Olvido lo que iba a buscar en Google antes de escribirlo

Tenías la búsqueda en la punta de la lengua. Abriste Google. Desapareció. Si te pasa constantemente, no es normal y tiene explicación.

Estás haciendo algo. Se te ocurre una duda. Coges el móvil. Abres Google. Y...

Nada.

La duda se ha ido. Hace literalmente tres segundos estaba ahí, clara como el agua. "Tengo que buscar..." ¿Qué? No lo sabes. Se fue. Mientras tu dedo desbloqueaba la pantalla, el pensamiento hizo las maletas y se largó sin avisar.

Y ahí estás, con Google abierto, el cursor parpadeando en la barra de búsqueda, y la cabeza en blanco. Como si alguien hubiera pulsado un botón de reset en tu cerebro entre el momento de pensar la duda y el momento de ir a buscarla.

¿Cómo pierdo un pensamiento en tres segundos?

Pues así. Sin más. Así funciona una memoria de trabajo con capacidad limitada.

Tu cerebro tuvo el pensamiento. Eso está claro. Pero entre pensarlo y ejecutarlo hay pasos: coger el móvil, desbloquearlo, abrir la app, esperar a que cargue. Son cinco o seis segundos. Y en esos cinco o seis segundos, tu cerebro procesó otra cosa. Lo que sea. El brillo de la pantalla. Una notificación. Un ruido. La idea de que tienes sed. Cualquier estímulo mínimo que entró y empujó al pensamiento original fuera de la mesa.

Porque tu memoria de trabajo es eso: una mesa. Una mesa pequeña. Caben dos o tres cosas. Y cada vez que entra una nueva, se cae la más antigua. El pensamiento que ibas a buscar era la cosa más antigua cuando tu cerebro procesó el gesto de desbloquear el móvil. Y se cayó.

No lo decidiste tú. No elegiste olvidarlo. Tu cerebro lo hizo solo. Como un portero de discoteca que echa a la gente que lleva más rato dentro para meter a los que acaban de llegar. Da igual que el que echa fuera sea VIP. El portero no distingue.

El patrón que te vuelve loco

Y lo peor no es que pase una vez. Es que pasa constantemente. Y siempre en el mismo momento: justo antes de ejecutar.

Ibas a buscar algo en Google. Se te fue.

Ibas a escribir algo en un mensaje. Se te fue.

Ibas a añadir algo a la lista de la compra. Se te fue.

Ibas a decir algo en una conversación. Se te fue.

El pensamiento existe durante el tiempo que dura. Y cuando intentas hacer algo con él, desaparece. Es como intentar coger agua con las manos. La tienes, la sientes, pero se escurre entre los dedos antes de que puedas llevarla a ningún sitio.

A mí me pasa una cosa muy concreta: la idea vuelve. Pero no cuando la necesito, sino cuando ya no me sirve. Tres horas después, en la ducha, mi cerebro dice "ah, ibas a buscar cuántos litros tiene el depósito del coche". Gracias, cerebro. Muy útil ahora que estoy con champú en los ojos.

Es el mismo mecanismo de olvidar a qué ibas cuando entras en una habitación. El cambio de contexto borra el búfer. Da igual que la habitación sea física o digital. Pasar de "pensamiento" a "pantalla de Google" es cruzar una puerta.

¿Es falta de atención o falta de memoria?

Las dos. Y se retroalimentan.

Si no prestas atención completa al pensamiento cuando surge (porque estabas medio haciendo otra cosa), se graba débil en la memoria de trabajo. Un pensamiento débil no sobrevive ni a un parpadeo.

Y si tu memoria de trabajo es pequeña, aunque prestes atención, el dato no aguanta el tiempo suficiente para llegar a la barra de búsqueda. Se cae antes.

Es un problema de infraestructura. Tu cerebro no tiene el hardware para mantener un pensamiento vivo mientras ejecutas los pasos para actuar sobre él. Y eso no se arregla con disciplina ni con "pon más atención". Se arregla con sistemas.

Lo que yo hago ahora: poner el pensamiento fuera de mi cabeza antes de actuar. Si se me ocurre algo, no voy a buscarlo. Lo digo en voz alta primero. O lo escribo. O se lo digo al asistente del móvil. "Buscar cuántos litros tiene el depósito del coche." Ya está. Ahora puedo abrir Google tranquilo porque la instrucción está fuera de mi cerebro, en un sitio donde no se puede caer de ninguna mesa.

Parece una tontería. Pero cuando llevas años perdiendo pensamientos entre el cerebro y la barra de búsqueda, tener un sistema que los atrape antes de que se escapen es la hostia.

¿Y si esto no es "despiste" normal?

Te lo pregunto porque yo tardé mucho en preguntármelo.

Si te pasa de vez en cuando, es humano. Si te pasa todos los días, varias veces al día, con búsquedas, con conversaciones, con tareas, con ideas... es un patrón. Y los patrones tienen explicación.

La memoria selectiva es un rasgo muy común en cerebros que funcionan de una manera concreta. Tu cerebro recuerda perfectamente cosas que le emocionan, le sorprenden o le impactan. Pero las cosas neutras, las del día a día, las búsquedas de Google, los recados, las tareas pendientes, esas se pierden. No porque no te importen, sino porque tu sistema de priorización no funciona por importancia. Funciona por estímulo.

Y eso, en muchos casos, tiene un nombre. Se llama TDAH. No es solo niños que no paran quietos. En adultos es exactamente esto: pensamientos que se pierden, memoria de trabajo que no sostiene, ideas que existen durante tres segundos y luego se evaporan.

No sustituye un diagnóstico profesional. Pero si te cuesta todo más que a los demás y no sabes por qué, quizá merece la pena investigar.

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