Mi ropa siempre acaba en la silla y nunca en el armario

Tu silla lleva meses siendo un armario auxiliar. No es dejadez. Es que tu cerebro no cierra ciclos sin presión.

La silla. Esa silla que compraste para sentarte y que lleva 6 meses siendo un armario auxiliar. Encima hay 3 camisetas, unos vaqueros y algo que no identificas. Algo que lleva ahí tanto tiempo que ya forma parte de la decoración.

Y lo mejor es que el armario está ahí. A un metro. Literalmente a dos pasos.

Pero da igual. La ropa no llega al armario. La ropa llega a la silla.

¿Por qué la ropa siempre acaba en la silla si el armario está a un metro?

A ver, vamos a analizarlo. Llegas a casa. Te quitas la ropa. Y en ese momento exacto tu cerebro tiene que tomar una decisión: colgar la camiseta en una percha, abrir el armario, buscar el sitio correcto y cerrar la puerta. O dejarla en la silla.

Y la silla gana. Siempre gana. Porque la silla no tiene pasos intermedios. La silla es inmediata. La silla no requiere abrir nada, buscar nada, ni decidir nada. Llegas, sueltas, listo.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque no es que seas un dejado. Es que tu cerebro hizo un cálculo de esfuerzo en 0,3 segundos y decidió que colgar la camiseta tenía demasiados pasos para la recompensa que ofrece. Que es ninguna. Cero. Absolutamente nada.

Piénsalo. ¿Qué ganas colgando la camiseta? Orden. ¿Y qué ganas dejándola en la silla? Exactamente lo mismo pero en 2 segundos menos. Tu cerebro no es tonto. Es eficiente. Demasiado eficiente.

No es solo la silla. Es todo lo que tiene más de un paso.

Esto es lo mismo que pasa con el escritorio que siempre acaba hecho un caos. La mesa empieza limpia el lunes y para el miércoles ya hay un ecosistema entero viviendo encima. Papeles, cables, vasos, una bolsa que no sabes de qué tienda es.

Y es el mismo mecanismo. El mismo puñetero mecanismo.

Todo lo que requiere más de un paso para completarse y no tiene consecuencia inmediata visible si no lo haces, se convierte en algo que tu cerebro ignora con una elegancia impresionante. No es pereza. Es que el sistema de prioridades de tu cerebro funciona por urgencia y recompensa inmediata, no por "esto debería estar ordenado".

Y la ropa en la silla no es urgente. Nunca lo es. Hasta que un día tienes visita y corres a esconder todo en el armario en 45 segundos. Ahí sí puedes. Ahí la urgencia es real.

La montaña que crece sola

Lo peor de la silla no es la primera camiseta. La primera camiseta es hasta aceptable. "La cuelgo luego." Vale. Bien. No pasa nada.

El problema es que la segunda camiseta ya tiene permiso. Porque si ya hay una, ¿qué más da? Y la tercera se apoya encima sin ningún remordimiento. Y los vaqueros. Y el jersey. Y de repente la silla ha desaparecido debajo de una montaña de tela que no sabes ni cuándo lavaste.

Es como una bola de nieve. Cada prenda que se queda ahí le dice a tu cerebro: "Esto ya es zona de ropa. Aquí se deja la ropa. Esto es lo que hacemos."

Y cuanto más grande es la montaña, más difícil es deshacerla. Porque ahora ya no es "colgar una camiseta". Es "organizar toda la ropa de la silla". Y eso suena a 20 minutos que no tienes. O que sí tienes, pero tu cerebro dice que no.

Es exactamente lo mismo que pasa con mantener el orden más de dos días. Ordenas todo un domingo por la tarde con energía de guerrero. El lunes sigue bien. El martes más o menos. El miércoles ya hay una camiseta en la silla.

Vuelta a empezar.

El armario tiene un problema de diseño (para tu cerebro)

Mira, no te voy a engañar. El armario tiene perchas. Las perchas requieren que metas la camiseta, ajustes, cuelgues. Eso son tres micro-decisiones que tu cerebro no quiere tomar cuando llegas cansado a casa.

Pero si pones un gancho en la pared, sin puerta, sin percha, donde literalmente tiras la ropa y se queda colgada, la cosa cambia. Porque has reducido la fricción al mínimo. Has convertido la silla en algo con la misma facilidad de uso pero en un sitio que no es la silla.

Parece una tontería, pero el truco no es tener más disciplina. Es tener menos pasos. Porque cada paso que eliminas es un paso que tu cerebro no tiene que procesar.

Yo he llegado a poner una cesta abierta al lado de la cama. Sin tapa. Sin categorías. Una cesta donde cae la ropa que me quito por la noche. ¿Es el sistema más elegante del mundo? No. ¿Funciona? Sí. Porque mi cerebro puede tirar la ropa en esa dirección sin pensar. Y eso es lo único que necesito.

No eres un desastre. Tu cerebro prioriza diferente.

Te lo digo por experiencia. He vivido con la silla-armario toda mi vida. He pensado mil veces que era un vago, un dejado, un tío que no podía hacer algo tan simple como colgar una camiseta.

Pero no es eso. Es que hay cerebros que necesitan recompensa inmediata o urgencia para activar acciones. Y colgar una camiseta no ofrece ni lo uno ni lo otro. Así que tu cerebro lo descarta. Automáticamente. Sin consultarte.

Eso es algo que le pasa a más gente de la que crees, y tiene bastante menos que ver con la voluntad de lo que piensas.

Si el sistema de prioridades de tu cerebro funciona así, no se arregla con motivación ni con disciplina. Se arregla haciendo que las cosas requieran menos esfuerzo. Menos pasos. Menos decisiones.

No es un fallo tuyo. Es un cerebro que funciona con otras reglas. Y cuando lo entiendes, dejas de pelearte con la silla y empiezas a diseñar el entorno para que la ropa llegue a algún sitio que no sea encima de los cojines.

Esto no lo digo como diagnóstico, que no me corresponde. Pero si esto te suena a tu vida entera y no solo a la ropa, quizá merezca la pena consultarlo con un profesional que sepa de lo que habla.

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Si quieres saber si tu cerebro funciona con estas reglas diferentes, hice un test de 43 preguntas que te ayuda a entender cómo va lo tuyo. Sin diagnóstico, pero con información suficiente para saber si tiene sentido dar el siguiente paso. Hacer el test TDAH.

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