No puedo mantener un diario más de una semana
Compras el cuaderno bonito, escribes tres días seguidos y luego desaparece. No es falta de disciplina. Tiene una explicación que cambia cómo te ves a ti mismo.
El cuaderno está en el cajón. Tiene el lomo intacto porque solo lo abriste cuatro veces.
La primera noche lo estrenaste con una letra preciosa. Te salió hasta bonito. Pensaste: "Esto sí. Esto lo mantengo."
Y sí. Lo mantuviste. Tres días.
Quizá cuatro.
Luego se fue apagando. Primero te saltaste un día porque llegaste tarde. Luego otro porque no tenías nada interesante que contar. Luego una semana sin tocarlo. Luego ya dejaste de mirar el cajón.
Y ahora hay otro cuaderno sin usar. O una app. O una nueva resolución. O los tres.
¿Por qué el diario aguanta exactamente una semana?
No es exageración. Hay estudios sobre esto. La gente que empieza un hábito nuevo aguanta un pico de energía inicial de siete a diez días, y luego se cae el sistema.
Pero lo curioso no es que pase. Lo curioso es que a ti te pasa con absolutamente todo.
El diario. El idioma nuevo. El plan de entrenamiento. El curso que empezaste. La lista de tareas que usaste durante tres días y media y dejaste de abrir. El reto de leer veinte páginas al día.
Todo arranca bien. Con ilusión. Con ganas de verdad. Y todo acaba en el mismo cajón metafórico donde viven los comienzos sin final.
Y la explicación que te has dado siempre es la misma: no tienes disciplina. O eres vago. O te aburres de las cosas. O eres así.
Pero hay otra explicación. Una que no te han contado.
El problema no es el cuaderno
A ver, vamos por partes.
El primer día que escribes en el diario, pasa algo interesante. Es nuevo. Es estimulante. Tu cerebro está generando dopamina a tope porque hay novedad, hay intención, hay un pequeño ritual. Es como estrenar zapatillas: el primer día las miras con cariño, las limpias con un trapo, casi las tratas con respeto.
A los dos meses son las zapatillas de correr que están en el pasillo y que usas para ir al super.
Con el diario pasa igual. El cerebro se cansa de la novedad. Y cuando se cansa de la novedad, deja de producir el combustible que necesitabas para seguir. No porque seas un fracasado. Sino porque tu cerebro está buscando activamente la siguiente cosa nueva que le dé ese subidón.
Eso se llama búsqueda de novedad. Y no es un defecto de carácter. Es una característica de ciertos cerebros que está bastante bien documentada.
Lo que pasa es que si ese rasgo está muy marcado en ti, la constancia convencional se vuelve casi imposible. No porque no quieras. Sino porque estás intentando mantener un hábito con un cerebro que funciona con reglas distintas.
Como si intentaras pescar con una red que tiene los agujeros del tamaño de los peces.
Por qué te funciona al principio y luego no
Esta es la parte que más confunde.
Si nunca te funcionara, lo asumirías. Dirías "no soy de los que escriben un diario" y tan contentos. Pero es que sí te funciona. Al principio. Hay días que te sientas, escribes páginas enteras, te quedas a gusto, y piensas: "Esto es lo que necesitaba".
Y luego se va. Y no sabes por qué.
Y como hubo días buenos, la conclusión lógica es que cuando no lo haces es porque no te esfuerzas lo suficiente. Que si te esforzaras como esos días, podrías hacerlo siempre.
Esa conclusión es la que te está haciendo daño.
Porque no es que te esfuerces más o menos. Es que esos días buenos tenían algo que los otros no tenían. Urgencia. Emoción. Una razón real. Un estado mental específico. Y cuando ese elemento desaparece, tu cerebro simplemente no arranca.
Si te suena familiar lo de no poder ser constante aunque quieres, no es que seas un caso raro. Es un patrón que tiene explicación.
El rito del cuaderno bonito
Tengo que hablar de esto.
