La motivación desaparece en cuanto algo deja de ser nuevo
Todo te emociona al principio. Y todo deja de importarte a las pocas semanas. No es capricho. Tu cerebro funciona con reglas distintas.
Primer día de un proyecto: eres una máquina. Ideas, planes, ejecución, las tres de la mañana con los ojos brillantes porque esto sí que es lo tuyo. Esto sí que va a funcionar.
Día quince: abres el archivo. Lo miras. Lo cierras. Te pones a ver vídeos de cualquier cosa. Y una vocecita en tu cabeza te dice "ya no me interesa" como si fuera una sentencia inapelable.
No es la primera vez que te pasa. Es la quinceava. La treintava. La centésima. Y cada vez piensas lo mismo: "¿Qué me pasa? ¿Por qué nada me dura?"
¿Por qué solo me motivo con lo nuevo?
Porque tu cerebro está enganchado a la novedad. Y no de forma metafórica.
Cuando algo es nuevo, tu cerebro libera dopamina. Es un mecanismo biológico. La novedad activa el sistema de recompensa de una forma que pocas cosas consiguen. Por eso el primer día de cualquier cosa se siente increíble. El primer capítulo de un libro. La primera clase de un curso. El primer día de gimnasio.
El problema es que la novedad, por definición, se acaba. Y cuando se acaba, la dopamina baja. Y cuando la dopamina baja, tu motivación desaparece. No gradualmente. De golpe. Como si alguien apagara un interruptor.
Imagínate que eres adicto al trailer de las películas pero incapaz de ver la película entera. El trailer es todo novedad: escenas sueltas, música épica, promesas. La película es desarrollo lento, tramas secundarias, escenas de transición. Tu cerebro quiere trailers. El mundo te pide películas completas.
Y ese desajuste es un infierno.
La mentira de "si te importara de verdad, mantendrías el interés"
Esta es la frase que más daño hace.
Porque implica que la falta de interés es una elección. Que si abandonas algo es porque en el fondo no te importaba. Y entonces te miras a ti mismo y piensas: "¿Es que nada me importa lo suficiente?"
Pues no. Te importa. Pero tu sistema de motivación no funciona por importancia. Funciona por novedad. Son cosas distintas. Puedes valorar algo profundamente y aun así ser incapaz de mantener el interés cuando deja de ser nuevo.
Yo he abandonado proyectos que me importaban más que cualquier cosa. No por capricho. No por pereza. Porque mi cerebro dejó de darme el combustible que necesitaba para seguir. Y sin combustible, no hay avance.
Es como intentar ser constante aunque quieres serlo con todas tus fuerzas. La intención está. La voluntad está. Lo que falla es el mecanismo.
El ciclo novedad-abandono
Lo peor es que esto se convierte en un ciclo.
Empiezas algo. Te emocionas. Lo abandonas. Te sientes mal. Empiezas otra cosa para compensar. Te emocionas con eso. Lo abandonas también. Y cada vez que el ciclo se repite, la culpa crece. Y con ella, la idea de que eres una persona que no sirve para nada a largo plazo.
Pero fíjate en algo: no es que abandones por aburrimiento general. Abandonas lo viejo cuando aparece algo nuevo. Es un patrón muy específico. Tu cerebro no se apaga en general. Se apaga en lo que ya conoce y se enciende en lo desconocido.
Eso no es ser inconstante. Eso es tener un sistema de recompensa que prioriza la novedad sobre la continuidad.
Y en muchos casos, ese sistema tiene nombre.
¿Y si tiene una explicación real?
Mira, yo no voy a diagnosticarte. No soy tu médico. Pero sí te puedo decir que ese patrón de motivación atada a la novedad es uno de los síntomas más comunes del TDAH en adultos.
No el TDAH de "no me quedo quieto en la silla". El TDAH de "soy brillante empezando cosas y un desastre terminándolas". El de empezar cosas y no terminar ninguna no por falta de ganas, sino porque el cerebro funciona con reglas que nadie te explicó.
Cuando yo lo descubrí, fue como encender la luz en una habitación donde había tropezado mil veces. Los tropiezos no desaparecieron de golpe. Pero por primera vez sabía dónde estaban los muebles.
Y con eso pude empezar a construir de otra forma. No forzando la motivación cuando no estaba. Sino creando condiciones para que apareciera. Trocear las cosas en partes tan pequeñas que cada trozo pareciera nuevo. Buscar formas de inyectar novedad sin abandonar el proyecto.
No te voy a engañar. Algunos días sigue sin funcionar. Pero entender por qué te cuesta todo más que a los demás es el primer paso para dejar de machacar un cerebro que no eligió funcionar así.
Si esto te ha resonado, tengo un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No te diagnostica, pero te ayuda a poner nombre a lo que llevas sintiendo años. Pruébalo aquí.
Sigue leyendo
No puedo esperar a que llegue algo sin que me consuma la ansiedad
Cuando esperas algo bueno o malo, la ansiedad te devora. No puedes pensar en otra cosa. No es impaciencia, es algo más profundo.
Abro el documento, lo miro, y lo cierro sin escribir nada
Tienes el archivo abierto, el cursor parpadeando, y no escribes nada. Y lo peor: no es pereza. Es algo que le pasa a más gente de la que crees.
No puedo ver una película entera sin mirar el móvil
Abres Netflix, pones la película, y a los diez minutos ya estás mirando el móvil sin saber por qué. No es vicio. Tiene otra explicación.
Por qué me aburro en las conversaciones aunque quiera estar presente
Tu amigo habla. Tú asientes. Pero tu cerebro lleva 3 minutos en otro continente. No es que no te importe.