Mi bolso pesa 4 kilos porque llevo de todo por si acaso
Cargador, auriculares de repuesto, ibuprofeno, tres bolígrafos. Todo por si acaso. Y el si acaso nunca llega.
Cargador. Cargador portátil. Auriculares. Auriculares de repuesto. Ibuprofeno. Tiritas. Un bolígrafo. Tres bolígrafos. Todo por si acaso.
Y el "si acaso" nunca llega.
Pero el bolso pesa 4 kilos. Y tú vas por la calle con un hombro más alto que el otro como si llevaras un ancla colgando, preparado para una emergencia que no ha pasado en los últimos 347 días que llevas cargando con lo mismo.
¿Por qué llevas todo encima si nunca usas la mitad?
Porque la alternativa te aterra.
No literalmente, no es terror con mayúsculas. Pero hay algo ahí, una sensación de fondo, que te dice que el día que no lleves el ibuprofeno te va a doler la cabeza. El día que no lleves el cargador portátil, el móvil se va a morir a las tres de la tarde. El día que dejes los auriculares de repuesto en casa, los principales van a fallar.
Y sí, suena un poco irracional cuando lo ves escrito. Porque lo es.
Pero tu cerebro no trabaja con probabilidades. Trabaja con "imagina que pasa". Y el "imagina que pasa" es tan potente que compensa llevar 4 kilos encima todos los días del año.
Es como llevar un paraguas un día de agosto en Zaragoza. A 40 grados. Porque una vez, hace seis años, llovió en agosto y te pilló sin paraguas. Y eso no te va a volver a pasar. Aunque signifique cargar con un paraguas 364 días al año para uno que llueve.
El bolso como extensión de tu ansiedad
Pues mira, no te voy a engañar. Esto me pasa.
Mi mochila pesa lo que no debería pesar. Y cada vez que la abro para buscar algo, es una excavación arqueológica. Cables que no sé de qué son. Un adaptador USB-C que llevo "por si acaso" desde 2023. Pastillas de ibuprofeno que probablemente caducaron hace meses. Dos bolis que funcionan y uno que no, pero que sigue ahí porque "a lo mejor un día funciona".
Y lo peor no es el peso. Lo peor es que cada objeto en ese bolso representa una decisión que no fui capaz de tomar.
Porque tirar el cargador portátil significa decidir que no lo vas a necesitar. Y decidir es exactamente lo que tu cerebro evita a toda costa. Decidir que algo no hace falta es comprometerse con un futuro donde ese algo no existe. Y tu cerebro, que ya tiene bastante con funcionar con las reglas que le tocaron, no quiere más compromisos.
Así que lo dejas todo dentro. Por si acaso.
Es el mismo patrón que con las llaves, el móvil y todo lo demás
A ver, ¿qué pasa? Que esto no va solo del bolso.
El bolso pesado es un síntoma. El mismo cerebro que te hace llevar tres bolígrafos "por si acaso" es el que te hace perder las llaves, el móvil y las gafas porque no tiene un sitio fijo para nada. Son dos caras de lo mismo.
En un caso, acumulas para compensar. En otro, pierdes porque no hay sistema.
Y las dos cosas nacen del mismo sitio: un cerebro que no gestiona bien los objetos en el espacio. Que no automatiza lo de "esto va aquí, esto va allá". Que necesita tenerlo todo a la vista o todo encima para sentir que controla algo. Aunque lo que controle sea un bolso de 4 kilos con tres bolígrafos y un ibuprofeno caducado.
Es una forma de compensación, ¿sabes? No te organizas bien, así que sobrecompensas llevando todo. No confías en tu memoria, así que te llevas todo encima para no tener que recordar qué necesitas. El bolso no es un bolso. Es una prótesis de memoria externa con cremallera.
Cuando preparar el bolso te lleva 25 minutos
Y luego está el ritual de salir de casa.
Porque no es solo llevar el bolso. Es preparar el bolso. Cada. Vez.
"¿Llevo el cargador? Sí. ¿Y el portátil? Sí. ¿Y el cargador del portátil? Espera, ¿dónde está? Estaba aquí ayer. O no. A ver, lo busco."
Y 25 minutos después sigues en casa buscando un cable que estaba en el sitio de siempre, pero tu cerebro no registró dónde lo dejaste porque cuando lo dejaste estabas pensando en otra cosa.
Esto es parte de lo mismo que te hace sentirte desorganizado sin saber por qué. No es que seas un desastre. Es que tu cerebro procesa la logística cotidiana de una forma que consume más energía de la que debería.
Preparar un bolso para ti no es meter cosas y salir. Es un proceso de verificación mental que te deja más cansado que el propio día que tienes por delante.
El bolso de 4 kilos es un bolso de ansiedad anticipatoria
Mira, no voy a ponerme filosófico. Pero hay algo detrás de esto que merece la pena ver.
Llevar de todo encima es intentar controlar un futuro que no puedes predecir. Es tu cerebro diciendo "ya que no puedo confiar en mí mismo para recordar cosas, me llevo todo para que nada pueda salir mal".
Y es agotador. No solo físicamente, que también, sino mentalmente. Porque estás gastando energía en prevenir escenarios que casi nunca pasan. Mientras tanto, la energía que necesitas para cosas que sí pasan, como contestar mensajes, llegar a tiempo o acordarte de una cita, esa no la tienes.
Porque la gastaste en meter tres bolígrafos en el bolso.
No te estoy diciendo que vacíes el bolso mañana. Eso sería como pedirte que dejes de ser como eres. Lo que sí digo es que si un día abres el bolso y ves que llevas 14 cosas "por si acaso" y solo has usado 2 en los últimos tres meses, a lo mejor lo que necesitas no es un bolso más grande.
A lo mejor lo que necesitas es entender por qué tu cerebro no te deja soltar las cosas. Y eso, te lo digo por experiencia, tiene bastante más que ver con cómo funciona tu atención que con lo organizado que seas.
Esto no es un diagnóstico. Si algo de lo que has leído te suena demasiado, habla con un profesional. Pero si ya lo intuyes, al menos tienes un sitio por donde empezar a mirar.
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