Porque seguro que el cuaderno que tienes en el cajón no es cualquier cuaderno. Es un cuaderno con portada de tela. O de cuero. O con rayado Leuchtturm que compraste en esa papelería que te gustó. O una app de pago que tiene el diseño precioso.
Y eso no es casualidad.
Cuando alguien tiene dificultades para mantener hábitos, inconscientemente compensa la falta de motivación interna con motivación externa. Si el cuaderno es bonito, da más ganas. Si la app tiene rituales, da más ganas. Si el reto tiene nombre y comunidad, da más ganas.
No está mal. De hecho, es una estrategia. Pero el problema es que el cuaderno bonito solo dura lo que dura la novedad del cuaderno bonito.
Y ya sabes cuánto dura eso.
Yo tengo en mi escritorio ahora mismo un cuaderno de Moleskine con el lomo impoluto. Te lo juro. Y soy la persona que lleva años hablando de productividad. La hostia.
Hay un patrón que yo llamo coleccionista de comienzos, y si esto te suena, probablemente ya sabes de qué hablo. Empiezas cosas. Muchas. Con ilusión real. Y luego están todas a medias.
Esto puede tener nombre
Voy a decirte algo que quizá no esperabas leer en un post sobre diarios.
Esa incapacidad de mantener hábitos que arrancan bien. La búsqueda constante de novedad. El modo on y off de la motivación. La sensación de que te cuesta todo más que a los demás cuando se trata de cosas que requieren repetición.
En muchos casos, eso tiene nombre. Se llama TDAH.
No el de los niños que no se pueden estar quietos en clase. El de los adultos que han conseguido llegar hasta aquí a base de compensar, de apañárselas, de arrancar cosas con fuerza brutal y perder el hilo a los diez días sin entender por qué.
El TDAH afecta directamente a la función ejecutiva, que es la parte del cerebro que regula la constancia, la planificación a largo plazo y la motivación sostenida. Cuando eso falla, los hábitos son exponencialmente más difíciles. No imposibles. Pero sí distintos.
Y la clave no es esforzarte más. Es entender cómo funciona tu cerebro para trabajar con él, no contra él.
Esto no es un diagnóstico. No soy médico. Y si sospechas que algo de esto te describe, lo que toca es hablar con un psicólogo o psiquiatra, no hacer un test online y decidir por tu cuenta. Pero sí puedo decirte que cuando yo entendí que mi cerebro necesitaba cosas distintas para mantener hábitos, dejé de hacerme la misma pregunta de siempre: "¿por qué soy tan inconstante?"
Y empecé a hacer preguntas mejores.
¿Y si el problema no eres tú sino el formato?
Si estás leyendo esto y pensando "pues yo quiero mantener un diario", aquí tienes algo práctico.
Los hábitos para cerebros con dificultades de regulación funcionan distinto. No necesitan rutina fija. Necesitan fricción mínima. No necesitan todos los días. Necesitan que cuando hay ganas, la barrera sea cero.
Un diario que aguanta no es el que escribes cada noche a las 10:30. Es el que está siempre en la mesa y al que escribes cuando algo te importa lo suficiente. A veces dos días seguidos. A veces una vez a la semana. A veces nada.
La constancia para un cerebro así no se parece a la que describes en los libros de hábitos. Se parece a algo mucho más irregular y mucho más honesto. Si quieres profundizar en esto, tengo un post sobre constancia para inconstantes donde doy más vueltas al tema.
No es disciplina lo que te falta
Si has llegado hasta aquí y sigues pensando que el problema es que eres vago, te entiendo. Yo me lo dije durante años.
Pero lo que describes no es vagancia. La vagancia no duele. La vagancia no viene acompañada de esa frustración de saber que deberías poder hacerlo y no poder. La vagancia no te deja mirando el cajón donde está el cuaderno con cierta culpa.
Lo que describes es un cerebro que necesita entenderse, no forzarse.
Si quieres saber cómo funciona el tuyo, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos, gratis. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para dejar de preguntarte si eres vago y empezar a preguntarte si tu cerebro funciona con otras reglas. Hacer el test aquí.
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