No me concentro si estoy cansado pero tampoco si estoy descansado
Cansado no puedes. Descansado tampoco. Ni con café, ni sin él. Si tu concentración no tiene lógica, puede que el problema no sea el cansancio.
Llevas tres días diciéndote que mañana vas a ser productivo porque vas a dormir bien esta noche.
Duermes bien. Te despiertas descansado. Te pones delante del ordenador. Y no puedes concentrarte igual que el día anterior, cuando ibas con el cerebro frito.
O sea: cansado, no funcionas. Descansado, tampoco. Y ahí estás tú, mirando la pantalla pensando qué demonios tiene que pasar para que tu cerebro coopere.
¿Por qué no me concentro aunque haya dormido bien?
Esta es la pregunta que nadie hace porque se asume que el cansancio es la causa de todo. Y claro, tiene sentido. Si estás cansado, no te concentras. Solución: dormir más.
Pero hay personas para las que eso no funciona.
Duermes ocho horas y estás igual de disperso. Descansas el fin de semana entero y el lunes sigues sin poder arrancar. Y encima la falta de lógica hace que te sientas más culpable, porque ya no tienes excusa. "He dormido bien. No tengo razones para estar así. Entonces el problema soy yo."
No es que seas tú. Es que estás buscando la causa en el sitio equivocado.
El cansancio afecta a la concentración. Es real. Pero no explica todo. Porque hay algo que va por debajo del cansancio y que no se arregla durmiendo.
El día que dormí diez horas y seguí sin funcionar
Te voy a contar algo que me pasó hace un tiempo.
Estaba en una temporada en la que no arrancaba. Pensé que era por el ritmo. Muchas noches tarde, mucho café, pocas horas de sueño. Me convencí de que si dormía bien unos días seguidos, todo se solucionaría.
Pues bien: me tomé cuatro días de descanso. Dormí lo que me dio la gana. Nada de pantallas a horas raras. Salí a caminar por Wrocław, que en primavera es bastante agradable. Me alimenté como una persona normal.
El quinto día me puse a trabajar. Y nada. Mismo bloqueo. Misma dispersión. El cerebro haciendo el equivalente mental de mirar por la ventana aunque no hubiera ventana.
Y ahí pensé: no es el cansancio. Es otra cosa.
Esa "otra cosa" es la regulación de la atención. Que no depende de cuánto hayas dormido, sino de cómo procesa tu cerebro los estímulos y gestiona el foco en cada momento.
La trampa del "mañana ya podré"
El problema de pensar que el cansancio lo explica todo es que te mete en un bucle.
Hoy no puedo porque estoy cansado. Mañana, que descanse, podré.
Mañana no puedes. Pues es que todavía no has descansado suficiente. El fin de semana sí.
El fin de semana tampoco puedes. Pues es que algo más te está quitando energía. Quizá el estrés. Quizá la dieta. Quizá te falta vitamina D.
Y sigues buscando la causa correcta para el remedio que no funciona. La causa es el cansancio. El remedio es descansar. Y como el remedio no funciona, concluyes que no has descansado lo suficiente. O que hay una variante nueva del cansancio que todavía no has identificado.
Así se pueden pasar años.
El círculo se rompe cuando cambias la pregunta. En vez de "¿cómo me dejo de cansar?", preguntas "¿por qué mi atención no tiene consistencia aunque mi cuerpo esté bien?".
Lo que el cansancio no explica
Mira, hay gente a la que todo le cuesta más que a los demás. No porque sean vagos ni porque duerman poco. Sino porque su cerebro no regula la atención del mismo modo.
Eso tiene un nombre. Se llama TDAH. Y una de sus características más confusas es exactamente esto: la inconsistencia. Hay días buenos y días malos sin un patrón claro. Tu atención tiene un modo on y un modo off que no controlas conscientemente, y que no responde a las palancas obvias como el sueño o el ejercicio.
El cerebro TDAH no regula el foco de forma lineal. No es que "a más descanso, más concentración". Es que el acceso al foco depende de otros factores: el nivel de interés en la tarea, la urgencia, la novedad, el estado emocional. Y eso no lo puedes controlar solo durmiendo más.
Por eso funciona bien cuando hay un deadline que te pone nervioso. Por eso te concentras durante horas en algo que te apasiona, aunque hayas dormido cuatro horas. Por eso hay días que parece que tu cerebro tiene turbo y días que parece que alguien le puso el freno de mano. El cansancio influye, claro. Pero no manda.
Y hay otro factor que complica aún más el asunto: después de comer tampoco puedes concentrarte. Ni en ayunas. Ni cansado. Ni descansado. Si tu cerebro parece tener opiniones propias sobre cuándo coopera y cuándo no, ese patrón vale la pena explorarlo.
¿Entonces qué hago?
Primero: deja de buscar el estado perfecto. No existe. No vas a encontrar la combinación mágica de horas de sueño, café y temperatura de la habitación que haga que tu cerebro funcione siempre. No funciona así para todo el mundo.
Segundo: observa el patrón real. ¿Cuándo sí puedes concentrarte? ¿En qué tipo de tareas? ¿A qué hora? ¿Con qué nivel de presión? No para replicar la fórmula, sino para entender cómo funciona tu cabeza.
Tercero: si llevas tiempo con esta inconsistencia y el cansancio no lo explica del todo, puede merecer la pena que hables con alguien. No para que te diagnostiquen en internet, sino para tener una evaluación real. No te digo que tengas TDAH. Te digo que si el patrón encaja, tiene sentido investigarlo.
Esto no es un diagnóstico. Y yo no soy médico. Si algo de lo que has leído resuena de verdad, lo que toca es hablarlo con un profesional, no quedarte con el artículo de un tío en internet.
Pero si quieres un punto de partida antes de esa conversación, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No te dice si tienes o no tienes TDAH, pero sí te da un primer mapa de cómo funciona tu atención.
Si tu concentración no tiene lógica y ya has descartado el cansancio como causa, quizá el siguiente paso sea entender cómo funciona tu cerebro de verdad. Puedes empezar por aquí: Hacer el test TDAH
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