Me siento diferente en todos los grupos sociales en los que estoy
Estés donde estés sientes que no encajas del todo. No es timidez ni inseguridad. Es que tu cerebro funciona con reglas distintas al resto.
Con los del trabajo eres el raro creativo. Con los amigos del pueblo eres el que se fue. Con los de la universidad eres el que desapareció. Con los nuevos eres el intenso que habla demasiado.
Y en todos, absolutamente en todos, hay un momento en que piensas: "No pertenezco aquí del todo".
No es que te caigan mal. No es que no te acepten. Es algo más sutil y más jodido que eso.
¿Por qué nunca sientes que encajas del todo?
Porque tu forma de procesar las interacciones sociales es diferente a la de la mayoría de la gente del grupo. Y eso se nota. No de manera obvia. No es que te señalen ni te excluyan. Pero tú lo sientes.
Lo sientes cuando todos se ríen de algo y tú te perdiste el chiste porque estabas pensando en otra cosa. Lo sientes cuando la conversación fluye entre todos y tú estás formulando mentalmente algo que quieres decir pero no encuentras el hueco para meterlo. Lo sientes cuando el grupo hace planes y tú no sabes si quieres ir o si mañana te va a dar pereza y vas a cancelar.
Esa sensación de estar un paso desincronizado con el grupo. Como si todo el mundo tuviera el guion de la obra y tú estuvieras improvisando.
El efecto camaleón que te agota
Pues mira, lo que hacemos muchos es adaptarnos. Cambiar de registro según el grupo. Con unos eres más callado. Con otros más gracioso. Con otros más serio. Y funciona. Funciona tan bien que la gente no nota nada.
Pero tú sí lo notas.
Porque mantener esa adaptación constante consume energía. Es como llevar un disfraz que te queda bien pero que pesa. Y al final del día, cuando te quedas solo, no sabes muy bien quién eres sin el grupo delante. Porque llevas tanto tiempo adaptándote que el "yo de verdad" está enterrado bajo 17 capas de versiones sociales.
Y a eso súmale que con el TDAH la cosa se intensifica. Porque no solo te adaptas al grupo. También estás luchando contra interrumpir a la gente porque se te ocurrió algo que quieres decir ya, contra perderte en tu cabeza cuando alguien lleva tres minutos hablando, contra la urgencia de irte cuando la batería social se agota de golpe.
O sea, no solo estás actuando. Estás actuando Y controlándote al mismo tiempo. La hostia de agotador.
¿Y si el problema no eres tú sino cómo funciona tu atención?
A ver, que no estoy diciendo que todo el mundo que se siente diferente tenga TDAH. Pero sí estoy diciendo que hay un patrón.
Las personas con TDAH procesan la información social de manera diferente. No peor. Diferente. Captan cosas que otros no captan. Se pierden cosas que otros no se pierden. Van más rápido que la conversación o van tres pasos por detrás.
Y eso, con los años, genera una sensación persistente de no encajar. De estar fuera de sincronía. De ser el que siempre tiene que esforzarse un poco más para que la interacción fluya.
Según el DSM-5, las dificultades en la regulación social y emocional son uno de los componentes más infradiagnosticados del TDAH en adultos. Porque no parecen "TDAH". Parecen timidez. O introversión. O "personalidad rara".
Pero no lo son.
Lo que pasa cuando dejas de intentar encajar y empiezas a entender
Te lo digo por experiencia: el momento en que dejé de intentar ser "normal" en los grupos y empecé a entender por qué me sentía diferente, todo cambió.
No cambió la sensación. Sigo sintiéndome diferente en muchos grupos. Pero cambió la interpretación. Ya no es "soy raro y nadie me entiende". Es "mi cerebro funciona con otras reglas y eso tiene consecuencias sociales".
Y parece lo mismo, pero no lo es. Porque con la primera interpretación te machacas. Con la segunda, te adaptas.
Empecé a elegir mejor los grupos. A dosificar la energía social. A no forzarme a ir a todo. A no sentirme culpable cuando no puedo estar en grupos grandes mucho tiempo. A entender que preferir conversaciones de dos o tres personas no es antisocial, es una preferencia válida que tiene sentido con cómo funciona mi atención.
Y algo que me ayudó mucho fue descubrir que eso de que todo me cuesta más que a los demás no era una percepción exagerada. Era real. Y tenía una explicación neurológica detrás.
Esto no es un diagnóstico, ojo. Si reconoces este patrón, lo que toca es hablarlo con un profesional. Yo comparto mi experiencia, que es lo que puedo hacer.
No tienes que encajar en todos los grupos
Parece una tontería, pero el permiso de no encajar es liberador.
No tienes que ser el mismo en todos lados. No tienes que sentirte cómodo en todas las situaciones sociales. No tienes que forzar pertenencia donde tu cerebro no la encuentra de manera natural.
Lo que sí puedes hacer es entender por qué te pasa. Y con esa información, dejar de machacarte y empezar a buscar los espacios donde tu forma de funcionar no es un problema, sino simplemente parte de quién eres.
Que existen. Te lo prometo. Tardarás un poco más en encontrarlos, pero existen.
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