Salgo de la reunión y no recuerdo qué se decidió
Estuviste en la reunión. Asentiste. Tomaste notas. Y al salir no recuerdas ni de qué iba. Tu memoria de trabajo tiene un problema.
La reunión dura una hora. Participas. Asientes. Hasta dices algo inteligente en el minuto treinta y siete. Sales de la sala, te sientas en tu sitio y piensas: "Vale. ¿Qué se ha decidido exactamente?"
Nada. Blanco. Como si la reunión hubiera sido un sueño del que solo recuerdas fragmentos sueltos.
Y lo peor no es que no lo recuerdes. Lo peor es que durante la reunión estabas convencido de que lo estabas pillando todo. "Sí, sí, lo tengo." No. No lo tenías.
Esto me pasa desde siempre. Me pasaba en la universidad, me pasa en reuniones de trabajo, me pasa hasta cuando mi novia me explica los planes del fin de semana. Escucho, proceso, asiento. Y a los diez minutos, nada.
¿Por qué puedo escuchar sin retener nada?
Porque escuchar y retener son dos procesos distintos. Y tu cerebro puede hacer uno sin el otro.
Imagina que tu memoria de trabajo es una mesa pequeñita. Caben tres cosas. Cuatro con suerte. Pero en una reunión de una hora te tiran encima cuarenta datos, quince decisiones y ocho tareas. Tu mesa se llena en el minuto cinco. Todo lo que llega después, se cae al suelo.
Y no es que no estuvieras prestando atención. Es que tu sistema de almacenamiento temporal tiene un tope. Y una vez que lo superas, la información entra por un oído y sale por el otro. Literalmente.
La gente que sale de las reuniones recordando todo no tiene mejor memoria que tú necesariamente. Tiene una mesa más grande. O un sistema que archiva automáticamente mientras escucha. El tuyo no hace eso. El tuyo dice "ya lo guardaré luego" y luego, spoiler, no lo guarda.
¿Es culpa mía o es que las reuniones son horribles?
A ver, las dos cosas.
Las reuniones son, por lo general, horribles. Largas, sin estructura, con gente que habla por hablar. Eso es una realidad como un castillo. Pero también es verdad que hay gente que sale de esas mismas reuniones horribles sabiendo lo que se decidió. Y tú no.
O sea, el problema no es solo la reunión. El problema es cómo tu cerebro procesa la información en ese formato.
Porque si en vez de una reunión de una hora alguien te mandara un email con los tres puntos clave, lo tendrías clarísimo. Pero la información oral, en tiempo real, sin estructura visual, es el peor formato posible para ciertos cerebros.
Es como pedirle a alguien que memorice una lista de la compra escuchándola una vez en voz alta. Algunos pueden. Otros necesitan verla escrita. Y no es que unos sean más listos que otros. Es que procesan la información de forma distinta.
Y si esto te pasa en las reuniones, apuesto a que también te pasa cuando cometes errores en cosas que ya habías revisado. No es descuido. Es el mismo patrón: tu memoria de trabajo no retiene lo que debería.
Lo que hago para no perderme
Mira, no te voy a engañar. No he solucionado esto al cien por cien. Pero he pasado de salir de las reuniones sin saber ni dónde estoy a salir con al menos las decisiones clave apuntadas. Y te digo cómo.
Lo primero: apuntar en tiempo real. Pero no transcribir. Solo las decisiones y las tareas. Tres palabras por punto. "Lanzar campaña viernes." "Presupuesto aprobado." "Revisar informe María." Si intentas apuntar todo, te pierdes. Si apuntas solo lo que importa, funciona.
Lo segundo: al salir de la reunión, invertir dos minutos en releer tus notas y completarlas. Esos dos minutos son oro. Porque la información sigue ahí, flotando en la memoria a corto plazo, pero tiene una vida útil de unos diez minutos. Si no la capturas, desaparece.
Lo tercero: si puedes grabar la reunión, grábala. No para escucharla entera. Sino para tener la seguridad de que si se te escapa algo, puedes buscarlo. Solo saber que está grabada reduce la ansiedad y, paradójicamente, te ayuda a retener más.
Y si nada de esto funciona y cada reunión es una laguna mental, quizá el problema no es la reunión sino cómo funciona tu atención. Y eso merece una conversación con alguien que sepa del tema.
No estoy diciendo que tengas nada. Estoy diciendo que si esto te pasa siempre, en todas las reuniones, con todos los temas, quizá hay algo más que "falta de atención". Y un profesional puede ayudarte a descubrir un potencial que no sabías que tenías.
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