Me bloqueo con proyectos largos aunque sepa perfectamente qué hacer
Proyectos cortos te van genial. Pero cuando algo dura tres meses, te paralizas. No es el proyecto. Es la escala temporal.
Proyectos cortos, bien. Si algo se puede hacer en un día, en una tarde, en una sentada, lo sacas adelante sin problema. A veces hasta disfrutas.
Pero dime que un proyecto dura tres meses y algo dentro de ti se apaga. Como si alguien hubiera desconectado un cable. Sabes perfectamente lo que hay que hacer. Tienes el plan. Tienes los pasos. Tienes todo. Y no puedes empezar.
No es que sea difícil. Es que es largo. Y para tu cerebro, largo es sinónimo de invisible.
¿Por qué los plazos largos te paralizan?
Pues porque tu cerebro vive en el presente. Y cuando digo presente, me refiero a ahora mismo. No mañana. No la semana que viene. Ahora.
Un proyecto de tres meses no existe para tu cerebro. No lo puede ver. No lo puede tocar. No genera ninguna emoción. Es como una montaña en la niebla: sabes que está ahí pero no puedes calcular la distancia ni el tamaño.
Y sin emoción, sin urgencia, sin algo que te active... tu cerebro simplemente no arranca. Da igual que la tarea sea clara. Da igual que sepas los pasos. Sin combustible emocional, el motor no se enciende.
Es como si te dijeran: "Tienes que correr una maratón, pero la línea de meta está tan lejos que no la ves." Tu cerebro mira al horizonte, no ve nada, y dice: "Mejor me siento aquí un rato."
El efecto "ya lo haré cuando quede menos"
Esto es clásico. Te dan el proyecto en enero. La entrega es en marzo. Y tu cerebro hace el siguiente cálculo: "Quedan tres meses. Hay tiempo."
Febrero: "Todavía queda un mes. Hay tiempo."
Primera semana de marzo: "Vale, ahora sí. Ahora hay urgencia."
Y en una semana haces el trabajo de tres meses. Malamente, corriendo, con errores, a las tres de la mañana. Pero lo haces. Porque ahora sí hay presión. Ahora sí hay una deadline que te activa la adrenalina.
El proyecto no cambió. Tu capacidad no cambió. Lo único que cambió es la distancia temporal al deadline. Y eso fue suficiente para que tu cerebro pasara de "imposible arrancar" a "modo bestia activado".
No es procrastinación. Bueno, sí lo es técnicamente. Pero no por pereza. Es porque tu cerebro no puede activarse sin urgencia real. Y la urgencia de un deadline a tres meses vista es cero.
¿Y los proyectos sin deadline?
Esos son los peores. Porque si no hay fecha límite, no hay urgencia. Y si no hay urgencia, no hay activación. Y si no hay activación, no hay proyecto.
Los proyectos personales. Las ideas que llevas meses queriendo empezar. Ese curso que quieres crear. Ese negocio que quieres montar. Ese cambio de carrera que llevas años posponiendo.
No tienen deadline. No hay nadie que te presione. Y tu cerebro los ve como algo eterno, infinito, que puede esperar para siempre. Y espera. Y espera. Y un día te das cuenta de que llevan tres años esperando.
Si sientes que no rindes aunque quieres, los proyectos largos son donde más se nota. Porque son los que más dependen de tu capacidad de automotivarte a largo plazo. Y esa capacidad es exactamente la que tu cerebro tiene averiada.
Lo que funciona: romper el tiempo
Te voy a decir lo que me funciona a mí, y no es nada revolucionario. Pero es efectivo.
Primer truco: no tengo un proyecto de tres meses. Tengo un proyecto de esta semana. Que resulta que es una parte de algo más grande. Pero yo no pienso en lo grande. Pienso en esta semana.
Segundo truco: deadlines artificiales. Me pongo fechas intermedias. Entregas parciales. Checkpoints. Cualquier cosa que me genere una mini-urgencia cada pocos días. Porque mi cerebro no funciona con "entrega en marzo". Funciona con "esto tiene que estar el viernes".
Tercer truco: rendición de cuentas. Decirle a alguien lo que voy a hacer y cuándo. Porque la presión social genera la misma activación que una deadline real. No es bonito. Pero funciona.
Parece una tontería, pero convertir un proyecto largo en muchas tareas cortas es la diferencia entre hacerlo y no hacerlo.
¿Y si esto tiene una explicación más profunda?
Mira, te lo digo claro. Si te bloqueas con proyectos largos, si necesitas urgencia para funcionar, si tu productividad depende completamente de la presión del momento y no de tu voluntad...
Hay algo que se llama TDAH. Y uno de sus síntomas principales en adultos es exactamente esto: la incapacidad de sostener el esfuerzo en tareas que no generan recompensa inmediata. Los psicólogos lo llaman "dificultad con la persistencia dirigida a metas". Yo lo llamo: no puedo hacer nada si no me corre prisa.
No soy médico. Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si llevas años bloqueándote con lo largo y sobreviviendo con lo urgente, puede que tu cerebro funcione de una forma que nadie te ha explicado.
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