No puedo empezar nada si no me apetece en ese momento exacto

Si no te apetece, no puedes. Da igual que sea importante. Da igual que sea urgente. Si las ganas no están, tú tampoco.

Son las 10 de la mañana. Tengo una lista de cosas que hacer. Sé cuál es la más importante. Sé que debería empezar por ella. Sé que si la hago ahora, el resto del día irá rodado.

Pero no me apetece.

Y ya está. Conversación terminada. Mi cerebro ha decidido que hoy no le apetece esa tarea y no hay negociación posible. Da igual que sea importante. Da igual que tenga fecha límite. Da igual que ayer me prometí a mí mismo que hoy sí la haría. Si las ganas no están, yo tampoco.

Y no es pereza. Es algo más raro que eso. Porque las ganas de hacer otras cosas sí están. Reorganizar el escritorio: ganas. Ver un vídeo sobre algo que no necesito saber: ganas. Hacer la compra aunque no toque: ganas. Pero la tarea que importa, la que realmente mueve la aguja, esa la miro y siento un rechazo que no puedo explicar.

¿Por qué necesitas ganas para hacer algo que sabes que tienes que hacer?

Porque tu cerebro funciona por motivación, no por obligación. Y hay una diferencia enorme entre los dos.

La mayoría de la gente puede hacer cosas sin que les apetezca. No les gusta, pero las hacen. Se sientan, hacen la tarea, la terminan, y siguen con su vida. No necesitan estar "de humor." Simplemente lo hacen.

Y tú los miras y piensas: ¿cómo? ¿Cómo puede alguien sentarse a hacer algo que no le apetece como si nada? ¿Qué botón tienen que yo no tengo?

Pues resulta que sí hay un botón. Se llama función ejecutiva. Y es el mecanismo que te permite pasar de "sé que tengo que hacer esto" a "estoy haciendo esto." En tu cerebro, ese mecanismo no siempre funciona bajo demanda. Funciona cuando hay suficiente interés, novedad, urgencia o consecuencia inmediata. Si no hay ninguna de esas cuatro cosas, el motor no arranca.

Y "es importante" no es ninguna de esas cuatro cosas. Importante es un concepto abstracto. Tu cerebro necesita algo concreto. Algo que sienta, no que sepa.

¿Cómo es vivir dependiendo de las ganas?

Es vivir en una lotería. Cada mañana despiertas y no sabes qué versión de ti va a aparecer. A veces te levantas con energía y ganas de comerte el mundo. Y esos días haces en 3 horas lo que normalmente te lleva 3 semanas.

Pero otros días te levantas y tu cerebro ha decidido que hoy no. Que hoy toca modo ahorro. Que hoy nada le interesa lo suficiente como para arrancar.

Y lo peor es que no puedes forzarlo. Porque ya lo has intentado. Te has sentado delante de la tarea. Has abierto el documento. Has leído la primera línea. Y te has quedado ahí, mirando la pantalla, sin que pase nada. Como un coche con el contacto puesto pero sin gasolina.

Y entonces viene la culpa. "¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo hacer algo tan simple?" Y esa culpa te quita la poca energía que tenías. Y el día se pierde.

La trampa de esperar a estar listo

Lo que más daño hace es la creencia de que las ganas van a llegar. "Espero a estar de humor." "Empiezo cuando me sienta preparado." "Mañana seguro que me apetece."

Pero mañana tampoco te apetece. Ni pasado. Ni la semana que viene. Porque las ganas no son algo que llega. Son algo que, para ciertas tareas, nunca va a aparecer espontáneamente.

Y mientras esperas, las tareas se acumulan y la parálisis crece. Hasta que la fecha límite está encima y la urgencia hace el trabajo que las ganas no hicieron. Y entonces sí puedes. De repente, a las 11 de la noche del último día, tu cerebro decide que ahora sí le apetece. Curioso, ¿no?

¿Qué hago cuando no me apetece hacer nada?

No espero. Porque esperar no funciona.

Lo que hago es reducir la tarea hasta que sea tan pequeña que no necesite ganas. "Escribir el artículo" se convierte en "abrir el documento." Solo abrirlo. No escribir nada. Solo abrirlo. Y una vez abierto, a veces escribo una frase. Y una frase lleva a otra. Y a veces, solo a veces, las ganas aparecen después de empezar, no antes.

No siempre funciona. Hay días que abro el documento, lo miro 3 segundos y abro YouTube en su lugar. Pero funciona más veces de las que no funciona. Y eso ya es suficiente.

No soy médico ni psicólogo. Pero si funcionar a base de ganas es tu modo por defecto y no una excepción, si tu productividad depende literalmente de tu humor ese día, hay explicaciones que van más allá de la disciplina.

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