Mi atención depende de lo interesante que sea algo y no puedo controlarlo

Tu cerebro no te obedece: se concentra cuando quiere, no cuando necesitas. Esto no es falta de voluntad. Es cómo funciona la atención cuando depende del interés.

Hay una tarea en mi lista desde hace tres días.

No es difícil. No es larga. No requiere conocimientos especiales. Podría hacerla en veinte minutos. Y sin embargo, cada vez que la miro, mi cerebro hace exactamente lo mismo: nada. Silencio. Un silencio muy elocuente que me dice "aquí no voy yo".

Pero luego me meto en un hilo de Twitter sobre la historia de los semáforos y me paso cuarenta y cinco minutos sin pestañear.

¿Qué pasa ahí? ¿Por qué mi atención funciona de esa manera?

¿Por qué te concentras en lo que no debes y no en lo que necesitas?

A ver, esto es algo que me costó mucho aceptar porque parece que contradice la lógica.

Lógicamente, deberías poder concentrarte en lo que decides concentrarte. Si tú mismo eliges que algo es importante, tu cerebro debería seguirte el juego. Es lo mínimo que le puedes pedir. "Oye, que tengo que hacer esto, que me interesa a mí hacerlo, que hay consecuencias reales si no lo hago."

Y tu cerebro te mira, te dice que le parece muy bien, y se va a buscar algo más interesante.

Eso es lo que pasa cuando la atención no la regulas tú. La regula el interés. Y el interés no lo eliges.

No es que seas vago. No es que te falte motivación. Es que tu sistema de atención funciona con un mecanismo que no tienes bajo tu control, y cuando algo no activa ese mecanismo, no hay fuerza de voluntad que valga.

El interés como interruptor

Imagínate que tienes un sistema eléctrico en casa, pero el interruptor principal no está en la pared. Está enterrado en algún sitio al azar y nadie te ha dicho dónde. A veces la luz se enciende sola. A veces no. Tú puedes pulsar todos los botones que quieras, pero si el interruptor no está activado, nada.

Eso es la atención cuando depende del interés.

Hay cosas que activan el interruptor sin que hagas nada. Una novedad. Un reto. Una urgencia real. Algo que todavía no has hecho. Una pregunta que te pica la curiosidad. Y cuando se activa, fluyes. Te concentras durante horas sin esfuerzo. Te olvidas de comer. Entras en ese estado en el que el tiempo desaparece.

Y luego hay cosas que no lo activan. Pueden ser importantes. Pueden ser urgentes. Pueden tener consecuencias graves si no las haces. Y aun así, el interruptor no se mueve.

Porque el interruptor no evalúa importancia. Evalúa interés. Y esos dos criterios no siempre coinciden.

El problema real no es que no te concentres. Es que tu modo de atención tiene un on y un off que no controlas tú.

Lo que pasa cuando intentas forzarlo

Ya sé lo que has probado.

Te has dicho "ahora sí, me concentro". Te has puesto temporizadores. Has eliminado distracciones. Has prometido que cuando acabes te das un premio. Has intentado encontrarle el interés artificial a algo que no lo tiene de forma natural.

Y a veces funciona. No te voy a engañar. A veces consigues arrancar y el proyecto tira adelante.

Pero hay otras veces que no funciona. Y en esas veces, te quedas ahí, delante de la pantalla, con la sensación de que algo está roto. De que tú estás roto. De que la gente normal puede hacer esto y tú no.

Y ahí está el problema.

Porque no es que estés roto. Es que a ti ciertas cosas te cuestan más que a los demás, y no por falta de voluntad, sino porque tu cerebro tiene requisitos distintos para ponerse en marcha.

Lo que falla no es tu esfuerzo. Lo que falla es la estrategia. Seguir intentando forzar la atención con fuerza de voluntad cuando la atención funciona con interés es como intentar arrancar un coche empujándolo. Puedes. Técnicamente puedes. Pero no es para lo que está diseñado.

¿Por qué algunos temas sí y otros no?

Aquí viene la parte que más desconcierta.

No es que no puedas concentrarte en nada. Puedes. La demostración es esa tarde que te quedaste leyendo sobre historia medieval durante tres horas o ese proyecto que te salió de golpe porque te enganchó desde el principio.

El patrón es este: cuando algo es nuevo, cuando tiene una capa de reto, cuando hay urgencia real, cuando todavía no lo dominas del todo, cuando hay una recompensa inmediata... la atención aparece sola.

Y cuando algo es rutinario, predecible, sin consecuencias inmediatas visibles, repetitivo... la atención desaparece.

O sea, tu cerebro no tiene un problema con concentrarse. Tiene un problema con concentrarse en cosas que no generan suficiente activación.

Eso es muy distinto. Y entender esa diferencia cambia mucho cómo te relacionas contigo mismo.

Porque la solución no es "esforzarse más". La solución es entender qué activa tu sistema de atención y diseñar tu trabajo alrededor de eso. Añadir novedad. Crear urgencia artificial. Cambiar el formato de la tarea. Hacer que parezca un reto cuando no lo es.

No siempre funciona. Pero funciona más que seguir diciéndote que eres un desastre.

El TDAH y el interés como combustible

Hay un nombre para esto.

Se llama regulación de la atención basada en el interés, y es una de las características centrales del TDAH en adultos. No la más conocida, porque cuando piensas en TDAH piensas en niños que no paran quietos, no en adultos que pueden pasarse horas con lo que les interesa y no pueden hacer una sola tarea aburrida aunque se lo juren.

Pero es real. Y si lo que te he descrito suena demasiado familiar, puede que no sea casualidad.

Concentrarte en lo que no debes cuando deberías concentrarte en lo que toca

Esto no es un diagnóstico. Soy programador con TDAH, no médico. Si sospechas que algo de esto va contigo, la única persona que puede confirmarlo es un profesional, un psicólogo o psiquiatra especializado. Lo que sí puedo decirte es que cuando yo entendí cómo funcionaba mi atención, dejé de odiarme tanto por no poder controlarla.

Y si tienes TDAH y esto que describes va más allá de la concentración, puede que te interese entender también el hiperfoco y por qué no elige. Porque la misma moneda tiene dos caras.

No puedes controlar el interés. Pero puedes diseñar alrededor de él.

Lo que no puedes hacer es elegir qué te interesa de la misma forma que no puedes elegir tener hambre. Puedes intentar convencerte. Puedes usar trucos. Pero hay un límite.

Lo que sí puedes hacer es entender cuáles son tus condiciones para que la atención aparezca. Y empezar a construir tu trabajo con esas condiciones en cuenta, en vez de luchar contra ellas.

No es la respuesta épica que querías. No te voy a decir que hay un sistema de cinco pasos que lo arregla. Pero es la respuesta honesta.

Tu atención funciona con otras reglas. Cuanto antes lo aceptes, antes dejas de perder energía peleando contra algo que no puedes controlar y empiezas a usarla en lo que sí puedes cambiar.

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