No puedo calcular cuánto tarda una tarea: siempre es el doble
Dices 'una hora' y tardas tres. No es que seas lento. Tu cerebro calcula el tiempo en una dimensión paralela donde los relojes no existen.
"Esto me lleva una hora." Tres horas después sigues con lo mismo. Y no porque sea difícil. Es que tu cerebro vive en un universo donde el tiempo funciona diferente.
No exagero. Es literal.
Llevas toda la vida diciendo "cinco minutos" cuando quieres decir cuarenta. Diciendo "un ratito" cuando la realidad es toda la tarde. Y lo peor no es que te equivoques. Lo peor es que cada vez que calculas, estás genuinamente convencido de que esta vez sí vas a acertar.
¿Por qué siempre tardas el doble de lo que calculas?
Porque tu cerebro no calcula el tiempo. Inventa una cifra que le suena razonable y la suelta con toda la confianza del mundo.
A ver, piénsalo. Cuando alguien te pregunta "¿cuánto vas a tardar?", lo que haces no es un análisis real de los pasos que implica la tarea. No desglosas subtareas, no cuentas interrupciones, no incluyes el rato que vas a pasar mirando el móvil sin saber cómo has acabado en un vídeo de cómo fabrican lápices en Japón.
No. Lo que haces es una estimación vibes. Una sensación. Un "pues no sé, como una hora" que sale de algún sitio de tu cabeza que no tiene ni idea de cómo funciona un reloj.
Y esa estimación vibes siempre, siempre, siempre se queda corta.
Es como si tu cerebro tuviera un reloj interno, pero ese reloj va a la mitad de velocidad que el reloj real. Para ti han pasado 20 minutos. Para el mundo han pasado 50. Y cuando miras la hora, te llevas el susto de tu vida cada vez. Cada puñetera vez.
No es que seas lento. Es que calculas en otro sistema horario.
Mira, te cuento lo que me pasa a mí.
Tengo una tarea. Digamos: grabar la intro de un vídeo. En mi cabeza, eso son 15 minutos. Pongo el cronómetro mental, me siento, y empiezo.
Pero claro, antes de grabar tengo que abrir el programa. Y antes de abrir el programa me doy cuenta de que el escritorio está desordenado. Y antes de ordenar el escritorio veo una carpeta que me recuerda a un proyecto que dejé a medias. Y antes de que me quiera dar cuenta estoy buscando un archivo que ni necesitaba.
Y la intro del vídeo sigue sin grabar. Y ya ha pasado una hora.
¿Tardé una hora en algo de 15 minutos? No. Tardé 15 minutos en la tarea y 45 en todas las cosas que mi cerebro decidió hacer por el camino sin consultarme. Pero como yo no incluí esas 45 minutazos en mi cálculo original, el resultado es que "siempre tardo el doble".
Esto es exactamente lo que pasa cuando el tiempo se te escapa sin hacer nada. No es que no hagas nada. Es que haces 87 cosas que no tenías previstas y la que sí tenías prevista se queda la última.
La trampa de "esta vez calculo bien"
Lo he intentado todo. De verdad.
He probado a multiplicar por dos mi estimación original. Pero entonces mi cerebro, que es más listo que yo, simplemente hace la estimación original más corta para compensar. Es como negociar contigo mismo y perder.
He probado a cronometrar tareas para tener datos reales. Funciona. Funciona hasta que dejo de hacerlo porque me aburro al tercer día. El patrón es siempre el mismo.
He probado a poner alarmas. Y las ignoro con la misma consistencia con la que ignoro los mensajes de WhatsApp que llevo cuatro días sin contestar.
El problema de fondo no es la técnica. El problema es que mi cerebro tiene una relación con el tiempo que no es estándar. No percibo el paso del tiempo como la mayoría de la gente. Para mí, una hora puede pasar en lo que parece un suspiro o puede durar lo que parece una eternidad, dependiendo de lo que esté haciendo.
Si estoy en hiperfoco, dos horas son cinco minutos. Si estoy haciendo algo que me aburre, cinco minutos son dos horas. Y mis estimaciones siempre asumen el escenario bueno. El escenario de "me siento, hago la tarea, y la termino sin interrupciones".
Ese escenario no ha existido nunca en mi vida. Pero mi cerebro sigue creyendo en él como quien cree en los Reyes Magos con 35 años.
¿Y qué haces cuando no puedes fiarte de tu propio reloj interno?
Dejas de fiarte.
No es broma. Es lo que a mí me funciona. He aceptado que mi estimación siempre va a ser incorrecta, y en vez de intentar arreglar el estimador, trabajo con la realidad.
Esto significa cosas concretas. Significa que si creo que algo me va a llevar una hora, bloqueo dos. Siempre. No porque sea lento, sino porque me conozco. Significa que si tengo tres tareas "de media hora cada una", no me comprometo a hacerlas en la misma mañana. Porque esas tres medias horas van a ser tres horas si las sumamos con todas sus interrupciones, desvíos y mini-crisis de "no encuentro el archivo".
Y significa que he dejado de sentirme culpable por tardar más de lo que calculé.
Porque el problema nunca fue tardar. El problema fue calcular mal. Y calcular mal no es un defecto de carácter. Es algo que le cuesta a mucha más gente de la que crees, y que tiene bastante que ver con cómo funciona la percepción del tiempo en cerebros que no regulan la atención de manera estándar.
Según el DSM-5, la dificultad para gestionar el tiempo y estimar duraciones es uno de los déficits ejecutivos asociados al TDAH. No es anecdótico. Es literal.
El truco más feo pero más útil que he encontrado
Cronómetro visible. No en el móvil, que lo vas a ignorar. Visible. En la pantalla, en un post-it, donde sea.
No para presionarte. Para que cuando creas que llevas 10 minutos y mires el cronómetro y lleves 40, al menos lo sepas en tiempo real en vez de llevarte el susto al final.
Parece una tontería. Pero la diferencia entre saber que llevas 40 minutos y descubrirlo cuando ya has perdido la mañana es brutal.
No arregla el cálculo. Pero te da información real sobre la que tomar decisiones. Que para alguien que no sabe gestionar su tiempo, tener datos reales en vez de sensaciones ya es un cambio gordo.
Y oye, no es magia. Hay días que el cronómetro está ahí delante y lo ignoro igual que ignoro todo lo demás. Pero los días que funciona, funciona de verdad. Y esos días compensan.
Esto no es un diagnóstico ni sustituye a un profesional. Si te ves reflejado en esto y llevas años pensando que simplemente eres un desastre con el tiempo, a lo mejor merece la pena hablarlo con un psicólogo o psiquiatra. Solo por descartar.
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Si quieres saber si tu cerebro tiene este tipo de patrones o si es otra cosa, hice un test de 43 preguntas. Gratis, sin compromiso, y sin diagnóstico porque no soy médico. Pero con información suficiente para saber si vale la pena buscar ayuda profesional. Hacer el test TDAH.
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