Mi memoria funciona bien para tonterías y fatal para lo importante

Te acuerdas del nombre del caballo de un anime de 2004 pero no de lo que te dijeron ayer en el trabajo. No es que no prestes atención. Tu cerebro tiene otro criterio.

Te acuerdas de la alineación de la selección española del 2010. Te acuerdas del nombre completo de un personaje secundario de una serie que viste hace quince años. Te acuerdas de la letra de una canción de los noventa que no has escuchado en una década.

Pero no te acuerdas de lo que te dijo tu jefe ayer en la reunión. No te acuerdas de dónde has dejado las llaves hace diez minutos. No te acuerdas de la cita que tenías hoy a las cinco y que confirmaste esta mañana.

Y la gente te mira y te dice: "Pero si te acuerdas de esas tonterías, ¿cómo se te olvida esto?"

Buena pregunta. Y tiene una respuesta que nadie te ha dado.

¿Por qué tu cerebro recuerda lo inútil y olvida lo importante?

Tu cerebro no clasifica la información por importancia. La clasifica por impacto emocional.

La alineación del 2010 la recuerdas porque esa final te generó una emoción brutal. La canción de los noventa la recuerdas porque la escuchaste en un momento de tu vida cargado de significado. El personaje secundario lo recuerdas porque te fascinaba esa serie.

Lo que te dijo tu jefe ayer no te generó emoción. Era información plana. Necesaria, sí. Importante, sí. Pero emocionalmente neutra. Y para tu cerebro, lo emocionalmente neutro tiene la prioridad de un email de spam.

No es que tengas mala memoria. Es que tu memoria tiene su propio sistema de clasificación. Y ese sistema no coincide con lo que la sociedad considera "importante".

Es como tener una memoria selectiva que funciona perfectamente, pero con unos criterios que no elegiste tú.

La frustración del "tú es que no prestas atención"

Esto es lo que más jode. Porque la gente ve que te acuerdas de datos aleatorios y concluye que tu memoria funciona bien. Y si funciona bien, el hecho de que no te acuerdes de las cosas importantes significa que no prestas atención. Que no te importa. Que no estás comprometido.

Pero tú sabes que sí prestas atención. Al menos lo intentas. Estás en la reunión, escuchas lo que dicen, asientes, tomas alguna nota. Y al día siguiente no recuerdas ni la mitad. No es que no estuvieras ahí. Es que tu cerebro no grabó lo que estaba pasando porque no encontró suficiente estímulo para activar el registro.

Y lo peor es que no puedes explicarlo sin que suene a excusa. "Mi cerebro no graba las cosas aburridas" suena a que te estás riendo de la otra persona. Pero es exactamente lo que pasa.

He perdido el hilo de conversaciones que me importaban. He olvidado acuerdos que hice en serio. He tenido que pedir que me repitan instrucciones que ya me dieron dos veces. Y cada vez me sentía más estúpido. No porque fuera estúpido, sino porque nadie me había explicado por qué pasaba.

El contraste que confunde a todo el mundo

Lo que hace que esto sea tan difícil de explicar es el contraste.

Si tu memoria fuera mala para todo, la gente lo entendería. "Tiene mala memoria, pobre." Pero como tu memoria es espectacular para ciertas cosas, la gente asume que es buena para todo. Y cuando falla con las cosas importantes, la conclusión es que no te esfuerzas lo suficiente.

Es como si tuvieras una red de pesca con agujeros irregulares. Algunos peces se quedan. Otros se escapan. Y la gente mira la red y dice "pero si has pillado ese pez enorme, ¿cómo se te ha escapado ese pequeño?" Porque los agujeros no son uniformes. Algunos dejan pasar cosas pequeñas que deberían quedarse y retienen cosas grandes que no hacían falta.

Tu memoria funciona igual. Los datos que se quedan no siguen una lógica de utilidad. Siguen una lógica de estímulo. Y esa lógica es involuntaria.

¿Se puede hacer algo con una memoria así?

No puedes cambiar cómo tu cerebro clasifica la información. Pero puedes dejar de depender de tu memoria para las cosas importantes.

Todo lo importante por escrito. Siempre. No "cuando me acuerde de apuntarlo", sino en el momento. Reunión con el jefe: apuntes. Conversación importante con tu pareja: apuntes en el móvil después. Acuerdo con un amigo: mensaje de WhatsApp de confirmación que puedas releer.

Parece excesivo. Pero es que externalizar la memoria es la diferencia entre funcionar y no funcionar cuando tu cerebro tiene sus propios criterios de archivo.

Y otra cosa: dejar de sentirte culpable por recordar "tonterías". Esas tonterías son la prueba de que tu memoria funciona. Funciona distinto, sí. Funciona con reglas que no elegiste, también. Pero funciona. Y cuando lo aceptas, puedes construir sobre lo que tienes en vez de frustrarte por lo que te falta.

¿Por qué unos cerebros funcionan así?

Si solo te pasa de vez en cuando, probablemente es normal. Todos recordamos mejor las cosas emocionantes que las aburridas.

Pero si el contraste es extremo. Si la gente ya asume que se te van a olvidar las cosas. Si has desarrollado sistemas enteros para compensar una memoria que funciona a su aire. Si sientes que todo te cuesta más que a los demás aunque tu cerebro sea capaz de hazañas de memoria cuando le interesa algo.

Entonces no es un tema de esfuerzo. Es un tema de cómo funciona tu cerebro.

El TDAH en adultos se manifiesta así muchas veces. No es que tengas mala memoria. Es que tu sistema de dopamina decide qué merece ser recordado y qué no. Y lo hace sin pedirte permiso y sin seguir la lógica que la sociedad espera.

No estoy diagnosticando nada. Habla con un profesional si te ves reflejado. Pero al menos entiende que recordar la letra de una canción del 97 y olvidar lo que te dijo tu jefe ayer no es una contradicción. Es tu cerebro funcionando como funciona. Y entenderlo es el primer paso para dejar de sentirte roto.

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