Me olvido de todo y no sé si tengo mala memoria o qué
Nombres, citas, conversaciones. Todo entra y todo se borra. No es la edad ni el estrés. Hay una explicación que nadie te ha dado.
Ayer mi novia me dijo una cosa importante. Algo sobre una cena. O una cita. O un plan para el sábado. No lo sé. Porque no me acuerdo.
Y no es que no estuviera escuchando. Estaba ahí. Asentí. Dije "vale, perfecto". Y hoy, cuando me ha preguntado si ya había reservado, la he mirado con cara de póker como si me estuviera hablando en mandarín.
Esto no me pasa de vez en cuando. Me pasa todos los días.
¿Es normal olvidarse de todo a esta edad?
Mira, te voy a ser sincero. Yo pensaba que simplemente era despistado. Un tío con mala memoria y punto. De esos que pierden las llaves, que olvidan nombres, que necesitan que les repitan las cosas tres veces.
Pero hay una diferencia entre olvidarte de algo puntual y vivir en un estado constante de "espera, ¿qué me habías dicho?".
Porque no es solo una cosa. Es todo. El nombre de la persona que te presentaron hace cinco minutos. La cita con el dentista que apuntaste en el móvil y que tu móvil te recordó y aun así se te olvidó. La conversación entera que tuviste ayer con tu colega sobre el proyecto.
Tu cerebro es como un colador. Todo entra, todo sale. Y no importa lo importante que sea. Da igual que te repitas "no te olvides, no te olvides, no te olvides". Tres minutos después, olvidado.
Lo que no es
No es la edad. Si tienes 25, 30 o 35 años y ya te pasa esto, la edad no tiene nada que ver.
No es estrés. Bueno, el estrés no ayuda, pero cuando el estrés baja y sigues olvidándote de todo, el estrés no era el problema.
No es que no te importe. Esta es la que más duele. Porque la gente de tu alrededor empieza a pensar que sus cosas no te importan. Que si olvidaste el cumpleaños de tu madre es porque no la quieres lo suficiente. Que si no recuerdas lo que te dijeron ayer es porque no estabas prestando atención.
Y tú sabes que no es verdad. Pero no puedes explicarlo. Porque ni tú entiendes por qué tu cerebro funciona así.
¿Por qué mi cerebro no retiene nada?
Pues mira, lo que pasa es que la memoria no es un disco duro donde guardas un archivo y ahí se queda para siempre. La memoria funciona más bien como una mesa de trabajo. Tienes un espacio limitado. Y cada vez que llega información nueva, algo se tiene que caer de la mesa para hacer sitio.
En la mayoría de cerebros, ese proceso funciona con cierto orden. Lo importante se queda, lo irrelevante se cae. Como un portero de discoteca que sabe quién entra y quién no.
Pero en algunos cerebros, el portero está distraído. O no está. O está dejando entrar a todo el mundo sin criterio y la discoteca está a reventar. Y cuando todo tiene la misma prioridad, nada la tiene.
O sea, no es que tengas mala memoria. Es que tu sistema de filtrado no funciona como debería. Y eso hace que las cosas más importantes se queden sin hacer porque tu cerebro literalmente no las retiene el tiempo suficiente como para actuar.
El truco que tu cerebro te juega
Hay algo que me pasaba constantemente y que tardé años en entender.
Alguien me dice algo. Lo escucho. Lo proceso. Y en ese momento lo entiendo perfectamente. Pero no lo grabo. Es como ver una película sin darle a grabar. La ves entera, la disfrutas, y al día siguiente no recuerdas ni el título.
Y lo peor es que en el momento parece que todo va bien. No hay una alarma que te diga "oye, esto que te acaban de decir no se ha guardado". Simplemente desaparece. Sin aviso. Sin rastro.
Y luego viene el momento incómodo. "Oye, ¿recuerdas lo que hablamos ayer?" Y tú, en vez de decir "no me acuerdo de nada", intentas reconstruir piezas como un detective con un caso sin pistas. A veces aciertas. La mayoría de veces, no.
El momento en que dejé de culparme
Te lo digo por experiencia. Yo pasé años pensando que era un desastre. Que si no me acordaba de las cosas era porque no ponía suficiente esfuerzo. Que si me esforzaba más, si ponía más atención, si usaba más notas, más alarmas, más recordatorios, se solucionaría.
Y no se solucionaba. Porque intentar ser constante con fuerza de voluntad cuando tu cerebro no colabora es como intentar llenar un cubo con un agujero en el fondo. Puedes echar más agua, pero si el agujero sigue ahí, da igual.
Lo que cambió fue entender que no era un problema de esfuerzo. Era un problema de cómo funciona mi cerebro. Y eso tiene un nombre.
Se llama TDAH. Y uno de los síntomas menos conocidos en adultos es precisamente este: una memoria a corto plazo que no funciona como se espera. No porque estés roto. Sino porque tu cerebro gestiona la información de forma diferente.
No te estoy diagnosticando. Esto no sustituye la evaluación de un profesional. Pero si llevas toda la vida olvidándote de todo y culpándote por ello, quizá no es que tengas mala memoria. Quizá es que nadie te ha explicado por qué tu cerebro funciona así.
Cuando yo lo entendí, no dejé de olvidarme de las cosas. Pero dejé de sentirme idiota por ello. Y empecé a buscar por qué me costaba todo más que a los demás en vez de buscar qué estaba haciendo mal.
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