Necesito estímulo constante para funcionar y la vida normal no lo da

Si la rutina te apaga y necesitas emoción para sentirte vivo, no eres un adicto a la adrenalina. Tu cerebro necesita más estimulación que la media.

La gente normal puede sentarse en una silla, hacer su trabajo, comer, volver al trabajo, irse a casa. Y están bien. Contentos, incluso.

Yo hago eso y a las dos horas quiero arrancarme la piel.

No por estrés. No por odiar mi trabajo. Sino porque mi cerebro necesita más. Más estímulo. Más variedad. Más cosas pasando. Si el entorno es plano, mi cerebro se apaga. Literalmente. Como una tele que entra en modo ahorro de energía porque no detecta señal.

¿Por qué me aburro tan rápido de todo?

A ver, vamos a empezar por aquí porque es la pregunta que te machaca, ¿no?

Tienes un trabajo que en teoría está bien. Tienes una vida que en teoría está bien. No te falta nada. Y sin embargo, hay algo que no funciona. Una sensación constante de que necesitas más. De que todo es demasiado lento, demasiado predecible, demasiado... normal.

Y cuando buscas ese estímulo, funcionar te sale solo. Te enganchas a algo nuevo y rindes como un crack. Descubres un tema y puedes pasarte seis horas investigando sin parar. Te metes en una crisis en el trabajo y de repente eres la persona más eficiente del edificio.

Pero cuando todo está tranquilo, cuando la vida es rutina, cuando no hay fuego que apagar, eres otro. Lento. Despistado. Sin energía. Como si necesitaras que las cosas ardan un poco para activarte.

¿Es adicción a la adrenalina o es otra cosa?

Eso es lo que te dicen, ¿no? "Eres un buscador de emociones." "Te aburres porque no tienes disciplina." "Necesitas aprender a estar en calma."

Y tú lo intentas. De verdad. Intentas disfrutar la rutina. Intentas estar presente. Intentas que lo normal te parezca suficiente. Pero no puedes. No porque no quieras, sino porque tu cerebro no recibe suficiente estimulación de un entorno que a otros les parece perfectamente bien.

Es como estar en una habitación donde todos oyen la música perfectamente y tú apenas la escuchas. No es que no te guste la música. Es que tu cerebro necesita el volumen más alto para procesarla.

Y cuando el volumen no sube, haces lo que puedes: buscas estímulo donde sea. Redes sociales. Conversaciones. Proyectos nuevos. Compras impulsivas. Lo que sea que le dé a tu cerebro lo que necesita para funcionar.

Lo que nadie te cuenta sobre necesitar estímulo constante

Mira, te lo cuento porque a mí me pasó exactamente esto durante años.

Me cambiaba de hobby como quien cambia de calcetines. Empezaba proyectos que duraban semanas. Buscaba trabajos que me desafiaran y cuando dejaban de desafiarme quería irme. La gente me decía "es que no te comprometes" y yo pensaba que tenían razón. Que algo fallaba en mi carácter.

Hasta que entendí que no era mi carácter. Era mi cerebro.

El sistema dopaminérgico que regula la motivación y el interés no funciona igual en todas las personas. Hay cerebros que producen suficiente dopamina con un entorno tranquilo. Y hay cerebros que necesitan más estimulación para alcanzar el mismo nivel base de funcionamiento.

Cuando tu cerebro es del segundo tipo, la rutina no es aburrimiento. Es sufrimiento. Porque estás operando por debajo del umbral mínimo de activación. Y tu cerebro lo sabe y busca estímulo desesperadamente.

Esto es por lo que te cuesta más que a los demás hacer las mismas cosas. No porque seas menos capaz. Sino porque necesitas más para arrancar.

Y en el TDAH, esto es una de las cosas más documentadas que existen. La búsqueda de estimulación constante no es un rasgo de personalidad. Es un síntoma de un cerebro que necesita más input para funcionar a nivel básico.

¿Qué haces cuando el mundo no te da suficiente estímulo?

Lo primero: entender que necesitar urgencia para funcionar no es un defecto. Es cómo funciona tu cerebro. Y pelear contra eso es como pelear contra la gravedad.

Lo segundo: crear estímulo artificial. Suena raro, pero funciona. Música mientras trabajas. Cambiar de ubicación. Dividir las tareas en trozos más pequeños para que haya más puntos de "logro". Ponerte deadlines cortos aunque no los necesites. Trabajar con alguien al lado, aunque sea en videollamada, solo por la presencia.

Lo tercero: diseñar una vida que le dé a tu cerebro lo que necesita en vez de una vida "normal" que te deja apagado. Eso puede significar un trabajo con variedad, hobbies que roten, rutinas que cambien periódicamente.

No es fácil. No te voy a engañar. Pero es infinitamente mejor que pasarte la vida pensando que eres un desastre porque la rutina te destruye.

Y si esto te suena demasiado familiar, no lo dejes pasar. Habla con un psicólogo o psiquiatra. No con Google, no con un test de internet. Con alguien que pueda evaluar qué pasa de verdad.

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Dicho esto, si quieres un primer paso, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención y tu motivación. No diagnostica, pero te da una idea bastante clara de si merece la pena dar el siguiente paso con un profesional. Hacer el test TDAH.

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