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Shane Victorino: TDAH, béisbol y 2 World Series

Shane Victorino tiene TDAH diagnosticado y ganó 2 World Series. Apodado The Flyin' Hawaiian, convirtió su hiperactividad en una ventaja brutal sobre el campo.

tdahfamosos

Hay personas que convierten el TDAH en su peor problema.

Y hay personas que lo convierten en combustible.

Shane Victorino es de las segundas.

Dos World Series. Dieciséis temporadas en las Grandes Ligas. El apodo de "The Flyin' Hawaiian" ganado a pulso, carrera a carrera, jugada a jugada. Y todo eso con un cerebro diagnosticado de TDAH que, según él mismo, nunca paró quieto un solo día de su vida.

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¿Quién es Shane Victorino?

Si no sigues el béisbol, probablemente no lo conozcas. Normal.

Pero dentro del béisbol americano, Victorino es una leyenda. Jardinero central durante la mayor parte de su carrera, jugó con los Philadelphia Phillies, los Los Angeles Dodgers y los Boston Red Sox, entre otros. Ganó el World Series en 2008 con los Phillies y en 2013 con los Red Sox.

Cuatro Guantes de Oro. Tres veces All-Star. Un jugador que los aficionados adoraban no solo por sus estadísticas, sino por cómo jugaba.

Con una energía que no era normal.

Con una velocidad que te hacía pensar que alguien había metido un Fast Forward en el mando.

Con una actitud que parecía la de alguien que lleva veinte cafés encima incluso antes del primer lanzamiento.

Ahora ya sabes quién es.

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El TDAH que nunca se escondió

Victorino no descubrió su TDAH de adulto, como muchos de los casos que repasamos en este blog.

Lo diagnosticaron de niño, en Hawaii.

Y lejos de ocultarlo o tratarlo como algo vergonzoso, siempre habló de ello con una naturalidad que da gusto. En varias entrevistas reconoció que era un niño imposible de parar, que en el colegio costaba horrores que se concentrara, y que encontrar el béisbol fue, básicamente, encontrar una válvula de escape para toda esa energía que no tenía dónde ir.

No es metáfora. Es literal.

Un niño con TDAH necesita movimiento. Necesita estímulo. Necesita que el entorno le exija estar al cien por cien, o se desconecta.

El béisbol hizo exactamente eso con Victorino.

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¿Qué tiene el béisbol que funciona con el TDAH?

Esto es lo interesante.

El béisbol, visto desde fuera, parece lento. Pausado. Estratégico. No parece el deporte ideal para alguien que no puede parar quieto.

Pero en realidad, para el jugador que está dentro, es un festival de estímulos constantes.

Cada lanzamiento exige atención máxima. En cuestión de décimas de segundo tienes que decidir si bateas o no, hacia dónde corres, si te arriesgas en el robo de base. El campo entero cambia de una jugada a otra. No hay dos situaciones iguales.

Para un cerebro con TDAH que se alimenta de novedad y urgencia, eso es el paraíso.

Victorino lo sabía aunque no lo explicara en términos clínicos. Lo vivía. Cada vez que salía al campo, su cerebro encontraba exactamente el nivel de activación que necesitaba.

Y cuando lo encontraba, era devastador.

Para los rivales.

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El "Flyin' Hawaiian" no era un apodo. Era una descripción médica

Vale, exagero un poco.

Pero no tanto.

El apodo le venía de su origen hawaiano y de la velocidad con la que se movía por el campo. Victorino era de esos jugadores que hacían jugadas que no tenías previsto ver. Un sprint imposible para cazar una bola que parecía imposible de atrapar. Un robo de base en el momento en que nadie lo esperaba. Una carrera desde primera hasta el home en una jugada que el 90% de los jardineros del mundo no habrían ni intentado.

¿Impulsividad?

Sí. Pero entrenada. Canalizada. Convertida en una herramienta.

Aquí hay algo importante que entender, y que también repaso cuando hablo de otros deportistas con TDAH: la impulsividad, cuando se aplica en el contexto correcto, no es un defecto. Es una ventaja competitiva.

El problema es cuando ese contexto no existe o cuando nadie te ayuda a encontrarlo.

Victorino tuvo suerte de encontrarlo pronto.

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Dos World Series y ninguna excusa

Podría haber usado el TDAH como escudo.

"Es que me cuesta concentrarme." "Es que no puedo con la presión de los playoffs." "Es que en los momentos clave me bloqueo."

Nada de eso.

Victorino fue de los jugadores más decisivos en momentos cruciales de su carrera. En los playoffs de 2013, con Boston, bateó un grand slam en el quinto partido de la Serie de Campeonato contra los Detroit Tigers. Un golpe que básicamente selló la eliminatoria.

Un cerebro que no puede concentrarse, en la situación de mayor presión de la temporada, con el mundo mirando, metiendo un grand slam.

Las matemáticas no mienten aunque tú quieras.

Lo que pasa es que hay una diferencia enorme entre "no puedo concentrarme en cualquier cosa" y "no puedo concentrarme en lo que me importa". Los cerebros con TDAH suelen funcionar así. La concentración no desaparece. Se vuelve selectiva. Y cuando algo engancha de verdad, la intensidad que generan no la alcanza casi nadie.

Victorino encontró ese algo.

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Lo que aprendemos de Victorino

No te estoy diciendo que el béisbol cura el TDAH.

No te estoy diciendo que con encontrar tu deporte favorito se acabaron los problemas.

Me estoy refiriendo a algo más concreto.

El TDAH no es una condena universal. Es una forma de funcionar que en ciertos entornos es un desastre y en otros es una ventaja brutal. Lo vemos en Victorino, lo vemos en Chris Kaman en la NBA, lo vemos en Terry Bradshaw en el fútbol americano.

Los deportistas de elite con TDAH no llegaron ahí a pesar de su TDAH.

Llegaron ahí porque encontraron el entorno donde su cerebro podía desplegarse al máximo.

Y eso, con o sin béisbol, es lo que buscamos todos.

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La pregunta que sí importa

Victorino retiró su carrera en 2017 por lesiones. Dieciséis años en las Grandes Ligas. Dos anillos de campeón. Un legado que pocos beisbolistas de su generación pueden igualar.

Todo eso con TDAH diagnosticado desde niño.

La pregunta no es si puedes tener éxito con TDAH.

La pregunta es si conoces bien cómo funciona tu cerebro como para ponerte en los entornos donde ese cerebro puede brillar.

Si tienes dudas sobre cómo funciona el tuyo, aquí tienes un punto de partida: haz el test de TDAH. Tarda diez minutos y te da bastante más claridad de la que imaginas.

Sin paja. Sin relleno.

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