Mis relaciones avanzan demasiado rápido o se estancan de golpe

O te vuelcas al 100% desde el primer día o la relación se congela sin motivo. No eres inestable. Tu cerebro regula las relaciones con un sistema de todo o nada.

Conoces a alguien y en tres días estáis hablando como si os conocierais de toda la vida. Planes juntos. Mensajes a las dos de la madrugada. Sensación de "por fin alguien que me entiende".

Y dos semanas después no le contestas un mensaje en cuatro días y no sabes por qué.

No ha pasado nada. No te ha hecho nada. No has dejado de apreciar a esa persona. Simplemente, algo en tu cabeza ha cambiado de marcha sin consultarte.

¿Por qué las relaciones van a 200 o a 0?

Porque tu cerebro no tiene regulador de velocidad. Tiene un acelerador y un freno, y nada en medio.

Cuando algo te interesa, cuando hay novedad, cuando hay conexión emocional fresca, tu cerebro se vuelca. Todo. La atención, la energía, el tiempo. Esa persona se convierte en el centro de tu mundo durante un rato. Y es genuino. No es manipulación. No es una actuación. Es que tu cerebro funciona así con todo lo que le activa.

El problema es que esa intensidad tiene fecha de caducidad. Porque no viene de la conexión real con esa persona. Viene de la novedad. Y la novedad se agota.

Y cuando se agota, tu cerebro pasa a buscar la siguiente fuente de estimulación. No por capricho. Porque su sistema de regulación de la atención necesita novedad para funcionar. Y una relación que ya no es nueva pierde prioridad en tu sistema interno, aunque siga siendo importante.

El patrón que destruye relaciones sin que entiendas por qué

Mira, te lo pongo con un ejemplo.

Conoces a un amigo nuevo. Primeras semanas: quedáis tres veces por semana, os mandáis memes a todas horas, os contáis la vida entera. La otra persona piensa "he encontrado un amigo increíble".

Mes dos: quedáis una vez por semana. Contestas mensajes con retraso. A veces se te olvida que habíais quedado.

Mes tres: la otra persona empieza a preguntar "¿estás bien?" y tú no sabes qué decir porque estás bien, pero ya no sientes la urgencia de verle.

Y la otra persona, que no vive dentro de tu cabeza, interpreta esa bajada como desinterés. Como que hizo algo mal. Como que la amistad no era real.

Pero era real. Solo que tu cerebro reguló el interés a la baja sin consultarte.

Es el mismo mecanismo que cuando empiezas relaciones muy intensas y luego se apagan. La intensidad inicial no es sostenible. No porque seas incapaz de mantener relaciones, sino porque el combustible que las arrancó, la novedad, se termina.

Lo que hay debajo del todo o nada

Pues aquí es donde entra algo que muchos no esperan.

En adultos con TDAH, la regulación de la atención no solo afecta al trabajo y a las tareas. Afecta a las relaciones. A todas. Amistades, parejas, familia.

El sistema dopaminérgico que gestiona qué te interesa y cuánto te interesa no distingue entre un proyecto nuevo y una persona nueva. Ambos activan el mismo circuito de novedad. Y ambos sufren la misma bajada cuando la novedad se normaliza.

Esto está documentado en la investigación sobre TDAH y relaciones interpersonales. No es un capricho ni una elección. Es neurología.

Y lo jodido es que desde fuera parece exactamente lo que no es. Parece que no te importa la gente. Que usas a las personas. Que eres superficial. Cuando la realidad es que te importan, pero tu cerebro no sabe mantener el nivel de atención que ellos necesitan sin el combustible de la novedad. Es parte de ese sentir que todo te cuesta más que a los demás. Incluidas las relaciones.

Cómo trabajo con esto (que es un trabajo constante)

No te voy a engañar. No hay un truco para esto. Es un trabajo de todos los días.

Lo primero que me ayudó fue entenderlo. Saber que la bajada de intensidad no significa que la persona me importe menos. Significa que mi cerebro ya no la trata como novedad. Y eso es normal. Lo anormal sería mantener la intensidad del primer día durante años.

Lo segundo: crear sistemas externos para mantener el contacto. Recordatorios para escribir a amigos. Planes fijos que no dependan de mi motivación del momento. Estructuras que sostengan la relación cuando mi cerebro no lo hace de forma automática.

Porque si espero a que me apetezca escribir a alguien para escribirle, no escribo nunca. Y eso no es justo ni para mí ni para la otra persona.

Y lo tercero: ser honesto. Decir "oye, desaparezco a veces, no es por ti, es que mi cabeza funciona así". Que suena raro la primera vez, pero que ahorra una cantidad brutal de malentendidos. Porque la gente puede entender un cerebro que funciona diferente. Lo que no puede entender es el silencio sin explicación.

Si reconoces este patrón y te preocupa que siempre acabes siendo el que no contesta, el que desaparece, lo responsable es hablar con un profesional. Esto no es un diagnóstico. Es lo que yo vivo.

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