Me apunto a cosas con toda la ilusión y después no voy
Te apuntas al gimnasio, a un curso, a una quedada. Con toda la ilusión. Y cuando llega el día, no vas. Tu yo del futuro siempre te traiciona.
Me apunté a clases de polaco hace seis meses. Con toda la ilusión del mundo.
Vivo en Polonia. Tiene sentido. Encontré una academia, pagué el primer mes, me compré un cuaderno nuevo (porque claro, cuaderno nuevo es parte del ritual), y le dije a mi novia "en tres meses voy a poder pedir el pan en polaco sin hacer el ridículo".
Fui dos veces. Dos.
Y no es que las clases fueran malas. Eran geniales. La profesora era crack. El grupo era majo. Todo perfecto. Pero cuando llegaba el martes por la tarde, mi cerebro tenía 47 razones para no ir. "Estoy cansado." "Hoy tengo mucho lío." "Voy la semana que viene y recupero." "Total, puedo aprender con Duolingo."
No fui la semana que viene. Ni la siguiente. El cuaderno nuevo tiene exactamente tres páginas escritas. La mitad en español.
¿Por qué te apuntas si sabes que no vas a ir?
Porque cuando te apuntas no eres tú. Eres la versión idealizada de ti mismo.
O sea, el tú que se apunta a las cosas es un tío motivado, con energía, con ganas, que puede con todo. Es el tú del domingo por la noche que planifica una semana perfecta. El que se compra los ingredientes para cocinar sano toda la semana. El que dice "este mes sí que sí".
Pero el tú que tiene que ir es otro. Es el tú del martes a las seis de la tarde, que lleva todo el día currando, que está cansado, que lo último que quiere es salir de casa. Y ese tú mira los planes del tú motivado y piensa "¿pero este tío en qué estaba pensando?".
Es una guerra civil entre dos versiones de ti mismo. Y la versión del sofá gana casi siempre.
El ciclo que conozco de memoria
Primera semana: vas con toda la energía. Llegas pronto. Participas. Te sientes bien. "¿Por qué no empecé antes?"
Segunda semana: vas, pero ya te cuesta un poco. Tienes que convencerte. Pero vas.
Tercera semana: faltas un día. "No pasa nada, recupero." No recuperas.
Cuarta semana: has ido una vez. O ninguna. Y empiezas a evitar mirar el calendario porque te recuerda que estás pagando por algo que no usas.
Quinto mes: sigues pagando. No vas. No cancelas la suscripción porque cancelarla sería admitir que lo has dejado. Y mientras no la canceles, técnicamente "estás apuntado". Como si eso contara.
Esto no es solo el gimnasio. Son los cursos online que compras y no abres. Las quedadas que confirmas y cancelas a última hora. Las citas que programas y abandonas antes de que empiecen. Todo lo que tu yo futuro tiene que hacer y tu yo presente prometió sin consultar.
La brecha entre decidir y ejecutar
Hay un abismo entre "quiero hacer esto" y "estoy haciendo esto". Y para algunos cerebros, ese abismo es más ancho que para otros.
Pues mira, para la mayoría de la gente, decidir hacer algo genera suficiente inercia como para hacerlo cuando toca. Hay una conexión más o menos directa entre la intención y la acción.
Pero hay cerebros donde esa conexión está rota. O mejor dicho, donde la conexión depende completamente de cómo te sientas en el momento. Y como no puedes predecir cómo te vas a sentir el martes a las seis de la tarde, tus planes son básicamente apuestas. A veces ganas. Pero la banca suele ganar.
Si esto te pasa con prácticamente todo, no solo con el gimnasio sino con cualquier intento de ser constante, puede que no sea falta de ganas. Puede que sea algo más. Y merece la pena mirarlo con alguien que sepa.
Lo que me funciona (cuando funciona)
Dos cosas.
La primera: no apuntarme a nada que dependa de "cómo me sienta ese día". Si puedo, busco un compromiso con otra persona. Porque fallarme a mí mismo me da igual, pero fallarle a alguien me cuesta más. Es triste pero funciona.
La segunda: reducir la fricción hasta lo absurdo. Si la clase es a las seis, a las cinco y media ya tengo que estar vestido y con las llaves en la mano. No "a las cinco y media me preparo". No. A las cinco y media todo tiene que estar hecho. Porque si hay una sola decisión pendiente entre yo y la puerta, mi cerebro va a usarla como excusa para no ir.
No es perfecto. Sigo fallando. Pero fallo menos. Y al final, entender que todo te cuesta más ya es media batalla.
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Si te apuntas a cosas con ilusión y nunca vas, y este patrón se repite en todas las áreas de tu vida, puede que haya algo más detrás. Tengo un test de 43 preguntas que te da bastante claridad. Gratis. Hacer el test TDAH.
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