Procrastino viendo vídeos de productividad: la trampa perfecta

Ver vídeos de productividad mientras procrastinas no es una contradicción: es la trampa más perfecta que existe. Y tiene una explicación concreta.

Hoy tenía que terminar una cosa importante. No voy a decir cuál porque da vergüenza. Pero era importante, tenía fecha límite, y llevaba días dándole largas.

Y lo que hice fue abrirme YouTube y pasarme hora y media viendo vídeos sobre cómo ser más productivo.

Cuatro vídeos. Cuatro. Uno sobre el método GTD. Otro sobre la regla de los dos minutos. Otro sobre cómo construir una rutina matinal que "lo cambia todo". Y uno, el más demencial, sobre cómo dejar de procrastinar. Mientras procrastinaba.

No me inventé esto. Me pasó de verdad. Y a lo mejor a ti también.

¿Por qué procrastinar con vídeos de productividad es peor que procrastinar con otra cosa?

Porque con cualquier otra cosa, al menos sabes que estás procrastinando.

Si te pones a ver una serie, hay una voz en tu cabeza que dice "tío, estás perdiendo el tiempo". Esa voz molesta, pero al menos te mantiene anclado a la realidad. Sabes que lo que estás haciendo no es lo que deberías estar haciendo.

Pero con los vídeos de productividad, esa voz se calla. Porque tu cerebro te dice que esto es trabajo. Que estás mejorando. Que cuando acabes este vídeo vas a aplicar todo lo que has aprendido y vas a ser una máquina. Que esta hora no es tiempo perdido, es inversión.

O sea, que te estás engañando doblemente. No solo no estás haciendo lo que tenías que hacer. Es que encima te sientes bien por no hacerlo.

Es la trampa perfecta.

La dopamina de aprender sin hacer nada

A ver, aquí hay algo que me costó entender.

Tu cerebro no distingue entre conseguir algo de verdad y conseguir algo virtualmente. O sea, cuando ves un vídeo de productividad y piensas "qué bueno, esto lo voy a aplicar", tu cerebro suelta un chute pequeño de dopamina. Como si ya lo hubieras aplicado. Como si ya fuera tuyo.

Es lo mismo que le pasa a la gente que ve vídeos de viajes y siente como si hubiera viajado. O que ve cocinar y le entra el antojo. El cerebro reacciona a lo que imagina, no solo a lo que hace.

Y en el caso de la productividad, esto se complica. Porque aprender sobre productividad te da la sensación de que estás progresando. De que estás haciendo algo útil. De que el problema de que no produces no es tuyo, es que todavía no tienes el método correcto.

Y claro, eso significa que la solución tampoco es ponerte a trabajar. La solución es seguir buscando el método.

Un vídeo más. Un sistema más. Una app más.

Y la tarea sigue ahí, sin hacer.

El problema no es que te guste aprender

Que conste que aprender no está mal. Yo aprendo cosas constantemente. Libros, vídeos, podcasts, lo que sea. No estoy diciendo que ver vídeos de productividad sea malo por definición.

El problema es cuándo lo usas.

Hay una diferencia enorme entre buscar información para resolver un problema concreto que tienes ahora mismo, y buscar información para no tener que enfrentarte a algo que te da pereza. El primero es útil. El segundo es una huida muy bien disfrazada.

Y la diferencia la notas en cómo te sientes después.

Si buscaste información útil, tienes más claridad. Sabes qué hacer. Quizá incluso tienes más ganas de ponerte. Si estabas procrastinando disfrazado, al cerrar el vídeo te quedas igual que antes, pero ahora encima con la cabeza llena de sistemas que nunca vas a implementar.

¿Por qué te cuesta tanto empezar la tarea de verdad?

Esta es la pregunta que importa.

Porque el tema no es que seas adicto a YouTube ni que no tengas fuerza de voluntad. El tema es que arrancar una tarea tiene un coste. Un coste real. Y ese coste varía mucho según el día, según la tarea, según tu estado mental.

Algunos días empiezas sin problema. Te sientas, abres el documento, y fluye. Y piensas: "Ves, puedo hacerlo. Solo tengo que esforzarme más".

Otros días, empezar la misma tarea se siente como escalar el Everest con chanclas. Y no entiendes por qué, si ayer no costó nada.

Esa inconsistencia es lo que te descoloca. Si siempre costara, buscarías una explicación. Si nunca costara, no habría problema. Pero cuando solo eres productivo bajo presión, el patrón no tiene sentido desde fuera. Y desde dentro tampoco.

La trampa de los vídeos de productividad encaja perfectamente aquí. Porque reducen ese coste de arrancar. Ver un vídeo es fácil. Es interesante. Es estimulante. No te juzga. No te da ansiedad. Y encima parece útil.

Arrancar la tarea de verdad, en cambio, activa todo lo contrario: el miedo a hacerlo mal, la presión de que tiene que salir bien, la agotadora negociación interna de por dónde empiezo.

O sea, que no es que seas vago. Es que tu cerebro está eligiendo el camino con menos resistencia. Y YouTube se lo pone muy fácil.

El método que no te va a salvar

Lo gracioso de todo esto es que los vídeos que estás viendo para dejar de procrastinar te explican métodos que requieren exactamente lo que no tienes cuando procrastinas: la capacidad de empezar.

"Divide la tarea en trozos pequeños." Genial. ¿Y cuándo divido la tarea? ¿Antes o después del vídeo de productividad número cuatro?

"Utiliza el método Pomodoro." Perfecto. ¿Lo empiezo ahora o después de terminar este vídeo que me está explicando cómo empezar el Pomodoro?

No es sarcasmo gratuito. Es que el problema real no es falta de método. El problema real es el coste de iniciación. Y mientras no entiendas eso, puedes aprenderte todos los sistemas del mundo que vas a seguir en el mismo sitio.

Si procrastinas todo aunque sabes perfectamente lo que tienes que hacer, el problema no es información. Es gestión de la resistencia interna.

La salida más rara del mundo

La solución que más me ha funcionado es absurda. Te la digo igual.

Cuando noto que estoy a punto de abrir YouTube como forma de huida, me digo que puedo ver el vídeo después. No que no puedo verlo nunca. Que lo veo después. Después de hacer aunque sea diez minutos de la tarea.

Solo diez minutos. Sin presión de terminar. Sin juzgar el resultado. Solo empezar.

Y lo que pasa el noventa por ciento de las veces es que esos diez minutos se convierten en cuarenta. Porque el problema era arrancar, no sostener. Una vez que arrancas, el motor se pone en marcha solo.

Y el vídeo de productividad muchas veces ya no lo pongo. Porque ya no lo necesito.

Parece una tontería, pero para un cerebro que tiene problemas serios con la iniciación, la diferencia entre "ten minutos ahora y YouTube después" y "YouTube ahora y trabajo después" es la diferencia entre hacer las cosas y no hacerlas.

Si esto te suena a algo que te cuesta más que a los demás sin entender por qué, puede que no sea solo falta de disciplina.

Puede que tu cerebro funcione con reglas diferentes. Y eso tiene nombre. Y tiene solución. Pero el primer paso es entender con qué tipo de cerebro estás tratando.

Si sospecha que lo que describes va más allá de procrastinación normal, hice un test de 43 preguntas, gratis, que te da algo de contexto sobre cómo funciona tu atención. No es un diagnóstico, es un punto de partida. Puedes hacerlo aquí. Esto no sustituye la opinión de un profesional; si sospechas que puedes tener TDAH, consulta con un psicólogo o psiquiatra.

Relacionado

Sigue leyendo