Rindo mucho unos días y casi nada otros: mi productividad es muy irregular
Lunes: superhéroe. Martes: zombie. Tu rendimiento no tiene patrón y nadie entiende por qué. Ni siquiera tú.
Lunes. Superhéroe. Llegas, te sientas, y sacas el trabajo de tres días en una mañana. Tu jefe te mira y piensa que eres un crack. Tú mismo piensas que eres un crack.
Martes. Zombie. No puedes ni abrir el correo. Llevas una hora mirando la pantalla y no has movido un dedo. Tu jefe te mira y piensa otra cosa. Y tú no sabes qué ha cambiado entre ayer y hoy.
Nada ha cambiado. Has dormido lo mismo. Has comido lo mismo. El trabajo es el mismo. Pero tu cerebro ha decidido que hoy no. Y cuando tu cerebro decide que hoy no, da igual lo que hagas. Hoy no.
¿Cómo puede cambiar tanto de un día a otro?
Pues mira, la respuesta es frustrante pero honesta: porque tu rendimiento no depende de factores externos. Depende de cómo tu cerebro produce y gestiona dopamina ese día concreto.
Y eso no lo controlas.
No es como dormir más para estar más descansado, o comer mejor para tener más energía. Ojalá fuera así de sencillo. Tu nivel de activación cerebral fluctúa por razones que la ciencia todavía no entiende del todo. Lo que sí se sabe es que algunos cerebros tienen fluctuaciones más extremas que otros.
El tuyo es de los extremos. Días de 10 y días de 0. Sin término medio. Sin escala gradual. Como un interruptor que solo tiene encendido y apagado, sin regulador.
Imagina un grifo que o sale a presión completa o no sale nada. No hay un chorrito suave. O te inundas o te mueres de sed. Así funciona tu rendimiento.
Lo que tu jefe no entiende
Tu jefe ve los días buenos y piensa: "Esto es lo que puede hacer." Y luego ve los días malos y piensa: "No se está esforzando."
Pero no es así. Tú te estás esforzando igual o más los días malos. De hecho, los días malos son más agotadores que los buenos. Porque los buenos te salen solos. Los malos tienes que forzar cada línea, cada email, cada pensamiento. Es como nadar con la corriente versus nadar contra ella. El esfuerzo es mayor cuando la corriente va en contra.
Y lo que nadie ve es que después de un día bueno muchas veces necesitas un día de recuperación. Como si hubieras gastado toda la batería de la semana en un sprint de seis horas. Y al día siguiente la batería está a cero.
Eso de que no rindes en el trabajo aunque quieres no es pereza. Es que tu cerebro tiene picos y valles mucho más pronunciados que el de la media.
El patrón que no es patrón
Lo más desesperante es que no hay un patrón. Si hubiera un patrón podrías planificarte. "Los lunes bien, los martes mal." Pero no. Es completamente aleatorio. Un miércoles puedes volar y otro miércoles no puedes ni con tu alma.
He intentado encontrar el patrón. He apuntado horas de sueño, lo que como, el ejercicio que hago, el tiempo, la fase lunar. Nada. No hay correlación clara. Es como si mi cerebro lanzara una moneda cada mañana para decidir si hoy toca rendir o no.
Y la ausencia de patrón genera una ansiedad permanente. Porque no puedes prometer nada. Cada compromiso que haces es un acto de fe. "Sí, lo tendré para el viernes." ¿De verdad? ¿Y si el jueves tu cerebro decide que no? ¿Y si el viernes por la mañana eres un zombie?
Cuando sientes que te bloqueas con proyectos largos, la irregularidad del rendimiento es una de las causas principales. No puedes sostener un esfuerzo largo si no sabes si mañana vas a poder o no.
Lo que ayuda (un poco)
Primero: aprender a surfear la ola. Cuando tengas un día bueno, aprovecha. No te frenes. Saca todo lo que puedas. Adelanta trabajo. Porque ese día bueno es gasolina y no sabes cuándo volverá.
Segundo: en los días malos, baja las expectativas. No intentes hacer el trabajo de los días buenos. Haz lo mínimo. Lo urgente. Lo que no puede esperar. Y perdónate por el resto. No es pereza. Es que la batería no da para más.
Tercero: comunicar. Si puedes, dile a tu jefe o a tu equipo que tu rendimiento es irregular. No hace falta explicar por qué. Solo que sepan que a veces necesitas más tiempo para la misma tarea. La transparencia reduce la presión y la presión reducida curiosamente mejora los días malos.
Hay una explicación que quizá no conoces
Esa irregularidad extrema en el rendimiento. Esos picos y valles sin patrón. Esa sensación de que todo te cuesta más que a los demás unos días y otros eres el que más produce...
Se asocia directamente con el TDAH adulto. La inconsistencia en el rendimiento es una de las quejas más frecuentes de los adultos que buscan deadlines y adrenalina para funcionar. No es que seas inconsistente por elección. Es que tu cerebro produce neurotransmisores de forma irregular.
No te estoy diagnosticando. Consulta con un profesional si te ves reflejado. Pero si llevas años sin entender por qué unos días vuelas y otros te arrastras, puede que haya una respuesta.
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