No puedo empezar si las condiciones no son perfectas

Esperas que todo esté en orden para ponerte a trabajar, pero ese momento perfecto nunca llega. Esto es lo que está pasando en tu cabeza.

Tienes que empezar ese proyecto. Lo sabes. Llevas días sabiéndolo.

Pero primero tienes que ordenar la mesa. Y tomar un café. Y que el café esté a la temperatura justa. Y que la luz sea buena. Y que no haya ruido. Y que no tengas nada pendiente de responder. Y que el bloque de tiempo sea lo suficientemente largo.

Y mientras tanto, el proyecto sigue ahí. Sin empezar.

¿Cuándo es el momento perfecto para empezar?

Spoiler: nunca.

No porque seas vago. No porque no quieras. Sino porque ese momento perfecto que estás esperando no existe. O existe durante exactamente tres minutos un martes a las 10:47 de la mañana, y cuando llega ya estás pensando que hay que ir al baño.

Y lo sabes. Lo sabes racionalmente. Le dirías a cualquier amigo que no espere a que todo esté en orden para empezar. Que hecho imperfecto vale más que perfecto en la cabeza.

Pero eso no cambia nada. Sigues sin empezar.

Y ahí está el problema. No es un problema de conocimiento. Es un problema de otra cosa.

La mesa nunca estará suficientemente ordenada

Yo llegué a tener un ritual de inicio tan elaborado que tardaba más en preparar el entorno que en hacer el trabajo en sí.

Necesitaba la mesa limpia. El portátil en cierto ángulo. La ventana abierta pero no demasiado. El bloc de notas a la derecha, no a la izquierda. Una lista de tareas escrita a mano, aunque ya la tuviera en el ordenador. Y si algo fallaba, o sea, si el vecino de arriba empezaba con la lavadora o me llegaba un mensaje en mitad del ritual, empezábamos de cero.

No es exageración. Era mi vida hace unos años.

Y la trampa buena de todo esto es que tiene una justificación razonabilísima. "Si las condiciones son malas, voy a rendir peor. Entonces tiene sentido esperar a que sean buenas." Suena lógico. Suena hasta responsable. Suena a alguien que se conoce y gestiona sus recursos.

Pero si te pasas la vida esperando a que las condiciones sean perfectas, hay algo más detrás de eso que eficiencia.

Lo que en realidad estás evitando

A ver, te lo digo directamente.

La búsqueda de condiciones perfectas casi nunca es sobre las condiciones. Es sobre lo que pasa cuando empiezas.

Cuando empiezas, te expones. La tarea deja de ser una idea bonita y se convierte en algo que puede salir mal. Puedes hacerlo mal. Puedes descubrir que no sabes por dónde empezar. Puedes confirmar esa voz de fondo que lleva tiempo diciéndote que no eres capaz.

Mientras no empiezas, todas esas cosas son solo posibilidades. Posibilidades que puedes ignorar diciéndote que lo harías si las condiciones fueran mejores.

Es un escudo. Un escudo con muy buena cobertura de marketing.

Y lo peor es que el escudo funciona. Funciona tan bien que a veces ni lo ves. Piensas que el problema es la mesa, el ruido, la luz. Y resulta que hay algo que bloquea antes de empezar que no tiene nada que ver con el entorno físico.

Por qué tu cerebro genera ese bloqueo

Aquí viene la parte que a mí me cambió la manera de verlo.

El cerebro tiene un sistema que evalúa si una tarea merece la energía que le va a costar. Coste versus recompensa. Si la recompensa es clara, cercana y estimulante, arranca. Si la recompensa es difusa, lejana o la tarea parece amenazante, busca salidas.

Las condiciones perfectas son una de esas salidas.

Tu cerebro no está siendo irresponsable. Está haciendo exactamente lo que está diseñado para hacer: buscar una razón para no exponerse a algo que procesa como riesgo. Y "las condiciones no son óptimas" es una razón con muy buena imagen pública.

El problema es cuando ese mecanismo se dispara constantemente. Cuando cualquier tarea, por pequeña que sea, activa el modo espera. Cuando te pasas horas preparándote para empezar y nunca llegas al trabajo en sí.

Eso ya no es gestión de energía. Eso es un patrón que merece atención.

La ilusión del entorno ideal

Imagina que cada vez que tienes que saltar un charco esperas a que alguien construya un puente.

El charco puede ser pequeño. Puede que lo hayas saltado mil veces. Puede que tengas el impulso y la distancia perfecta. Pero esperas el puente porque, oye, con puente sería más seguro y más cómodo.

Y mientras esperas, el charco sigue ahí. Y tú también.

El entorno importa. No te voy a decir que da igual dónde trabajas o con cuánto ruido o si tienes hambre. Eso sería una estupidez. Pero hay una diferencia enorme entre ajustar el entorno para trabajar mejor y usar el entorno como excusa para no trabajar.

La primera te hace más eficiente. La segunda te mantiene paralizado con una coartada perfecta.

Y si te cuesta todo más que a los demás y no entiendes por qué, esta barrera de las condiciones perfectas puede ser uno de los primeros síntomas que hay algo más profundo en juego.

Puede que tu cerebro necesite más de lo que crees

Voy a decirte algo que a lo mejor suena raro al principio.

Hay cerebros que necesitan más estimulación que otros para arrancar. No porque sean vagos. No porque les falte disciplina. Sino porque están regulados de una manera diferente. Necesitan novedad, urgencia o interés para activarse. Y cuando no los tienen, buscan mil razones para esperar.

Eso tiene un nombre. Se llama TDAH.

No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye un diagnóstico profesional, y si crees que puede ser relevante, lo primero es hablar con un psicólogo o psiquiatra que sepa del tema. Pero sí te digo que cuando yo entendí por qué mi cerebro montaba esas barreras antes de empezar, todo cobró un sentido que antes no tenía.

No se arregló solo. Pero al menos supe qué preguntas hacerle a un profesional.

Y dejé de pensar que era culpa mía.

El momento perfecto no va a llegar. Y eso está bien.

La mesa no tiene que estar perfecta. La luz tampoco. El café puede estar un poco frío.

Lo único que tiene que pasar es que empieces con lo que hay ahora mismo.

No porque sea fácil. No porque vaya a salir bien. Sino porque la única manera de romper ese patrón es hacerlo imperfecto una vez. Y luego otra. Y luego otra.

Imperfecto pero publicado, que decía alguien que conozco.

Si esto te resuena y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de 43 preguntas. Gratis, 10 minutos, sin diagnóstico pero con mucha claridad. Puedes hacerlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo