No puedo hacer nada si sé que tengo algo pendiente
Tienes algo pendiente y no puedes hacer nada más hasta resolverlo. Aunque lo que hay que hacer sea pequeño. Aunque lleves horas parado. Tiene explicación.
Hay una tarea pendiente. No es urgente. No es complicada. Tal vez es solo mandar un email. O llamar a alguien. O rellenar un formulario de nada.
Y no puedes hacer otra cosa.
O sea, intentas ponerte a trabajar. Intentas leer, ver algo, hacer lo que tenías planeado. Pero ahí está. La tarea. Flotando en tu cabeza como un globo que no puedes ignorar. Y hasta que no la cierras, no puedes cerrar nada más.
¿Por qué una tarea pequeña puede paralizarte el día entero?
A ver, porque desde fuera no tiene ningún sentido. La gente normal, cuando tiene algo pendiente, lo apunta, lo olvida temporalmente y sigue con su vida. Punto.
Tú no.
Tú sabes que tienes eso pendiente. Y tu cerebro lo sabe también. Y tu cerebro, en vez de aparcarlo tranquilamente en algún rincón para recuperarlo cuando toque, decide mantenerlo en pantalla completa. Encima de todo. Bloqueando el resto.
Es como tener una ventana emergente que no puedes cerrar. Y no puedes trabajar en el navegador porque la ventana emergente está justo encima. Y le das a cerrar, pero no cierra. Le das con más fuerza, tampoco. Y al final estás mirando la ventana emergente durante tres horas en vez de hacer lo que ibas a hacer.
Y la ventana emergente era recordarte que tenías que comprar papel de aluminio.
Papel. De. Aluminio.
Lo que pasa en tu cabeza cuando algo queda abierto
Resulta que esto tiene nombre. Se llama el efecto Zeigarnik, que básicamente dice que el cerebro humano recuerda mejor las tareas incompletas que las completadas. Tu cabeza tiene un sistema de seguimiento interno, y cuando algo queda sin cerrar, ese sistema no para de mandar señales. "Oye. Eso. ¿Lo has hecho ya? ¿Y ahora? ¿Ahora sí?"
Para la mayoría de personas eso es una molestia leve. Un pitido de fondo.
Para algunos cerebros, ese pitido es un cañonazo. Y no hay forma de bajarle el volumen sin resolver la tarea.
Y eso se dispara más cuando la tarea tiene algo de incertidumbre. No saber cómo va a salir la llamada. No saber si el email va a generar más trabajo. No saber si ese trámite va a ser más complicado de lo que parece. Tu cabeza empieza a procesar todos los escenarios posibles. Todos. La tarea crece en tu cabeza hasta ser monstruosa aunque en realidad sea una cosa de nada.
Y mientras tu cabeza está haciendo ese festival de "y si pasa esto, y si pasa lo otro", tú sigues sin poder hacer otra cosa.
El problema del sistema de tareas que nunca cierra
Tengo una teoría. Y te la digo por experiencia propia.
El problema no es solo la tarea en sí. El problema es que no tienes un sistema en el que confíes para capturar lo que tienes pendiente y soltarlo.
Cuando confías en que algo está anotado, cuando sabes que hay un lugar donde está escrito y que lo vas a ver cuando toque, tu cerebro puede soltar. "Vale, ya está gestionado. Siguiente."
Pero si tu sistema de tareas es la memoria, o un sticky note que a lo mejor ves o a lo mejor no, o una aplicación que llevas seis meses sin abrir, tu cerebro no confía. Y si no confía, no suelta. Y si no suelta, ahí se queda, ocupando espacio, bloqueando todo lo demás.
Y ojo. Hay quien tiene un sistema perfecto, con todas las apps del mundo, con colores, con etiquetas, con recordatorios cada veinte minutos. Y aún así su to-do list le da más ansiedad que motivación. Porque el problema no es la herramienta. Es la relación que tu cerebro tiene con las cosas incompletas.
La trampa de la tarea "fácil"
Lo más frustrante es cuando la tarea que te bloquea es una tontería.
Porque si fuera algo grande, al menos lo entenderías. "Mira, tengo que preparar una presentación importante, normal que no pueda pensar en otra cosa."
Pero no. Es mandar un mensaje. Es confirmar una reserva. Es rellenar algo que tarda tres minutos.
Y llevas cuatro horas sin hacer nada por culpa de eso.
Y encima te dices: "Pero si es facilísimo, ¿por qué no lo hago ya?" Y no lo haces. Y te sientes como un idiota. Porque sabes que bastaría con hacerlo para que todo volviera a fluir. Y aún así no arrancas.
Pues mira, no eres un idiota. Es que tu cerebro necesita cierto tipo de activación para lanzarse a hacer cosas, y cuando esa activación no llega, no llega. Y no se arregla pensando más en ello. No se arregla diciéndote que es fácil. Que a otros les cueste todo menos que a ti no significa que tú estés roto. Significa que tu cerebro funciona con reglas distintas.
¿Qué hacer cuando una tarea te tiene bloqueado?
Te doy lo que a mí me funciona. A lo mejor a ti también.
Lo primero: no intentar ignorarlo. Ya has comprobado que no funciona. Fingir que la tarea no existe no hace que tu cerebro la suelte. Lo hace peor. Le da más protagonismo.
Lo segundo: abrir el proceso, no solo la tarea. En vez de pensar "tengo que mandar ese email", piensa "¿cuál es el primer paso para mandar ese email?" Abres el cliente de correo. Solo eso. No mandas nada todavía. Solo abres. A veces el primer micro-movimiento es suficiente para que el cerebro arranque.
Lo tercero, y esto es el más contraintuitivo: a veces la solución es hacer primero la tarea pendiente aunque hayas planeado hacer otra cosa. Sé que parece rendirse. Pero si sabes que vas a estar bloqueado mientras no la hagas, igual la estrategia más eficiente es quitártela de encima y luego volver a lo tuyo.
No es magia. No funciona siempre. Pero funciona más veces de las que esperas.
Y si esto que te cuento te suena demasiado familiar, si esto no es algo que te pase de vez en cuando sino casi siempre, puede que valga la pena entender por qué tu cerebro gestiona así las cosas pendientes.
Hice un test de TDAH con 43 preguntas. 10 minutos, gratis. No es un diagnóstico, es un punto de partida para entender si tu cerebro funciona con reglas distintas. Puedes hacerlo aquí.
Sigue leyendo
No tengo ninguna habilidad profunda porque dejo todo a medias
Sabes de todo un poco y de nada lo suficiente. Tu CV parece un buffet libre. Y no es falta de talento, es otra cosa.
Cuando no tengo nada que hacer me hundo en vez de relajarme
El tiempo libre debería ser descanso. Pero tú sin tareas te sientes peor que con mil. No eres raro. Tu cerebro necesita estimulación para funcionar.
Me apunto a cosas con toda la ilusión y después no voy
Te apuntas al gimnasio, a un curso, a una quedada. Con toda la ilusión. Y cuando llega el día, no vas. Tu yo del futuro siempre te traiciona.
Abro el documento, lo miro, y lo cierro sin escribir nada
Tienes el archivo abierto, el cursor parpadeando, y no escribes nada. Y lo peor: no es pereza. Es algo que le pasa a más gente de la que crees.