Mis notas de reuniones no tienen sentido cuando las releo
Tomo notas en cada reunión. Pero cuando las releo parecen escritas por otra persona. Ideas sueltas, palabras random, flechas que no van a ningún lado.
Ayer releí las notas que tomé en la reunión del lunes. Esto es lo que ponía:
"Plazos - Juan dice viernes? - NO olvidar presupuesto - (dibujo de algo que parece un gato) - formato nuevo revisar - importante lo de María"
¿Lo de María? ¿Qué era lo de María? ¿Qué formato? ¿Qué presupuesto? ¿Y por qué hay un gato dibujado?
No tengo ni idea. Cero. Es como si alguien hubiera hackeado mi libreta y hubiera escrito eso mientras yo no miraba. Excepto que lo escribí yo. Hace cuatro días. Y supuestamente estaba prestando atención.
¿Por qué mis notas parecen escritas por otra persona?
Mira, tomo notas en todas las reuniones. De verdad. Soy de los que llega con su libreta y apunta cosas. No es que me quede sentado mirando al infinito (bueno, a veces sí, pero intento que no se note mucho).
El problema es que entre lo que se dice en la reunión y lo que mi mano escribe, hay un filtro roto. Mi cerebro capta fragmentos. Palabras sueltas. Ideas a medias. Y los vomita en el papel sin orden, sin contexto y sin la mínima estructura que me permita entender después qué quería decir.
Es como intentar grabar una película con una cámara que se enciende y se apaga aleatoriamente. Tienes escenas sueltas, pero no puedes montar la película porque te faltan las transiciones.
Y lo peor es que durante la reunión yo siento que estoy entendiendo todo. Asiento. Participo. Digo cosas coherentes (a veces). Pero la información entra por un oído y en vez de quedarse archivada de forma ordenada, se dispersa por mi cabeza como confeti.
¿Qué pasa cuando alguien te pide "las notas de la reunión"?
Pánico. Eso pasa.
Porque si alguien me pide mis notas, lo que va a recibir es un jeroglífico que ni yo entiendo. Y si me pide que explique de memoria lo que se habló, voy a poder darle los puntos principales (los que captó mi cerebro porque eran interesantes o impactantes) pero me voy a dejar el 60% de los detalles.
¿La decisión sobre el proveedor? No la recuerdo. ¿Quién se encargaba de la propuesta? Ni idea. ¿Para cuándo era el deadline? Creo que era viernes. ¿De qué semana? Buena pregunta.
Y no es que no estuviera ahí. Estaba. Pero mi cerebro estaba ahí solo a ratos. Porque en las reuniones desconecto a los cinco minutos y luego reconecto, pierdo el hilo, tomo una nota que ya no tiene contexto, vuelvo a desconectar, y así durante una hora.
El resultado: un mosaico de fragmentos que no encajan.
El truco que usaba para sobrevivir
Desarrollé una estrategia bastante cutre pero efectiva: después de cada reunión, buscaba a alguien que hubiera estado atento (siempre hay uno) y le hacía preguntas como si estuviera "confirmando detalles". En realidad estaba rellenando los agujeros de mis notas.
"Oye, lo que dijo Juan al final, ¿era para este viernes o el que viene?" En realidad no tenía ni idea de qué había dicho Juan al final. Pero con la respuesta, podía reconstruir el contexto.
Era como ser un detective de mis propias lagunas. Y llevaba tanto tiempo haciéndolo que se me daba bastante bien. Pero el esfuerzo era agotador. Porque mientras los demás salían de la reunión con todo claro, yo salía con un puzzle incompleto que tenía que resolver antes de que alguien me preguntara algo.
A veces me iba al baño justo después de la reunión a escribir todo lo que recordaba antes de que se evaporara. Porque mi memoria a corto plazo es como un Snapchat: diez segundos y desaparece.
¿Solo me pasa a mí o le pasa a más gente?
A ver, todo el mundo se distrae en reuniones largas. Es humano. Pero hay una diferencia entre "me he perdido un minuto" y "tengo unas notas que parecen el diario de un loco y no recuerdo la mitad de lo que se habló".
Lo que me hizo sospechar que algo no cuadraba fue ver las notas de otros compañeros. Ordenadas. Estructuradas. Con puntos de acción claros. Como si hubieran estado en una reunión diferente a la mía.
Y lo que me frustraba es que yo me esforzaba más que ellos en tomar notas. Literalmente. Estaba todo el rato escribiendo mientras ellos solo apuntaban lo clave. Y aun así, mis notas eran peores. Como si el problema no fuera de esfuerzo sino de cómo mi cerebro procesa la información.
Que es exactamente lo que era.
Lo que nadie me explicó sobre mi forma de procesar información
Esto tiene nombre. Se llama TDAH. Y una de sus características menos visibles pero más impactantes en el trabajo es la dificultad con la memoria de trabajo y el procesamiento secuencial de información.
En una reunión, tu cerebro necesita hacer varias cosas a la vez: escuchar, procesar, filtrar lo importante, retener el contexto, y decidir qué apuntar. Para un cerebro con TDAH, esta cadena se rompe constantemente. Capturas fragmentos pero pierdes la conexión entre ellos. Es como intentar montar IKEA con instrucciones a las que les faltan páginas.
Según la investigación sobre funciones ejecutivas, la memoria de trabajo reducida es uno de los déficits centrales del TDAH. No es que no prestes atención. Es que tu atención funciona a saltos, y lo que cae entre los saltos se pierde.
Esto no es un diagnóstico. Si te reconoces en esto, habla con un profesional. Pero saber que hay personas a las que les cuesta más que a otras algo que parece tan básico puede ser un alivio enorme. A mí me lo fue.
Porque dejé de pensar que era tonto y empecé a buscar herramientas que compensaran lo que mi cerebro no hacía solo. Y eso cambió las cosas más de lo que imaginas.
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