Me distraigo en cada reunión y no me entero de lo que se decide

Tu cuerpo está en la reunión pero tu cabeza no. Te distraes, pierdes el hilo y luego finges que te enteraste. Tiene explicación.

Estás en la reunión. Tu jefe habla. Tú asientes. Y en tu cabeza estás pensando en qué vas a cenar.

No es que te dé igual lo que se dice. Es que tu cerebro decidió por su cuenta que la voz de tu jefe tiene exactamente el mismo nivel de interés que el ruido del aire acondicionado. Y se fue.

Y vuelves. Y ya no sabes por dónde van. Y finges que sí.

¿Por qué tu cuerpo está en la reunión pero tu cabeza no?

Porque las reuniones son un terreno hostil para la atención que no se regula sola.

Piénsalo. Una reunión típica dura entre 30 y 60 minutos. Hay una persona hablando de algo que no siempre te afecta directamente. No hay estímulo visual fuerte. No hay feedback inmediato. No hay nada que enganche al cerebro que necesita novedad, urgencia o interés genuino para mantenerse conectado.

O sea, es el escenario perfecto para desconectar.

Y no desconectas de golpe. Es progresivo. Primero pierdes una frase. Luego intentas reconectar. Luego pierdes un bloque entero. Y cuando te quieres dar cuenta, están decidiendo algo y tú no tienes ni idea de qué opciones había sobre la mesa.

Lo peor es que nadie nota que te has ido. Porque tu cara sigue ahí. Porque asientes de vez en cuando. Porque has aprendido a parecer presente sin estarlo.

¿Y si el problema no es que seas un mal trabajador?

Esto es lo que me fastidia. Que la mayoría de gente que se distrae en reuniones piensa que es vaga. O que le da igual su trabajo. O que no es lo suficientemente profesional.

Y no. No es nada de eso.

Hay cerebros que regulan la atención de manera distinta. Que no pueden elegir a qué prestar atención cuando el estímulo no tiene suficiente carga emocional o novedad. Y una reunión donde alguien repasa un Excel durante 40 minutos no tiene carga emocional para nadie, pero hay gente que puede forzar la atención y gente que no.

Es como pedirle a alguien que mantenga los ojos abiertos bajo el agua. Técnicamente puedes, pero tu cuerpo te lo pone muy difícil.

Y eso tiene un nombre. En adultos con TDAH, la dificultad para mantener la atención en estímulos de baja carga es uno de los síntomas más comunes. No el más espectacular, pero sí uno de los que más afecta en el trabajo. Porque las reuniones son el pan de cada día en cualquier empresa.

Y tú ahí, fingiendo que te enteras.

¿Qué pasa después de la reunión?

Pues lo que pasa siempre. Que sales de la reunión y no sabes qué se decidió. Que preguntas a un compañero disimulando. Que lees las notas del acta - si es que hay acta - y reconstruyes lo que pasó como un detective.

Y a veces no preguntas. A veces haces lo que crees que se dijo y esperas que coincida con lo que realmente se decidió.

Esto genera una ansiedad sorda. Porque sabes que te pierdes cosas. Y sabes que tarde o temprano alguien se va a dar cuenta. Y eso te hace sentir que no rindes lo suficiente aunque en el resto de tareas vayas bien.

Porque no es que no sepas hacer tu trabajo. Es que el formato reunión está diseñado para un tipo de atención que no es la tuya.

¿Hay algo que funcione?

No te voy a engañar. No he encontrado la solución mágica para mantenerme conectado en una reunión de 50 minutos donde se revisan KPIs trimestrales. No existe.

Pero sí he encontrado cosas que ayudan.

Una: tomar notas a mano. No para recordar, sino para obligar al cerebro a procesar lo que escucha. Cuando escribes lo que alguien dice, tu cerebro tiene que prestar atención para traducirlo a palabras. Es un truco. Y funciona.

Dos: preguntar cosas. Aunque sean preguntas que ya sabes. Porque el acto de hablar te reconecta. Te obliga a estar en el momento. Es como darle un golpecito al cerebro y decirle "eh, que estamos aquí".

Y tres: aceptar que vas a desconectar en algún momento y tener un sistema para compensarlo. Grabar la reunión si puedes. Pedir acta. Preguntar después sin vergüenza. Porque hay tareas que simplemente no funcionan con tu forma de procesar, y la solución no es forzar la atención sino crear un contexto donde puedas funcionar.

No es pereza. No es falta de interés. Es que tu cerebro necesita que le des herramientas, no sermones.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional, que conste. Si esto te suena familiar y te pasa en más contextos que solo las reuniones, lo que toca es hablarlo con un psicólogo o psiquiatra que sepa de TDAH en adultos.

---

Si te distraes en reuniones, pierdes el hilo en conversaciones y sientes que tu atención va por libre, quizá vale la pena entender por qué. Hice un test de 43 preguntas que te ayuda a ver si lo que te pasa tiene una explicación. Gratis, sin diagnóstico, pero con información útil. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo