No puedo mantener un proyecto personal más de un mes
Un mes es tu límite. Empiezas con todo, mantienes tres semanas, y al mes está muerto. Siempre. Con todo. Sin excepción.
Tengo una regla no escrita que se cumple con una precisión que da miedo: todo lo que empiezo muere al mes.
No al mes y medio. No a las tres semanas. Al mes. Como si mi cerebro tuviera un temporizador interno que a los 30 días exactos dice "se acabó, siguiente".
Y no importa lo motivado que estuviera al empezar. No importa lo bien que fuera durante las primeras semanas. No importa lo cerca que esté de conseguir algo. Al mes, la energía desaparece. El interés se evapora. Y el proyecto se queda ahí, flotando en el limbo de las cosas que "voy a retomar cuando tenga tiempo".
No las retomo nunca.
¿Qué pasa exactamente durante ese mes?
Te lo cuento porque la cronología es siempre la misma.
Semana 1: Euforia. Todo es posible. Trabajo en el proyecto con una intensidad que parece insostenible. Y lo es. Pero en ese momento no lo sabes. Solo sabes que estás en llamas y que esta vez es diferente.
Semana 2: Todavía bien. La emoción ha bajado un punto, pero la inercia te mantiene. Además, empiezas a ver resultados y eso alimenta la motivación. "Voy por buen camino."
Semana 3: El primer bajón serio. Un día no trabajas en el proyecto y no pasa nada. Al siguiente, te cuesta sentarte. Empiezas a buscar excusas para posponerlo. "Hoy no me encuentro bien." "Mañana lo compenso." No lo compensas.
Semana 4: El apagón. No es gradual. Es un clic. Un día te despiertas y el proyecto que te tenía en llamas hace dos semanas te genera la misma emoción que fregar los platos. Lo miras y piensas "¿pero esto era lo que me tenía tan motivado?". Sí. Era esto. Pero tu cerebro ya se fue a otra parte.
Y entonces empieza lo peor: la búsqueda del siguiente proyecto. Porque el hueco que deja el proyecto muerto necesita llenarse. Y tu cerebro ya tiene tres candidatos esperando. Es un ciclo de obsesión y abandono que no puedes frenar.
El cementerio de los treinta días
Proyectos que he abandonado exactamente al mes:
Un newsletter sobre productividad. 4 ediciones. La quinta nunca se escribió.
Una tienda online de camisetas. Diseñé 12 camisetas. Subí 8. Vendí 0. Cerré la tienda.
Un canal de Twitch. Hice 9 directos. El décimo iba a ser "el mejor hasta ahora". No hubo décimo.
Un diario. 28 entradas. La entrada 29 nunca llegó. El diario está en un cajón con exactamente una página en blanco después de la última entrada. Esa página en blanco es la imagen más honesta de mi problema.
Cada uno de estos proyectos tenía potencial. Algunos incluso tenían tracción. Pero la tracción no sirve de nada cuando tu cerebro pierde el interés justo cuando las cosas empiezan a funcionar.
No es que te aburras. Es que la dopamina se acabó.
La gente dice "es que te aburres rápido". Y no. No me aburro. Aburrirse es no tener nada que hacer. Yo tengo un proyecto perfectamente viable entre las manos. Tengo cosas que hacer. Tengo resultados que conseguir.
Lo que no tengo es la energía química para hacerlas.
Imagina que tu cerebro es un coche eléctrico. Las primeras semanas funciona con la batería a tope. Pero esa batería no se recarga con el trabajo rutinario del proyecto. Solo se recarga con novedad. Y para la semana 4, la batería está a cero. El coche se para. No porque el destino haya cambiado. Porque no queda combustible.
Y lo peor es que hay otro coche nuevo en el garaje. Uno que acaba de llegar. Con la batería al máximo. Brillante. Emocionante. Nuevo.
¿Cuál vas a conducir?
Si esto te define, y no como algo que te pasa a veces sino como el patrón general de tu vida, vale la pena que un profesional lo mire. No es pereza. Puede ser algo neurológico que tiene nombre y soluciones. No lo digo para diagnosticar. Lo digo para que preguntes.
¿Hay alguna forma de pasar del mes?
Sí. Pero requiere un cambio de estrategia, no un cambio de actitud.
Primer truco: diseñar el proyecto para que sea completable en menos de un mes. Si tu límite es 30 días, haz que el final esté dentro de esos 30 días. Nada de proyectos de 6 meses. Sprints de 3 semanas con un resultado concreto al final.
Segundo truco: inyectar novedad forzada en la semana 3. Cambiar algo del proyecto. El formato, la herramienta, el enfoque. Engañar a tu cerebro para que piense que es nuevo cuando no lo es. Como hacer que lo conocido parezca desconocido.
Tercer truco: tener un cómplice. Alguien que te pregunte el día 25 cómo vas. Porque fallarle a alguien más te cuesta más que fallarte a ti mismo.
No es la solución perfecta. Sigo dejando cosas que empiezo. Pero ahora las dejo menos. Y las que termino, las termino porque entendí cómo funciona mi cerebro y diseñé el proyecto alrededor de eso, no al revés.
Porque entender por qué todo te cuesta más es el primer paso para que no te cueste tanto.
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