La memoria caótica de Einstein: olvidaba su dirección pero recordaba el universo
Einstein olvidaba su dirección y perdía los calcetines. Pero podía retener ecuaciones durante meses. Así funciona la memoria con TDAH.
Einstein se perdía yendo a su propia casa.
No es broma. Sus vecinos de Princeton tenían que guiarle de vuelta porque el tío, literalmente, no recordaba su dirección. El hombre que podía visualizar cómo se curva el espacio-tiempo no era capaz de llegar del campus a su salón sin ayuda.
Y si piensas "bueno, estaría pensando en sus cosas", sí. Exacto. Ese es el punto.
¿Cómo puedes ser un genio y olvidar dónde vives?
El escritorio de Einstein era un vertedero legendario. Papeles, libros, tazas, notas sueltas, todo apilado como si alguien hubiera sacudido la habitación y se hubiera ido. Llevaba calcetines dispares. O directamente no llevaba calcetines. Perdía objetos constantemente. Llegaba tarde. Se olvidaba de citas.
Visto desde fuera, parecía un desastre con patas.
Pero ese mismo hombre mantenía ecuaciones complejas en la cabeza durante meses. Meses. Sin escribirlas. Las giraba, las probaba, las rompía y las reconstruía mentalmente como si su cerebro fuera una pizarra infinita que solo él podía ver.
Hacía lo que llamaba "experimentos mentales". Se imaginaba montado en un rayo de luz y pensaba: vale, si voy a la velocidad de la luz, ¿qué pasa con el tiempo? Y de ahí salió la relatividad especial. No de un laboratorio. De un tío sentado en una silla imaginándose cosas.
Y aquí es donde la mayoría de artículos sobre Einstein se quedan en "era un genio excéntrico" y pasan a otra cosa.
Pero si tienes TDAH, lees esto y piensas: un momento, eso me suena.
La memoria que funciona con gasolina de dopamina
Porque eso es exactamente cómo funciona la memoria cuando tienes TDAH. No es que sea mala. Es que es selectiva. Brutalmente selectiva. Y la selección no la haces tú. La hace la dopamina.
Tu cerebro decide, sin consultarte, qué es interesante y qué no. Lo interesante se graba a fuego. Lo que no, se evapora antes de que llegue al segundo piso.
Por eso puedes recordar la alineación exacta del equipo que ganó la Champions en 2006 pero entras en una habitación y no sabes a qué ibas. Por eso puedes recitar de memoria cada línea de diálogo de tu película favorita pero se te olvida comprar leche cuando vas al súper. Por eso puedes tirarte cuatro horas investigando cómo funcionan los motores de un cohete y luego olvidar que tenías una reunión hace veinte minutos.
No es dejadez. No es falta de interés. Es que tu cerebro tiene un filtro de entrada que funciona como un portero de discoteca borracho: deja pasar lo que le apetece y al resto le cierra la puerta en la cara.
Einstein era eso multiplicado por mil. Las ecuaciones pasaban el filtro. La dirección de su casa, no.
¿Y si tu "mala memoria" no es mala memoria?
Esto es lo que nadie te explica. Nos han enseñado que la memoria es una cosa. Una. O la tienes buena o la tienes mala. Y si se te olvidan las llaves, tienes mala memoria. Punto.
Pero la memoria no es un cajón único. Es más bien un edificio entero con plantas, habitaciones, sótanos y un ático al que solo se puede acceder si la escalera te apetece desplegarse ese día. Y el cerebro con TDAH tiene un edificio precioso, con algunas plantas espectaculares. Pero el ascensor va donde le da la gana.
Einstein podía recordar un problema de física que había leído veinte años antes. Cada detalle. Cada variable. Pero no podía recordar la lista de la compra de camino al supermercado. Y no porque fuera despistado. Sino porque su cerebro estaba diseñado para priorizar lo complejo, lo estimulante, lo que le encendía por dentro. Y la leche semidesnatada no enciende a nadie.
Eso no es un defecto.
Es un sistema operativo diferente.
Lo brillante y lo devastador, en el mismo cerebro
No quiero romantizar esto. Sería fácil quedarse con "Einstein era así y mira lo que consiguió" y usarlo como excusa para no trabajar en tus problemas de memoria. Pero la realidad es más complicada.
Porque sí, esa memoria selectiva puede ser espectacular cuando conecta con algo que te apasiona. Puedes aprender en una tarde lo que otros tardan semanas. Puedes hacer conexiones que a nadie más se le ocurren. Puedes ver patrones donde otros ven ruido.
Pero también puedes olvidar el cumpleaños de tu mejor amigo. Puedes perder documentos importantes tres veces en un mes. Puedes llegar tarde a una entrevista de trabajo porque se te fue el santo al cielo. Y ninguna de esas cosas se arregla diciendo "es que soy como Einstein".
Lo que sí se arregla es entendiendo cómo funciona tu cerebro. Porque cuando sabes que tu memoria depende de la dopamina, puedes dejar de culparte por lo que olvidas y empezar a construir sistemas que compensen. Alarmas, listas, rutinas, anclajes visuales. No porque seas defectuoso. Sino porque ya sabes qué tipo de motor tienes y puedes elegir el combustible adecuado.
Einstein nunca supo que probablemente tenía un cerebro que funcionaba así. No tuvo esa información. Tú sí puedes tenerla.
Lo que Einstein nunca tuvo y tú sí puedes tener
Una explicación.
Einstein vivió con un cerebro que era una máquina de pensar cosas imposibles y un desastre para lo cotidiano. Y simplemente asumió que era así. Que algunos genios son despistados y ya. Nadie le dijo "oye, Albert, a lo mejor tu cerebro filtra la información de una manera particular y por eso te pasa lo que te pasa".
Hoy esa información existe. No hace falta que inventes la relatividad para darte cuenta de que tu memoria no está rota. Funciona con reglas distintas. Y entender esas reglas es el primer paso para dejar de sentirte como alguien con un defecto y empezar a verte como alguien con un sistema diferente.
No es mala memoria. Es memoria de dopamina. Y en las cosas que te importan de verdad, puede ser la mejor memoria del mundo.
Si quieres saber si tu cerebro funciona con estas reglas, he montado un test de 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos vas a tener más claridad que en 30 años de "es que soy despistado".
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