Por qué me cuesta seguir instrucciones aunque las entienda
Las entiendes perfectamente. Asientes. Y luego no las sigues. No es despiste ni mala voluntad. Tiene una explicación que cambia todo.
Las entiendes perfectamente.
No es que no las escuches. No es que no te importen. Las ves claras como el agua. Asientes. Dices "vale, sí, lo pillo". Y luego no las sigues.
Y lo peor no es que no las sigas. Lo peor es que tampoco sabes exactamente por qué.
Esto no es que seas rebelde
A ver, vamos a empezar por aquí porque sé lo que estás pensando.
"Es que soy cabezota." "Es que me cuesta acatar órdenes." "Es que tengo un problema con la autoridad."
No. O sea, puede que también. Pero eso no explica lo que ocurre cuando las instrucciones te las das tú mismo y tampoco las sigues.
Imagínate esto. Te dices la noche anterior: "Mañana me levanto, desayuno sin el móvil, empiezo con la tarea importante y no abro el email hasta las doce."
Cuatro instrucciones. Clarísimas. Tuyas.
Y a la mañana siguiente te levantas, coges el móvil antes de llegar a la cocina, abres el email antes de desayunar, y a las once ya llevas dos horas respondiendo cosas urgentísimas que en realidad no eran urgentes. Y la tarea importante sigue ahí, intacta, mirándote desde la pantalla con cara de "ya me lo imaginaba yo".
No hay nadie a quien culpar más que a ti. Y aun así no lo has hecho.
¿Eso es ser rebelde? ¿Eso es no querer? Porque yo diría que no. Yo diría que es otra cosa.
¿Por qué el cerebro ignora lo que ya sabe?
Esto es lo que no cuadra.
Que no es un problema de información. Lo sabes. Lo entiendes. Incluso lo explicas bien si alguien te pregunta. "Oye, ¿qué hay que hacer para ser productivo?" Y sueltas las cuatro instrucciones como si nada. Perfecto.
Pero saberlo y hacerlo son dos cosas que en tu cerebro no siempre se hablan.
Hay un concepto que me lleva persiguiendo desde que me diagnosticaron el TDAH. Se llama función ejecutiva. Y es básicamente el sistema de tu cerebro que convierte "sé lo que tengo que hacer" en "lo estoy haciendo". El puente entre la intención y la acción.
En muchos cerebros ese puente funciona bastante bien. Piensan lo que hay que hacer, lo hacen.
En otros cerebros, el puente tiene grietas. Saben lo que hay que hacer, lo piensan, y luego algo entre el pensamiento y la acción se pierde por el camino. No porque quieran. Sino porque el sistema que tendría que conectar esas dos cosas no siempre funciona.
Y eso no se arregla entendiéndolo mejor. Se arregla con otro tipo de ayuda.
El paso a paso que se deshace solo
Te voy a poner un ejemplo concreto porque esto en abstracto no aterriza bien.
Alguien te explica cómo hacer algo. Cuatro pasos. Sencillos. Escuchas con atención. Lo tienes claro.
Sales de ahí y te pones a hacerlo.
Primer paso, bien. Segundo paso, bien. Tercero... a ver, ¿era así o era de la otra manera? Y de repente te das cuenta de que mientras estabas en el tercer paso, tu cabeza se fue dos segundos a otra cosa, y ahora no recuerdas con seguridad si lo que ibas a hacer era lo que te dijeron o algo que tú añadiste sobre la marcha porque te pareció mejor idea.
Y claro, como no quieres cagar la jugada, lo haces como te parece que era. Y a veces aciertos. Y a veces no.
Y la persona que te dio las instrucciones piensa que no prestaste atención. O que no te importó. O que hiciste lo que te dio la gana.
Y tú sabes que no es eso. Que prestaste toda la atención que pudiste. Pero algo en el camino se cayó.
Esto es lo que pasa cuando se te va el hilo en mitad de una conversación: no es que no escuches, es que tu memoria de trabajo tiene el tamaño de una servilleta. Metes tres cosas y se cae la primera para que quepan las otras dos. Y no te das ni cuenta hasta que lo necesitas.
La lista de pasos que nunca terminas
Hay otro patrón que conozco muy bien.
Te dan instrucciones escritas. Perfecto, piensas, así no se me olvida. Las tienes delante. Y aun así, en algún punto de la lista, tu cerebro decide que ya sabe lo que viene, se adelanta, y te saltas un paso sin darte cuenta.
O peor: lees el paso, lo entiendes, y antes de ejecutarlo ya estás leyendo el siguiente. Y cuando vuelves al que tenías que hacer, ya no estás seguro de si lo hiciste o solo lo leíste.
O te quedas en el paso dos porque el paso tres te parece poco claro y en lugar de preguntar, decides esperar al momento "perfecto" para retomarlo. Y ese momento no llega nunca porque tu cabeza ya pasó a otra cosa.
O sea, no es que no quieras seguir las instrucciones. Es que el proceso de seguirlas requiere mantener cosas en la cabeza, priorizar, inhibir distracciones y arrancar sin inercia. Y todas esas cosas son exactamente las que te cuestan más que a los demás por razones que no tienen nada que ver con las ganas.
No es desobediencia. Es neurofisiología.
A ver, te digo esto y no quiero que suene a excusa. Porque no lo es.
Entender por qué te pasa algo no significa que no tengas que arreglarlo. Significa que puedes arreglarlo de verdad en vez de darte golpes en la cabeza durante otros quince años pensando que el problema es tu carácter.
La diferencia es esta: si crees que es desobediencia, la solución es "esforzarte más". Y ya sabes cómo termina eso. Te esfuerzas más, funciona dos días, y luego vuelves exactamente al mismo punto.
Si entiendes que es una dificultad real en el funcionamiento ejecutivo de tu cerebro, la solución es distinta. Externalizas las instrucciones. Las escribes en un sitio visible. Las reduces a lo mínimo. Le pides a alguien que te las recuerde. Usas sistemas en lugar de memoria.
No es trampa. Es adaptación.
Pues mira, yo llevo tiempo usando este tipo de estrategias y hay momentos en los que de repente me quedo en blanco en mitad de una tarea y no sé ni por dónde iba. Y la solución no es insistir con fuerza bruta. Es tener el sistema montado para que cuando eso pase, el contexto esté escrito en algún sitio y yo solo tenga que volver a leerlo.
Quizá tiene nombre lo que te pasa
Si esto te suena familiar y llevas años pensando que eres desorganizado, cabezota, o que simplemente "no te enteras de las cosas"...
Puede que tu cerebro funcione con unas reglas distintas. Puede que tengas TDAH. O puede que no. Pero vale la pena saberlo.
Esto no es un diagnóstico. Eso lo hace un profesional. Pero sí puedo decirte que cuando yo entendí que mi cerebro procesaba las instrucciones de una manera diferente, dejé de sentirme un idiota funcional y empecé a buscar soluciones que tenían sentido real.
Si te interesa saber por dónde van los tiros, hay una conexión curiosa entre esto y el hiperfoco: el mismo cerebro que no puede seguir cuatro instrucciones simples puede pasar seis horas seguidas en algo que le engancha sin instrucciones de nadie. No es contradicción. Es el mismo mecanismo funcionando en los dos extremos.
Si quieres un punto de partida, hice un test de 43 preguntas para entender mejor cómo funciona tu cerebro. 10 minutos, gratis. No es un diagnóstico, pero te da contexto para saber si esto que te cuento va contigo. Puedes hacerlo aquí.
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