Cada vez que creo un sistema lo abandono en dos semanas
Notion, Todoist, Google Calendar, libreta. Has probado todos los sistemas. Ninguno sobrevive.
Notion. Todoist. Google Calendar. Obsidian. Trello. TickTick. Una libreta Moleskine. Post-its en la pared. Un Excel con 47 columnas. Una pizarra blanca que compré "para tenerlo todo visual". Una app que se llamaba algo con "Focus" que ya ni existe.
Todos los he probado. Todos los he configurado con cariño, con dedicación, con la convicción absoluta de que este sí iba a ser el definitivo. He pasado horas, a veces días enteros, diseñando el sistema perfecto. Bases de datos, templates, dashboards, automatizaciones. Una obra de ingeniería de la productividad.
Y dos semanas después, muerto. Abandonado. Uniéndose al cementerio de sistemas que acumulo como otros acumulan sellos.
¿Por qué siempre abandono los sistemas?
Porque confundo diseñar el sistema con usarlo. Y no es lo mismo.
Diseñar un sistema es divertido. Es creativo. Es nuevo. Es un proyecto en sí mismo. Tu cerebro lo percibe como una tarea emocionante, llena de posibilidades, llena de dopamina. "Mira qué dashboard más bonito. Mira qué flujo de trabajo más elegante. Mira cuántas cosas voy a poder controlar."
Pero usar el sistema es repetitivo. Es meter datos. Es actualizar estados. Es hacer lo mismo todos los días. Y lo repetitivo, para ciertos cerebros, es como respirar debajo del agua. Puedes aguantar un rato, pero al final tu cuerpo te obliga a salir a la superficie.
Es exactamente lo mismo que pasa con los hábitos que dejan de funcionar a las dos semanas. La novedad del diseño se agota y lo que queda es la realidad gris del mantenimiento. Y el mantenimiento es donde van a morir todos tus sistemas.
El placer de crear vs. el aburrimiento de mantener
Te lo describo porque lo he vivido mil veces.
Día 1: "Este sistema va a cambiar mi vida." Configuración intensa. Horas de trabajo. Emoción máxima.
Día 3: "Funciona genial. Mira qué organizado estoy." Todavía queda novedad. El sistema es bonito y te sientes productivo solo con mirarlo.
Día 7: "Uf, tengo que actualizar el sistema." La primera queja. Actualizar ya no es divertido. Es mantenimiento.
Día 10: "Mañana actualizo todo." No actualizas. Al día siguiente, tampoco.
Día 14: "He visto una app nueva que parece increíble. Igual debería probarla." Y ahí empezó el siguiente ciclo. Otra app. Otro sistema. Otro cambio de app de productividad. Otra ilusión de que esta vez sí.
La búsqueda del sistema perfecto que no existe
El sistema perfecto es una mentira. No existe. Y no porque los sistemas sean malos, sino porque el sistema perfecto es el que usas, no el que diseñas. Y si no puedes usar ninguno más de dos semanas, no es un problema de sistemas. Es un problema de ejecución.
Y la ejecución sostenida es exactamente lo que le cuesta a tu cerebro. No por pereza. No por desorganización. Porque la ejecución sostenida requiere un nivel de dopamina estable que tu cerebro no produce cuando la tarea es repetitiva.
¿Y entonces qué hago?
Lo que a mí me funciona es tener un sistema tan simple que no necesite mantenimiento.
Nada de dashboards. Nada de bases de datos con 12 propiedades. Nada de automatizaciones complejas. Un archivo de texto con tres preguntas: ¿Qué tengo que hacer hoy? ¿Qué he hecho? ¿Qué me ha bloqueado?
¿Es primitivo? Sí. ¿Es elegante? No. ¿Lo uso? La mayoría de los días, sí. Y eso es más de lo que puedo decir de cualquier sistema complejo que he diseñado.
Porque el sistema que sobrevive no es el más bonito. Es el que tiene tan poca fricción que tu cerebro no se resiste a usarlo. Cuando la barra está en "abre un archivo de texto y escribe tres líneas", la puedes superar incluso los días que no puedes ser constante con nada.
Si llevas años saltando de sistema en sistema, quizá el problema no es encontrar el sistema correcto. Quizá es aceptar que tu cerebro no funciona con sistemas complejos y diseñar algo tan simple que sea casi imposible de abandonar. Y si eso suena a rendirse, no lo es. Es lo más inteligente que puedes hacer con un cerebro que necesita novedad para funcionar.
---
Si reconoces este patrón de crear y abandonar sistemas como algo que te pasa con todo en la vida, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar mucha claridad. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Delegar con TDAH: por qué hacerlo todo tú es una trampa
Con TDAH queremos control total sobre todo. El problema: somos los peores controlando nuestro propio cerebro. La paradoja de delegar que nadie te cuenta.
Me comparo con los demás y siempre salgo perdiendo
Te comparas con todo el mundo y siempre pierdes. No es baja autoestima sin más. Es que tu cerebro lleva años acumulando evidencia de que eres el lento del grupo.
Me concentro perfectamente en lo que no debo y fatal en lo que importa
Puedes pasarte horas mirando vídeos random pero no aguantas 10 minutos con una tarea importante. No es falta de voluntad. Esto es lo que está pasando.
Por qué me aburro en las conversaciones aunque quiera estar presente
Tu amigo habla. Tú asientes. Pero tu cerebro lleva 3 minutos en otro continente. No es que no te importe.