Necesito novedad para tener energía y lo conocido me la quita

Lo nuevo te activa. Lo conocido te apaga. No eres inconstante. Tu cerebro funciona con dopamina, no con rutina.

He empezado más proyectos de los que puedo contar. Gimnasios, idiomas, blogs, canales de YouTube, cursos online, proyectos de programación, dietas, rutinas, hobbies. La lista es ridícula.

¿Cuántos he terminado? Mejor no hablamos de eso.

Porque el patrón siempre es el mismo. Descubro algo nuevo. Me emociono. Me lanzo con una energía que asusta. Durante tres días, dos semanas, un mes si tengo suerte, soy la persona más productiva del planeta. Duermo poco. Como rápido. Pienso en ello todo el rato.

Y luego se apaga. Así. De golpe. Como si alguien hubiera cortado el cable.

¿Por qué lo nuevo te da tanta energía?

Porque la novedad es droga pura para tu cerebro. Literal.

Cuando descubres algo nuevo, tu cerebro libera dopamina. Y la dopamina es lo que te da energía, motivación, ganas de hacer cosas, capacidad de concentrarte. Es el combustible.

El problema es que ese chute de dopamina es temporal. Dura lo que dura la novedad. Y cuando lo nuevo deja de ser nuevo, cuando ya conoces el terreno, cuando la curva de aprendizaje se aplana, la dopamina baja.

Y con ella, la energía. La motivación. Las ganas. Todo.

No es que pierdas el interés porque seas inconstante. Es que tu cerebro deja de producir el combustible que necesita para funcionar con esa tarea específica. Y sin combustible, no hay motor que arranque.

Es exactamente lo que pasa cuando solo te motiva lo nuevo. No es capricho. Es química cerebral.

¿Y lo conocido por qué agota tanto?

Porque lo conocido no genera novedad. Y sin novedad, no hay dopamina. Y sin dopamina, cada pequeña tarea se convierte en un esfuerzo titánico.

Piensa en tu trabajo. Los primeros meses en un trabajo nuevo son increíbles. Todo es aprendizaje. Todo es estimulante. Rindes como nunca. Tu jefe piensa que es la mejor contratación de la década.

Año y medio después, haces lo mismo de siempre, ya no hay nada que aprender, y levantarte los lunes es una tortura medieval. No porque el trabajo sea malo. Porque ya no es nuevo.

Y la gente te mira y piensa "es que no tiene constancia". O "es que se aburre fácil". Como si aburrirse fuera una decisión. Como si pudieras elegir que tu cerebro generase dopamina con lo de siempre.

No puedes. Y eso no es un defecto de carácter.

¿Esto tiene explicación médica o solo soy así?

Tiene explicación. Y tiene nombre.

Es TDAH. El cerebro con TDAH tiene un sistema de dopamina que funciona diferente al de la mayoría. No produce suficiente dopamina de base, y depende mucho más de estímulos externos para generarla. Y el estímulo más potente, con diferencia, es la novedad.

Según el DSM-5, la dificultad para mantener el esfuerzo en tareas que han dejado de ser novedosas es un criterio diagnóstico del TDAH. No un síntoma menor. Un criterio central.

O sea que no eres inconstante. No te falta disciplina. Tu cerebro necesita más novedad que el cerebro promedio para funcionar. Es lo que hay.

Esto no es un diagnóstico, que quede claro. Si te suena demasiado familiar, lo que toca es hablarlo con un profesional.

¿Cómo convives con un cerebro que necesita novedad constante?

Pues mira, te lo digo por experiencia. No luchas contra ello. Lo usas.

Yo ya no intento mantenerme en un proyecto durante meses con pura fuerza de voluntad. No funciona. Lo que hago es inyectar novedad dentro del mismo proyecto.

Cambio la herramienta. Cambio el enfoque. Añado un reto nuevo. Redefino el proyecto para que tenga una capa más de complejidad. Lo que sea que engañe a mi cerebro para que piense que estoy haciendo algo nuevo cuando en realidad estoy avanzando en lo mismo.

También alterno. Tener dos o tres proyectos en paralelo y saltar entre ellos cuando uno se estanca. No es dispersión. Es gestión de la novedad. Es la diferencia entre abandonar todo y avanzar en todo un poco a la vez.

No es perfecto. Hay cosas que se quedan a medias. Hay momentos en los que el bajón llega y no hay hack que valga. Pero todo me cuesta más que a los demás precisamente porque mi cerebro funciona con un combustible que se agota rápido. Y si lo acepto en vez de pelearme con ello, al menos puedo diseñar un sistema que funcione con mis reglas.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre intentar ser constante y ser estratégico con la novedad es la diferencia entre dejarlo todo a medias y terminar cosas de verdad. Ya te digo.

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Si tu cerebro también se enciende con lo nuevo y se apaga con lo conocido, hice un test de 43 preguntas. Gratis. Sin diagnóstico, pero con suficiente información para saber si vale la pena hablar con un profesional. Hacer el test TDAH.

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