Nido vacío con TDAH: reconstruir tu identidad cuando los hijos se van
Los hijos se fueron. Y tú no sabes quién eres sin criar. Con TDAH, reconstruir tu identidad después del nido vacío es otro nivel.
Los hijos se han ido. La casa está en silencio. Y tú estás sentado en el sofá mirando una pared, con una pregunta que nadie te preparó para responder:
¿Y ahora qué hago conmigo?
No hablo del vacío. Del silencio. De echar de menos el ruido. Eso ya lo sabes. Ya hemos hablado de lo que pasa cuando tu cerebro pierde el ancla de la rutina de criar. Hoy hablo de algo que viene después. Algo más incómodo.
Hablo de que no tienes ni idea de quién eres sin el rol de padre o madre.
Cuando tu identidad entera giraba alrededor de criar
Con TDAH, organizarte es como intentar hacer malabares con pescado mojado. Las cosas se te escurren. Los planes fallan. Los sistemas duran tres días.
Pero criar hijos te daba algo que ningún sistema de productividad pudo darte: una razón externa para funcionar. Había que levantarse porque había que hacer desayunos. Había que estar en el cole a las 9. Había que comprar comida, preparar cenas, revisar mochilas.
Tu cerebro TDAH, que necesita estructura externa como un pez necesita agua, la tenía. Sin pensarlo. Sin planificarla. Los hijos eran tu estructura.
Y de paso, tu identidad.
"Soy la madre de Lucía." "Soy el padre que lleva a fútbol." "Soy el que organiza los cumples." "Soy la que ayuda con los deberes."
Veinte años así. Toda tu vida adulta definida por ese rol.
Y un día se van. Y el rol desaparece. Y debajo no hay nada. O peor: hay algo, pero hace tanto que no lo miras que no lo reconoces.
¿Cómo reconstruyes tu identidad cuando los hijos ya no están?
Con un cerebro neurotípico, esto ya es complicado. Hay duelo, desorientación, sensación de vacío. Es un proceso normal que millones de personas atraviesan.
Con TDAH, es otro planeta.
Porque un cerebro TDAH no puede simplemente "sentarse a reflexionar sobre quién soy". Sentarte a pensar sin estímulo es como pedirle a un gato que haga meditación guiada. No funciona así.
Tu cerebro necesita hacer para descubrir. Necesita probar, moverse, equivocarse, tocar cosas. La reflexión abstracta sin acción no genera dopamina. Y sin dopamina, tu cerebro no arranca.
Así que la reconstrucción de identidad post-hijos con TDAH no es filosófica. Es práctica. Es ensayo y error. Es lanzarte a cosas que no sabes si te gustan y descubrirlo sobre la marcha.
Lo que nadie te dice: no vas a encontrarte pensando
He visto este patrón muchas veces. Alguien con TDAH se queda con el nido vacío y decide "voy a tomarme un tiempo para mí". Y ese tiempo se convierte en semanas tumbado en el sofá, scrolleando el móvil, sintiéndose culpable por no hacer nada productivo, pero sin la energía para empezar nada nuevo.
No es pereza. Es parálisis de identidad.
Tu cerebro ha perdido su sistema operativo. Criar era el programa que lo organizaba todo. Y ahora la pantalla está en blanco. No es que no quieras hacer cosas. Es que tu cerebro no sabe por dónde empezar porque ha perdido el contexto.
Y si encima tienes miedo a lo que viene por delante, la parálisis se multiplica. Porque el TDAH y la planificación a largo plazo no son precisamente mejores amigos.
La trampa de replicar el rol
Hay una trampa muy común: intentar replicar el rol de cuidador con otra cosa. De repente te conviertes en la persona que cuida a todo el mundo. El amigo que siempre está disponible. La abuela que se ofrece para todo. El tío que organiza cada comida familiar.
Y tiene sentido. Tu cerebro sabe funcionar así. Cuidar a otros le da estructura, propósito, dopamina. Es cómodo.
Pero no es reconstruirte. Es parchar. Es poner una tirita encima de la pregunta que sigue ahí debajo: ¿qué quiero yo?
No qué necesitan los demás de mí. Qué quiero yo.
Con TDAH, esa pregunta da un miedo que no se explica con palabras. Porque implica planificar, elegir, comprometerse. Tres cosas que nuestro cerebro hace fatal.
Lo que sí funciona (con cerebro TDAH incluido)
No voy a darte una lista de cinco pasos para encontrar tu propósito vital. Eso es mentira y lo sabes.
Lo que sí puedo decirte es lo que he visto que funciona en cerebros como los nuestros:
Prueba sin compromiso. Apúntate a cosas con fecha de caducidad. Un taller de cerámica de 4 semanas. Un mes de clases de baile. Tres sesiones de lo que sea. No te cases con nada. Tu cerebro necesita probar para saber, no decidir primero y probar después.
Recupera cosas que dejaste aparcadas. Antes de los hijos había algo. Algo que te gustaba, que te encendía, que dejaste porque "no había tiempo". Búscalo. A lo mejor ya no te gusta. Pero a lo mejor sí.
Crea estructura nueva, tuya. Los hijos ya no te la dan. Ahora te toca construirla. Y no tiene que ser productiva. Puede ser absurda. Un martes de cine. Un jueves de cocinar algo raro. Un sábado de perderte por una zona de tu ciudad que no conoces. La rutina no tiene que ser útil. Tiene que existir.
Habla de esto. Con alguien que lo entienda. Con un profesional si puedes. Porque la crianza con TDAH ya era un reto enorme, y el duelo que viene después no es menor. No estás exagerando. No es "solo" que se han ido tus hijos. Es que se ha ido la persona que eras.
No eres menos porque tus hijos ya no te necesiten a diario
Esta es la parte difícil de leer.
Tus hijos se han ido porque lo has hecho bien. Porque están preparados. Porque les has dado lo que necesitaban para salir al mundo.
Y ahora te toca a ti.
No tienes que saber quién eres mañana. Ni la semana que viene. Ni en seis meses. Con TDAH, la identidad no se descubre en una meditación. Se descubre haciendo cosas, probando, fallando, volviendo a probar.
El nido está vacío. Pero tú no.
Solo llevas un rato sin mirarte.
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