Mi casa siempre es un caos y no puedo mantenerla limpia
Limpias el sábado y el lunes ya hay caos otra vez. No es dejadez. Es que tu cerebro no mantiene sistemas sin presión externa.
Limpias el sábado. El lunes hay tres vasos en el salón, ropa en la silla y correo sin abrir en la entrada. El martes ya has perdido la batalla. Cada semana. Sin excepción.
Y lo peor no es el desorden. Lo peor es que el sábado lo dejaste impecable. Fregaste, ordenaste, pasaste hasta la aspiradora por las esquinas. Te acostaste pensando "esta vez va a ser diferente". Y no. No fue diferente. Nunca es diferente.
¿Por qué limpiar la casa se siente como empujar una roca cuesta arriba?
Porque básicamente lo es.
Limpiar no es una tarea. Es un mantenimiento constante. Y los cerebros que funcionan con urgencia y novedad son muy buenos para los sprints, pero un desastre para el mantenimiento. Puedes ponerte un sábado a dejarlo todo como una patena y hacerlo con una energía brutal. Pero mantener eso el lunes, el martes, el miércoles, cuando no hay ninguna presión visible ni nadie va a venir a tu casa... tu cerebro dice "no hay nada urgente aquí" y sigue a lo suyo.
Es como intentar que un gato pasee contigo con correa. A lo mejor lo consigues una vez, pero mañana el gato va a ir donde le dé la gana.
Y tú te quedas pensando que eres un desastre. Que todo el mundo puede mantener su casa decente y tú no. Que algo falla en ti porque una cosa tan básica como recoger un vaso se convierte en una operación que no ejecutas.
No es que no te importe. Es que no genera suficiente presión.
A ver, vamos a ser honestos.
Cuando viene alguien a tu casa, limpias. Y no limpias normal. Limpias como si fuera una inspección militar. En dos horas tu casa parece un piso piloto. Productos que no sabías que tenías aparecen de la nada. Pasas un trapo por sitios que llevan meses sin ver un trapo.
O sea que poder, puedes. El problema no es la capacidad. Es que tu cerebro necesita un motivo con suficiente peso para arrancar. Y "vivir en un sitio limpio" no tiene suficiente peso. Pero "mi madre viene el domingo" sí.
Es exactamente lo mismo que pasa con el escritorio que acaba hecho un caos por mucho que lo ordenes. El espacio físico se desordena porque el sistema de mantenimiento interno no funciona sin presión externa. Da igual que sea el escritorio, la cocina o el armario. El patrón es el mismo.
El ciclo: limpiar, descontrolar, culpa, limpiar
Te lo describo porque seguro que lo reconoces.
Fase uno: saturación. La casa llega a un punto donde ya no puedes ignorar el caos. Hay cosas por todas partes, la cocina tiene platos de tres días, el suelo tiene migas que ya están formando una civilización propia.
Fase dos: arranque por urgencia. Algo dispara la limpieza. Visita, vergüenza, o simplemente que el nivel de caos supera tu umbral de tolerancia. Limpias todo de golpe. Un sprint de hora y media o dos horas donde arramplas con todo.
Fase tres: satisfacción. La casa brilla. Tú estás agotado pero contento. "Esta vez lo mantengo."
Fase cuatro: el lunes. Un vaso. Luego dos. Ropa que dejaste en la silla "solo un momento". Correo que apoyas en la entrada "hasta que lo abra". Y en 48 horas el caos ha vuelto. No porque hayas decidido dejar de mantenerlo. Sino porque cada pequeña acción de mantenimiento no tenía suficiente urgencia como para hacerla en el momento.
Y vuelta a empezar.
Esto no es muy diferente de lo que pasa cuando no puedes mantener nada ordenado más de dos días. No es que el sistema falle. Es que no hay sistema. Hay sprints seguidos de abandono.
Lo que no funciona: fuerza de voluntad y rutinas complicadas
"Hazte una rutina de limpieza." "Dedica 15 minutos al día." "Pon alarmas."
Mira, no digo que no funcione para alguien. Pero si tu cerebro no responde a tareas sin urgencia, una alarma a las 19:00 que dice "limpiar cocina" se convierte en una notificación más que ignoras. Como las 87 que ya tienes acumuladas.
Las rutinas de mantenimiento requieren exactamente lo que peor se te da: constancia sin recompensa inmediata, activación sin urgencia y decisiones repetitivas cada día. Es el motivo por el que todo te cuesta más que a los demás. No porque seas perezoso. Porque tu cerebro necesita condiciones distintas para funcionar.
Lo que sí me ayuda (sin prometer milagros)
No te voy a engañar. Mi casa no está siempre perfecta. Ni de lejos. Pero hay cosas que han reducido los ciclos de caos.
La primera: reducir lo que hay. Menos cosas significa menos cosas que desordenar. Suena obvio, pero funciona. Si solo tienes cuatro vasos, no puedes acumular ocho vasos sucios en el fregadero. Las limitaciones físicas hacen el trabajo que tu cerebro no hace.
La segunda: vincular la limpieza a algo que ya haces. No "voy a limpiar la cocina". Sino "cuando termino de cenar, friego lo de la cena". La acción se engancha a otra acción que ya tiene inercia. No es magia, pero es mejor que intentar arrancar de cero.
La tercera: aceptar que el sprint va a pasar. En vez de luchar contra el ciclo, trabajar con él. Si sabes que cada X días vas a tener un sprint de limpieza, al menos puedes minimizar la cantidad de caos que se acumula entre sprint y sprint.
No es perfecto. Pero es mejor que pasarte la vida pensando que eres un desastre porque no mantienes la casa como tus vecinos.
Y en adultos con TDAH este patrón de sprints y abandono es especialmente común. No lo digo como excusa. Lo digo porque si llevas años sintiéndote fatal por algo que tiene una explicación real, al menos saber eso quita un peso de encima. Eso sí, si esto te suena demasiado, lo que toca es hablarlo con un profesional, que yo no soy médico ni pretendo serlo.
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