Mis relaciones dependen de mi estado de ánimo del día

Hoy eres el mejor amigo del mundo. Mañana no quieres hablar con nadie. Tus relaciones van a tu ritmo emocional y no al revés.

Hay días en los que soy la mejor versión de mí mismo. Contesto mensajes, quedo con gente, escucho, participo, me río. Soy el amigo que todo el mundo quiere tener.

Y hay días en los que no quiero hablar con nadie. Literalmente. Ni con mi mejor amigo. Ni con mi novia. Ni conmigo mismo si pudiera evitarlo. Todo me molesta. Todo me cansa. Y la sola idea de tener una conversación me genera un rechazo físico.

El problema es que la gente de mi alrededor no sabe en qué día va a caer. Me escriben y es una lotería. A veces contesto con entusiasmo. A veces contesto con monosílabos. A veces no contesto.

Y eso desgasta. Desgasta a la gente que me quiere. Desgasta las relaciones. Y me desgasta a mí, porque sé que no está bien pero no puedo controlarlo.

¿Por qué mi estado de ánimo decide cómo trato a la gente?

Porque tu estado de ánimo no es solo un estado de ánimo. Es el nivel de recursos que tu cerebro tiene disponibles en ese momento.

Cuando estás "bien", tu cerebro tiene energía de sobra. Puede procesar conversaciones, gestionar emociones ajenas, ser empático, ser gracioso, ser paciente. Todo eso requiere recursos cognitivos. Y cuando los tienes, socializar es fácil. Hasta placentero.

Cuando estás "mal", esos recursos se han agotado. O nunca llegaron. Y tu cerebro entra en modo ahorro de energía. Reduce todo lo que no sea esencial. Y socializar, para tu cerebro, no es esencial. Esencial es sobrevivir el día. Así que corta la empatía, corta la paciencia, corta las ganas de hablar.

No es que elijas ser borde. Es que tu cerebro no te deja otra opción.

Es como un teléfono en modo ahorro de batería. Cuando la batería está al cincuenta, todo funciona. Cuando baja al diez, se desactivan las notificaciones, se baja el brillo, se cierra todo lo que no sea imprescindible. Tu cerebro hace exactamente lo mismo. Y las relaciones son lo primero que cierra.

¿Se puede tener relaciones estables con un ánimo inestable?

Se puede. Pero requiere trabajo extra que otra gente no tiene que hacer.

Lo primero que tienes que aceptar es que no vas a ser la misma persona todos los días. Y eso está bien. El problema no es ser inconsistente. El problema es no comunicarlo.

Cuando estés en un día malo y alguien te escriba, no ignores el mensaje. Manda un "hoy estoy bajo, no soy buena compañía, pero no es por ti". Esas quince palabras te ahorran una semana de malentendidos. Porque la persona al otro lado no puede leer tu mente. Solo puede leer tu silencio. Y el silencio siempre se interpreta como rechazo.

Lo segundo: busca personas que entiendan la inconsistencia. No todo el mundo puede con eso. Hay gente que necesita constancia emocional y si no la recibe, sufre. No es que sean malas personas. Es que no son compatibles con tu forma de funcionar. Las relaciones que mejor me funcionan son con gente que dice "ah, hoy no estás, sin problema, hablamos cuando puedas".

Lo tercero: identifica tus patrones. Aunque sientas que no hay patrón, normalmente lo hay. Quizá los lunes después de un fin de semana social estás agotado. Quizá después de dormir mal eres intratable. Quizá la calidad de tus días fluctúa de forma que puedes anticipar parcialmente. Y si puedes anticiparlo, puedes avisar.

La culpa de ser dos personas

Lo que más pesa es la culpa. Porque sabes que la persona que eras ayer no se parece a la que eres hoy. Y sientes que le estás fallando a la gente.

Ayer estuviste genial en la cena. Hoy no puedes ni mandar un emoji. Y piensas "soy un fraude". Porque ayer parecías una persona funcional y hoy demuestras que no lo eres.

Pero no eres un fraude. Eres una persona cuyo estado emocional tiene una amplitud mayor que la media. Subes más alto y bajas más bajo. Y en los valles, las relaciones sufren. No porque no te importasen, sino porque no tienes energía para mantenerlas.

Y si esto te pasa constantemente, si desapareces de la vida de la gente sin querer, si mantener conversaciones por chat se siente imposible, si sientes que todo te cuesta más que a los demás, no es que seas mala persona. Es que tu cerebro regula las emociones y la energía de una forma que la mayoría de la gente no experimenta.

Y eso, aunque suene raro, puede tener una explicación. Y la explicación puede llevar a soluciones. O al menos, a entender por qué eres así y dejar de machacarte por ello.

Un profesional puede ayudarte a poner nombre a lo que sientes. No para cambiarte. Para darte las herramientas que necesitas para que las relaciones funcionen sin que te cuesten la salud mental.

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