No puedo esperar a que llegue algo sin que me consuma la ansiedad
Cuando esperas algo bueno o malo, la ansiedad te devora. No puedes pensar en otra cosa. No es impaciencia, es algo más profundo.
Tienes una entrevista de trabajo el jueves. Es lunes. Y ya no puedes hacer nada más.
No puedes trabajar. No puedes leer. No puedes tener una conversación normal sin que tu cerebro vuelva al jueves cada 45 segundos. Es como si todo lo que existe entre ahora y ese momento fuera una sala de espera infinita con sillas incómodas y una tele que solo pone anuncios.
Y lo más absurdo es que podría ser algo bueno. Un viaje. Un concierto. Una cena con alguien que te gusta. Da igual. Tu cerebro no distingue entre "cosa buena que viene" y "posible desastre". Solo sabe que hay algo por delante y que no puede controlar cuándo llega.
¿Es normal sentirse así antes de que pase algo?
A ver, todo el mundo se pone nervioso antes de una entrevista. Eso es normal. Lo que no es normal es que la entrevista sea en cuatro días y tú ya no puedas funcionar. Que te despiertes a las tres de la mañana repasando mentalmente lo que vas a decir. Que te sientes a comer y de repente te des cuenta de que llevas diez minutos masticando el mismo trozo mirando la nada.
Eso no es nervios. Eso es tu cerebro secuestrado por algo que todavía no ha pasado.
Y no es solo con cosas malas. Yo he tenido ansiedad antes de vacaciones. Antes de un cumpleaños. Antes de algo que se supone que es divertido. Porque mi puñetero cerebro no sabe esperar sin hacer nada. Necesita acción. Necesita que las cosas pasen ya. Y cuando hay un hueco entre "ahora" y "cuando pasa", lo llena con escenarios, con planes, con preocupaciones, con un bucle infinito de "y si...".
Es como tener un GPS que recalcula ruta cada tres segundos aunque vayas por la autopista correcta. No hay problema real. Pero el GPS no para.
La ansiedad anticipatoria como forma de vida
Hay un nombre para esto: ansiedad anticipatoria. Suena a término de psicólogo, pero básicamente es esto: tu cerebro se adelanta al evento y lo vive antes de que ocurra. Con todo el estrés incluido. A veces incluso más estrés del que tendrías cuando el evento llega de verdad.
Y tiene sentido si lo piensas. Cuando la cosa pasa, al menos puedes reaccionar. Puedes hacer algo. Estás en modo acción. Pero en la espera no puedes hacer nada. Y ese "no poder hacer nada" es insoportable para un cerebro que necesita estímulo y control.
Imagínate una olla a presión que no tiene válvula de escape. La presión sube y sube y no hay por dónde salir. Eso es tu cabeza el miércoles por la noche antes de la entrevista del jueves. Todo cerrado. Todo acumulándose. Y tú ahí, mirando el techo, con el corazón a 150.
Si encima te pasa que las decisiones que pospones te generan la misma angustia, el combo es demoledor. Tu cerebro vive en un estado constante de anticipación.
Y luego el evento llega y no era para tanto
Eso es lo peor. Que la entrevista llega, dura 30 minutos, sale bien, y piensas: "He estado cuatro días destrozado por esto". Y te sientes idiota. Y te prometes que la próxima vez no va a ser así. Y la próxima vez es exactamente igual.
Porque no es una cuestión de voluntad. No es que decidas ponerte ansioso. Es que tu cerebro tiene un sistema de alarma que se activa demasiado pronto, demasiado fuerte, y se queda encendido demasiado tiempo. Tú no controlas cuándo se enciende ni cuándo se apaga.
Y la gente te dice cosas como "no pienses en ello". Claro. Genial consejo. Como decirle a alguien con hipo que deje de tener hipo. Si pudiera no pensar en ello, no estaría así.
El cerebro que no sabe vivir en el presente
Pues mira, te voy a decir algo. Esa incapacidad de estar en el presente cuando hay algo futuro que te preocupa, esa sensación de que tu mente siempre está tres días por delante, esa ansiedad que te come cuando no puedes actuar. Hay mucha gente a la que le pasa exactamente eso. Y en muchos casos tiene una explicación que va más allá de "eres una persona nerviosa".
Hay cerebros que funcionan con un sistema de regulación emocional diferente. Que sienten las emociones con una intensidad que no pueden controlar. Que no pueden modular la respuesta. Y eso tiene nombre. Se llama TDAH. Y no es solo hiperactividad ni falta de atención. A veces es esto: un cerebro que vive a mil revoluciones emocionalmente y que no tiene freno de mano.
No estoy diciendo que sea tu caso. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si te identificas con todo esto y además sientes que te cuesta todo más que a los demás sin saber por qué, puede que merezca la pena explorarlo.
Si te suena esto, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No te va a dar un diagnóstico, pero puede darte una primera pista de por qué tu cerebro funciona así. Puedes hacerlo aquí.
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