en un agujero de YouTube de 20 minutos buscando "solo una cosa". Ya ha tenido una conversación que no iba a ningún lado. Y cuando vuelve a la lista, el momento ya no está. El impulso se ha ido. Lo que a las 8 parecía fácil, a las 10 parece una montaña.
Y así se va el día.
No es falta de voluntad. Es algo más concreto.
Mira, lo más fácil sería decir que es disciplina. Que si te propusiera más en serio las cosas, las harías. Que si tuvieras más fuerza de voluntad, el día saldría como planeaste.
Pero eso no cuadra.
Porque no te falta voluntad de levantarte por la mañana con buenas intenciones. Eso lo tienes de sobra. Lo que falta es algo diferente: la capacidad de llevar esa intención al momento exacto en que toca ejecutar. De transformar "quiero hacer esto" en "lo estoy haciendo ahora".
Ese salto, para mucha gente, no es automático. No es tan simple como ponerte a ello. Hay algo en el medio que lo bloquea.
A veces es la inercia. Empezar siempre cuesta más que continuar. El cerebro necesita ese impulso inicial que no llega solo. Y si no llega, la tarea se queda flotando en el limbo de "lo hago luego", que como todos sabemos es el cementerio de las cosas importantes.
Otras veces es la parálisis que aparece justo antes de empezar. No es que no quieras. Es que cuando te acercas a la tarea, algo se congela. Y en vez de empezar, haces cualquier otra cosa. Lo que sea. Con tal de no enfrentarte al bloqueo.
Y hay días que acabas haciendo todo a última hora, con el agua al cuello, porque resulta que tu cerebro solo arranca cuando hay presión real. Si eso te suena, el modo último momento tiene más explicación de lo que parece.
La lista del día siguiente tampoco va a funcionar
A ver, te digo una cosa incómoda.
Si mañana por la mañana vuelves a hacer la lista, con más puntos o con menos, con colores o sin ellos, en papel o en app, probablemente pase lo mismo que hoy. Y pasado también.
No porque seas un desastre sin remedio. Sino porque el problema no está en la lista. Está en lo que pasa entre la lista y la ejecución. Y eso no lo arregla ninguna app.
He probado Notion. Todoist. Papel. Bloc de notas. Pizarra. La técnica Pomodoro, que en teoría iba a cambiarme la vida. Todos tienen el mismo defecto: asumen que el problema es de organización. Que si la lista está bien hecha, el cerebro irá solo. Y eso no funciona si el cerebro no está regulado para ir solo.
La cuestión no es cómo organizas el día. La cuestión es por qué tu cerebro no ejecuta aunque quiera.
¿Y si es algo del cerebro, no del método?
Hay gente que tiene el piloto automático roto para este tipo de cosas. No en todo, ojo. Son capaces de concentrarse durante horas en algo que les interesa de verdad, sin esfuerzo, sin recordatorios, sin listas. Pero cuando se trata de tareas importantes que no les generan ese pico de motivación... nada. El cerebro no arranca.
O arranca tarde. O arranca a medias. O arranca durante diez minutos y luego se va por las ramas.
Eso no es vaguería. Es una forma distinta de funcionar.
Y muchas veces, cuando te cuesta todo más que a los demás, no es porque seas menos capaz. Es porque tu cerebro necesita condiciones diferentes para activarse. Condiciones que el método estándar de "haz una lista y síguela" no crea.
Puede que detrás de ese patrón de "me propongo cosas y no las hago" haya algo más profundo que un problema de organización. En muchos casos tiene que ver con cómo el cerebro regula la motivación, la atención y el arranque. Y en bastantes de esos casos, ese patrón tiene nombre. Si quieres ver si algo de esto encaja contigo, este post va directo al grano sobre el TDAH y las tareas.
Esto no sustituye un diagnóstico. Si reconoces estos patrones en tu vida de forma constante, lo que toca es hablarlo con un profesional: psicólogo o psiquiatra. Lo que yo puedo hacer es contarte mi experiencia y lo que aprendí cuando entendí cómo funciona mi propio cerebro.
Lo que cambió cuando dejé de culparme
La lista sigue siendo una herramienta útil. No la estoy tirando a la basura.
Pero hay una diferencia enorme entre usarla como brújula y usarla como juez. Cuando la lista es el juez, cada día que no la cumples es un fracaso. Cuando es una brújula, es solo información: esto era mi intención, esto hice, veamos por qué hubo diferencia.
Y a veces la diferencia existe porque el día vino complicado. A veces porque la lista era absurda para un día real de 24 horas. A veces porque hay algo en mi cerebro que necesita más estructura que una lista para arrancar.
Eso no lo supe hasta que entendí cómo funciono.
Parece una tontería, pero es bastante liberador dejar de pensar que el problema eres tú y empezar a preguntarte cómo funciona tu cerebro realmente. Porque a partir de ahí puedes hacer algo útil. Antes de eso, solo puedes culparte.
Si reconoces este patrón y quieres saber si hay algo más detrás, hice un test de 43 preguntas. Gratis. 10 minutos. No es un diagnóstico, es un punto de partida para entender cómo funciona tu cabeza. Hacerlo aquí.
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