No puedo mantener una relación estable con el ejercicio

Empiezas el gym con todo, entrenas tres semanas seguidas, y un día dejas de ir. Sin razón. Sin aviso. Y no sabes por qué pasa siempre.

Enero. Otra vez. Matrícula nueva. Zapatillas nuevas. Rutina descargada. Los tres primeros días vas con una energía que asusta. Semana dos, bien. Semana tres, vas pero ya no quieres ir. Semana cuatro, no vas.

Febrero. Tienes la matrícula activa pero no la pisas. Te dices que la semana que viene vuelves. No vuelves.

Marzo. Das de baja la matrícula y sientes esa mezcla de alivio y vergüenza que ya conoces de otras veces. Porque no es la primera vez que te pasa. Ni la segunda. Ni la quinta. Y cada vez te crees menos tu propio "esta vez va a ser diferente".

¿Por qué no puedes mantener el hábito del ejercicio?

Porque no es un problema de hábito. Es un problema de cómo tu cerebro gestiona la motivación a medio plazo.

A ver, los primeros días de gym son geniales. Todo es nuevo. El ambiente, las máquinas, la sensación de estar haciendo algo por ti. Tu cerebro recibe dopamina por la novedad, por el compromiso, por la imagen mental de cómo te vas a poner. Es una fiesta.

Pero a las dos o tres semanas, esa fiesta se acaba. Lo que queda es la rutina. Ir al gym se convierte en una tarea más. No hay novedad. No hay sorpresa. Solo hay repetición. Y para un cerebro que necesita estímulo constante para funcionar, la repetición es veneno.

Es como tener un mechero que solo enciende con la primera chispa. Las siguientes no funcionan. Y tú necesitas fuego todos los días.

"Es que te falta disciplina"

Esta es la frase que más he oído. Y la que más daño hace.

Porque tú sabes que no es disciplina. Has tenido disciplina brutal durante esas tres semanas. Te has levantado temprano. Has ido aunque lloviera. Has seguido la rutina al pie de la letra. Disciplina no te faltaba.

Lo que te falta es la capacidad de mantener la activación cuando la novedad desaparece. Y eso no es algo que puedas forzar con fuerza de voluntad. Es como pedirle a alguien miope que vea mejor esforzándose más. No funciona así.

No puedo ser constante aunque quiero

El patrón que se repite fuera del gym

Y aquí está la clave. Porque si esto solo te pasara con el ejercicio, sería un tema de gustos. "No me gusta el gym, pues hago otra cosa." Pero te pasa con todo.

Te pasa con la dieta. Con los hobbies. Con los proyectos personales. Con ese curso que compraste y llevas 4 módulos de 12. Te pasa con los hobbies que abandonas antes de dominarlos. Siempre el mismo ciclo: arranque brutal, mantenimiento imposible, abandono sin causa clara.

Y cada vez que se repite, pierdes un poco de confianza en ti mismo. "Si no soy capaz de ir al gym tres veces por semana, ¿cómo voy a hacer algo grande?" Y ese pensamiento te hunde más que el gym en sí.

La relación tóxica con el ejercicio

Porque eso es lo que es. Una relación tóxica. Empiezas con todo, te va bien, lo dejas sin motivo, te sientes culpable, vuelves, lo dejas otra vez. Y cada ruptura duele un poco más que la anterior.

Lo peor es que el ejercicio es una de esas cosas que sabes que te vendría bien. No es una tontería. Es tu salud. Es tu energía. Es tu estado de ánimo. Y aun así no puedes mantenerlo. Y eso genera una frustración que no se explica con "es que no me gusta sudar".

No te gusta sudar. Vale. Pero tampoco te gusta sentirte así. Y entre las dos cosas, lo que más duele no es el ejercicio. Es la sensación de que no puedes controlar tu propia constancia.

Quizá no es el gym. Quizá eres tú (y no como piensas)

Mira, no te estoy diciendo que seas un desastre. Te estoy diciendo que tu cerebro tiene una forma concreta de funcionar que no encaja con la constancia lineal que el mundo te pide.

Ese patrón, esa incapacidad de mantener algo más allá de las primeras semanas, tiene nombre. Se llama TDAH. Y en adultos no se manifiesta como un niño que no para quieto. Se manifiesta exactamente así: como una persona que arranca con energía nuclear y se apaga sin previo aviso.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que hay algo más detrás de tu relación con el ejercicio, con los hábitos, con todo lo que te cuesta más que a los demás, habla con un psicólogo o psiquiatra. Merece la pena.

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