No consigo levantarme a la misma hora dos días seguidos

Pones la alarma. La ignoras. Pones tres. Las ignoras todas. Si levantarte a la misma hora es una guerra diaria, no es falta de sueño.

Pongo la alarma a las 7. Suena. La apago. Me digo "cinco minutitos más". Me despierto a las 9:15.

Al día siguiente pongo tres alarmas. 6:55, 7:00, 7:05. Las apago las tres sin abrir los ojos. Un talento, la verdad. Si me pagaran por apagar alarmas dormido sería millonario.

Y no es que duerma poco. A veces duermo 8 horas y me sigo levantando como si llevara tres días sin dormir. Porque el problema no es la cantidad de sueño. Es la transición. Pasar de estar dormido a estar despierto es como pedirle a mi cerebro que arranque un motor diesel en enero. En Wrocław. A las 7 de la mañana. Con -15 grados.

¿Por qué me cuesta tanto levantarme siempre a la misma hora?

Porque tu reloj interno no funciona como el de tu móvil. No tiene hora fija. Tiene hora variable. Y depende de cuándo te dormiste, de cuánto te costó dormirte, de lo que hiciste antes de acostarte y de si tu cerebro decidió que las 3 de la mañana era buen momento para ponerse a pensar en esa conversación rara que tuviste en 2017.

El tema es que para tener un horario fijo de despertar necesitas un horario fijo de dormir. Y para tener un horario fijo de dormir necesitas un cerebro que sepa apagarse. Y ahí es donde la cosa se complica.

Porque hay cerebros que a las 11 de la noche dicen "bueno, a dormir" y se apagan. Y hay cerebros que a las 11 de la noche dicen "oye, ¿y si investigamos cómo funcionan los agujeros negros?" Y a las 2 de la mañana sigues leyendo sobre la radiación de Hawking sin saber cómo has llegado ahí.

El insomnio del que no puede parar

Esto es lo que nadie te dice. No es que no quieras dormir temprano. Es que tu cerebro no te deja.

Hay una ventana. Un momento en el que estás cansado y podrías dormirte. Dura unos 20 minutos. Si la pillas, te duermes en 5 minutos. Si la pierdes, tu cerebro se reactiva y entras en otra ronda de actividad que puede durar 2, 3, 4 horas más.

Y como no puedes predecir cuándo viene esa ventana, cada noche es diferente. Un día te duermes a las 11. Otro a la 1. Otro a las 3. Y claro, si cada noche te duermes a una hora diferente, levantarte siempre a la misma hora es imposible. O te levantas reventado o te levantas tarde.

Es como esa sensación de que te cansas de todo muy rápido. Tu cerebro funciona a ráfagas. No a horarios.

Las alarmas no son la solución

Ya lo he intentado todo. Alarma al otro lado de la habitación. App que te obliga a hacer fotos de cosas para apagarla. Alarma que sube de volumen progresivamente hasta que suena como una sirena de bombardeo.

Nada funciona. O mejor dicho, todo funciona el primer día. Porque el primer día hay novedad. "Mira, tengo que levantarme y hacerle una foto al microondas para que se calle." Divertido. El tercer día ya has aprendido a hacer la foto con los ojos cerrados y volver a la cama.

El problema no es la alarma. El problema es que tu cerebro, cuando está dormido, tiene un único objetivo: seguir dormido. Y es más listo que cualquier app.

¿Qué hago entonces para regular mis horarios?

No te voy a engañar. Yo sigo luchando con esto. Pero hay cosas que me han ayudado.

Lo primero: deja de intentar levantarte a las 6. Si tu cuerpo se duerme a la 1, levantarte a las 6 no es disciplina. Es tortura. Ajusta tu alarma a las horas que realmente duermes, no a las que te gustaría dormir.

Lo segundo: haz algo inmediatamente después de levantarte. Algo que active tu cerebro. Café. Agua fría en la cara. Salir a la calle 5 minutos. Lo que sea que le diga a tu cerebro "oye, ya estamos despiertos, no vuelvas". Porque si te quedas en la cama "un ratito", ya sabes cómo acaba eso.

Lo tercero: acepta que habrá días malos. Días que no puedes. Días que el cerebro gana. No pasa nada. La constancia no es hacerlo perfecto cada día, es volver a intentarlo al día siguiente sin machacarte.

Y lo más importante: si esto te pasa desde siempre - no desde que tienes estrés o desde que trabajas mucho, sino desde siempre - a lo mejor hay una razón más profunda por la que tu cerebro no funciona con horarios fijos. Y esa razón tiene nombre y tiene solución.

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